Guillermo Passas Varo es abogado (ICAGR 7941) especializado en derecho tecnológico, internacional y de la Unión Europea y socio fundador del despacho PASSAS
Empezamos octubre con la noticia de que España ha consolidado el podio continental en incumplimiento de su deber de trasposición de directivas europeas. Con 11 procedimientos sancionadores abiertos ante el TJUE y 59 expedientes de la Comisión Europea, somos el país de la Unión con mayor déficit de trasposición: un 5,07%. Entretanto, lo más urgente que se reclama tanto desde Europa, desde la ONU y desde el propio gobierno es un marco regulatorio certero para la Inteligencia Artificial, y en eso España va con retraso.
El Proyecto de Ley Orgánica para el buen uso y la gobernanza de la inteligencia artificial (121/000096) lleva en el Congreso desde el 28 de mayo de este año y en trámite de enmiendas desde el 8 de junio, con ya seis prórrogas sucesivas acumuladas a fecha de 2 de octubre. Este proyecto es esencial para dotar de marco regulatorio a la autoridad nacional elegida por España para gobernar la inteligencia artificial, es decir, la AESIA. Sin dicho marco, la potestad sancionadora del regulador está completamente capada, y las obligaciones ya en vigor del Reglamento (UE) 2024/1689 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 13 de junio de 2024, por el que se establecen normas armonizadas en materia de inteligencia artificial (RIA en adelante) carecerán de mecanismos los mecanismos de enforcement necesarios para garantizar su cumplimiento.
La AESIA tiene marco legal en su Estatuto, aprobado mediante el Real Decreto 729/2023, de 22 de agosto. La potestad sancionadora se deduce del artículo 6 del Estatuto. No obstante, para su despliegue efectivo es imprescindible una norma con rango legal, tal y como declara el artículo 25.1 CE. Dicha norma con rango legal no puede ser el propio RIA, tal y como dispone su propio artículo 99, que si bien delimita la tipología y la gradación de las sanciones, se trata de una norma de remisión a ulterior desarrollo legislativo por los Estados miembros.
¿Por qué está costando tanto aprobarla?
Tal y como expliqué en mi artículo del blog de ENATIC, España ha tenido vaivenes en la adopción del régimen de excepción del artículo 5.5 RIA, ya que en un principio decidió dotar al anteproyecto de ley de un régimen para el uso de inteligencia artificial para el control biométrico. Posteriormente y tras el dictamen de la Abogacía del Estado, del Consejo de Estado y de la propia AEPD, decidió retirar el capítulo III del anteproyecto, que regulaba esta excepción, pero mantuvo el régimen sancionador.
Pero esta no es la única razón. En 2026, el Gobierno de España ha aprobado únicamente 3 leyes ordinarias (impulso de la economía social, pasarela al RETA y ampliación del cribado neonatal) y 2 leyes orgánicas (multirreincidencia y reforma de la LOREG). El resto de disposiciones con rango de ley aprobadas son decretos-ley, 27 a fecha de 2 de octubre, los dos últimos en materia de mercado del alquiler. Estos datos evidencian una capacidad legislativa limitada de la actual legislatura.
Sin embargo, España no es la excepción sino, por desgracia, la regla. De todos los países de la UE, el único que ha aprobado una ley nacional de inteligencia artificial y, por tanto, que ha cumplido con el mandato del artículo 99, entre otros, del RIA, es Italia. Ni España, ni Alemania ni Francia han aprobado sus respectivas leyes nacionales, lo cual significa que, a día de hoy, el régimen sancionador del RIA está en un limbo legal difícil de resolver. Nos encontramos con que, en aquellas conductas prohibidas que afecten a materias reguladas por otros operadores, como la AEPD, podrían promoverse sanciones vía satélite, pero lo cierto es que el régimen sancionador de la IA está provisionalmente en suspenso.
Mucho ruido y pocas nueces
En la última Asamblea General de Naciones Unidas se habló de la gobernanza global de la inteligencia artificial, de la carta de Dario Amodei y de la cumbre europea sobre gobernanza global en inteligencia artificial que se celebrará en Dublín el próximo 14 de octubre. Tanto España como otros países europeos han declarado que la regulación en materia de inteligencia artificial por parte de la Unión Europea es esencial para contrarrestar el avance de la superinteligencia anunciada por Donald Trump.
En contraste con la épica internacional, lo cierto es que los países de la Unión Europea van con retraso en la aplicación de su propio marco normativo. Existen numerosas iniciativas muy interesantes desde el plano de la política, de la comunicación o incluso del desarrollo tecnológico, pero en lo que se refiere a regulación, van con retraso. El pasado 12 de junio, España concluyó con éxito el primer Sandbox de inteligencia artificial de Europa. Apenas cuatro días antes se había calificado, con casi un año de retraso, el proyecto de ley orgánica de inteligencia artificial que, a día de hoy, sigue paralizado en el Congreso de los Diputados.
Aprueben ya la ley nacional de inteligencia artificial, señores diputados
¿Con qué autoridad vamos a dar lecciones de regulación de este fenómeno disruptivo que es la inteligencia artificial si no somos capaces de poner en orden ni nuestra propia casa? No es infrecuente escuchar a compañeros diciéndome que en la UE ya tenemos el RIA, que como es un reglamento es de aplicación directa, pero no es verdad. Para que la regulación sea verdaderamente eficaz, es imprescindible que exista un marco legal que dé respaldo a la potestad sancionadora de la IA. Sin él, la agencia no es más que un buen think tank y un centro de divulgación sobre responsabilidad y ética en el uso de la tecnología.
No tenemos la autoridad para criticar la desregulación de la IA en Europa si nuestros representantes no hacen un mínimo esfuerzo para ponerse de acuerdo en una respuesta regulatoria coherente, que proteja los derechos fundamentales y que permita que nos beneficiemos al máximo del fenómeno de la inteligencia artificial sin que ésta se termine convirtiendo en un problema. La IA puede hacer muchas cosas por nosotros, pero de momento el poder legislativo lo siguen ostentando los seres humanos, ¿o también vamos a delegar eso?