- Nuevas parejas, hijos, deudas, cambios patrimoniales o problemas económicos pueden convertir un testamento antiguo en una fuente de conflictos.
- Según Abel Marín, abogado especializado en herencias y derecho sucesorio, la planificación debe revisarse a medida que evolucionan las circunstancias personales: “En la vida hay que hacer tantos testamentos como la vida nos vaya cambiando”.
Un testamento no debería entenderse como una decisión definitiva que se firma una vez y permanece inalterable durante décadas. La familia evoluciona, el patrimonio puede aumentar o disminuir y las necesidades de las personas cambian con el paso del tiempo. Durante la rueda de prensa de presentación de la reedición de Protege tu Herencia, el abogado y escritor Abel Marín defendió la necesidad de revisar la planificación sucesoria para que continúe respondiendo a la realidad personal, familiar y económica de quien deja su legado.
“No es lo mismo tener treinta años, cuarenta, cincuenta, sesenta u ochenta”, señaló Marín, abogado especializado en herencias y socio fundador de Marín Mateo Abogados. “Los hijos pueden ser pequeños o puede no haber hijos, puede haber obligaciones financieras o pueden aparecer deudas en algún momento”.
Un testamento redactado antes de tener descendencia, adquirir una vivienda, iniciar una nueva relación o atravesar un cambio económico importante puede dejar de reflejar las prioridades actuales de una persona. Por ello, el experto resume su recomendación en una idea: “En la vida hay que hacer tantos testamentos como la vida nos vaya cambiando”.
El patrimonio no es una foto fija
El patrimonio de una persona puede transformarse considerablemente a lo largo de los años. El dinero disponible puede convertirse en inmuebles, pueden aparecer nuevos productos financieros, venderse propiedades, adquirirse participaciones empresariales o contraerse deudas y avales.
“El patrimonio no es una foto fija. Es una foto que va cambiando, que puede ir a más o a menos”, sostiene Marín.
Estos cambios pueden alterar por completo el resultado de una planificación realizada años atrás. No es lo mismo repartir dinero disponible en una cuenta que distribuir varias viviendas con valores, ubicaciones y características distintas. Tampoco tiene las mismas consecuencias legar un patrimonio libre de cargas que uno sujeto a hipotecas, deudas o riesgos financieros.
Marín recuerda que una herencia no incluye únicamente los bienes. También deben tenerse en cuenta las obligaciones del fallecido y los riesgos que pueden acompañar al patrimonio, como los avales concedidos a familiares.
“Los avales no son una deuda, son un riesgo latente”, explica. Su impacto dependerá de si el deudor principal cumple sus obligaciones o deja de pagar los préstamos garantizados por la persona fallecida.
Los cambios familiares también exigen revisar el testamento
La evolución de la familia es otro de los motivos principales para actualizar la planificación sucesoria. El nacimiento de hijos o nietos, un divorcio, una nueva pareja o la formación de una familia reconstituida modifican las relaciones y pueden crear necesidades que no existían cuando se redactó el primer testamento.
Según Marín, hoy son mucho más habituales las segundas parejas, los hijos de relaciones anteriores y las familias en las que conviven descendientes de distintos vínculos. Estas situaciones pueden generar tensiones si el testamento continúa respondiendo a una estructura familiar del pasado.
También pueden cambiar las circunstancias de los propios herederos. Uno de los hijos puede desarrollar problemas económicos, acumular deudas o encontrarse expuesto a posibles embargos. Otro puede incorporarse al negocio familiar, asumir el cuidado habitual de los padres o necesitar una protección específica. “Cuando hay una herencia nos afecta a todos porque, de repente, todos somos socios de un patrimonio. Lo que haga tu hermano o tu hermana puede afectarte a ti, y viceversa”, advierte.
Hijos menores y personas que necesitan protección
La planificación adquiere una importancia especial cuando existen hijos menores de edad o personas con discapacidad. En estos casos, el testamento permite prever medidas dirigidas a protegerlos y expresar determinadas preferencias sobre su futuro.
Marín considera que, especialmente cuando se tienen hijos, a partir de los 45 años resulta aconsejable abordar seriamente esta cuestión, aunque insiste en que no existe una edad única aplicable a todas las personas.
“No hay una respuesta cerrada, pero sí un patrón: a mayor edad, mayor necesidad. Y, a veces, no hacerlo se convierte en una urgencia”, señala.
El experto también llama la atención sobre las parejas no casadas que compran una vivienda en común. Si no existe testamento, el reparto puede no ajustarse a lo que ambos habían dado por supuesto, especialmente si la vivienda está hipotecada o existen otros familiares con derechos sucesorios.
Para Marín, estas situaciones demuestran que planificar no consiste únicamente en decidir quién recibirá los bienes. También implica anticipar quién necesitará protección, qué obligaciones permanecerán pendientes y qué consecuencias tendrá cada decisión para el entorno familiar.
Las viviendas pueden cambiar el equilibrio del reparto
La adquisición o venta de un inmueble es otro momento adecuado para revisar el testamento. Gran parte de las herencias está compuesta por viviendas, que no siempre pueden distribuirse con la misma facilidad que el dinero.
La vivienda familiar, la casa del pueblo o el apartamento de vacaciones pueden tener valores desiguales y una carga emocional especialmente intensa. Mientras un heredero puede querer conservar una propiedad, otro puede preferir venderla o recibir su parte en efectivo.
Las dificultades aumentan cuando uno de los hijos ya vive en el inmueble, cuando la propiedad tiene limitaciones urbanísticas o cuando ninguno de los herederos dispone de recursos para compensar económicamente a los demás.
Marín resume una de las actitudes que aparecen con frecuencia durante estos procesos: “Lo que yo me quiero quedar lo valoro más barato y lo que los demás se quieren adjudicar lo valoro más caro”.
Prever estas situaciones en el testamento no garantiza que todos los familiares estén satisfechos, pero puede reducir la incertidumbre y evitar que el patrimonio permanezca bloqueado durante años por falta de consenso.
Repartir todo por igual puede trasladar el problema al futuro
Dejar todos los bienes a todos los hijos por partes iguales puede parecer la alternativa más sencilla, pero no siempre resuelve los problemas. En la práctica, puede convertir a los hermanos en copropietarios de varias viviendas y obligarlos a tomar conjuntamente decisiones sobre su uso, mantenimiento o venta.
Con el paso del tiempo, las prioridades pueden separarse. Algunos herederos dejan de utilizar una propiedad, otros acuden con mayor frecuencia y los gastos continúan acumulándose. “Pasan diez años y algunos ya no van porque no pueden, otros porque no quieren, otros van demasiado y otros se apropian del espacio. Hay gastos que pagar y esas cosas suceden”, explica Marín.
Por ello, la planificación no debería limitarse al reparto inmediato. También debe plantearse qué ocurrirá años después con las propiedades compartidas y si el sistema elegido permitirá gestionarlas sin trasladar el conflicto a la siguiente generación.
La empresa familiar requiere una revisión específica
Cuando el patrimonio incluye una empresa, los cambios profesionales de los hijos también pueden hacer necesario actualizar el testamento. Uno de ellos puede haberse incorporado al negocio y depender de él, mientras los demás han desarrollado carreras completamente ajenas a la actividad familiar.
Dividir las participaciones de una sociedad por partes iguales no siempre garantiza su continuidad. Una distribución inadecuada puede entregar capacidad de decisión a personas con intereses distintos o alterar el equilibrio necesario para mantener la empresa.
“Normalmente, lo que quiere el testador es que la empresa no cierre, que no despida, que mantenga su evolución, que crezca y, sobre todo, que su familia no se rompa por ese motivo”, afirma Marín.
La planificación debe adaptarse, por tanto, a la implicación real de cada familiar, a las necesidades del negocio y a la voluntad de quien desea garantizar su continuidad.
Hablar de la herencia antes de que exista una urgencia
Pese a su importancia, revisar el testamento sigue siendo una conversación incómoda para muchas familias. Preguntar por la existencia de este documento puede interpretarse como un interés anticipado por el patrimonio.
“Le preguntas a tu padre si ha hecho testamento y seguro que piensa: ¿Qué pasa, ya estáis esperando a que falte para repartir los bienes?”, explica Marín.
Sin embargo, evitar la conversación no elimina los problemas. Las decisiones pendientes reaparecen tras el fallecimiento, cuando los familiares deben resolverlas en un momento de mayor vulnerabilidad emocional y sin poder consultar la voluntad de quien dejó el patrimonio.
Para el abogado, anticiparse permite identificar los bienes que pueden provocar desacuerdos, proteger a quienes presentan necesidades especiales y reducir las posibilidades de que una diferencia económica termine agravando la distancia entre familiares.