Una pasarela sin reglamento
Reflexiones desde VENIA: miles de abogados y procuradores esperan en el borde de un puente que nadie termina de construir
Mª Belén García García Secretaria General de VENIA ADVOCATORUM UNIO
Imagine a una abogada de 66 años. Lleva cuarenta en la profesión. Ha defendido a quien no tenía con qué pagar, ha hecho guardias de madrugada en el turno de oficio y ha pagado cada mes, sin fallar uno, la cuota que le exigían para poder ejercer. Hoy abre la carta de su mutualidad y lee la cifra que le espera para el resto de su vida: 340 euros al mes.
No es un caso aislado. Son miles. Abogados y procuradores que durante décadas cumplieron sus obligaciones de previsión social a través de las mutualidades profesionales legalmente reconocidas como alternativa al régimen de Seguridad Social, y que descubren, al final del camino, que aquel sistema «alternativo» les devuelve pensiones de entre 300 y 400 euros. La pensión mínima del sistema público para un jubilado sin cónyuge a cargo supera este año los 930 euros mensuales. Ellos no llegan ni a la mitad.
¿Quién vive con 300 euros? ¿Quién paga con eso un alquiler, la luz, las medicinas, la comida? Nadie. Y, sin embargo, a esto se condena a quienes han dedicado su vida a que los derechos de los demás se cumplan.
Una ley que llegó tarde y un reglamento que no llega
Durante años salimos a la calle. Llenamos plazas en Madrid y en toda España, hablamos con todos los grupos parlamentarios, explicamos una y otra vez que no pedíamos privilegios, sino lo mismo que tiene cualquier trabajador de este país: una pensión digna a cambio de una vida de trabajo y de aportaciones.
En julio, por fin, las Cortes aprobaron la Ley 2/2026, que abre una pasarela para que los mutualistas puedan trasladar al Régimen de Autónomos lo que aportaron a sus mutualidades. Fue un día de esperanza. Pero aquella ley dejó lo esencial en manos de un reglamento, y le dio al Gobierno tres meses para aprobarlo. Esos tres meses han pasado. El reglamento no está en el BOE. Las Cortes están disueltas y el 29 de noviembre hay elecciones.
Para la clase política, el calendario electoral es un paréntesis. Para un compañero de 65 años, cada mes es una pregunta sin respuesta: ¿pido ya la jubilación a la mutualidad y me conformo con esos 300 euros, sabiendo que, si empiezo a cobrar, la ley me cierra la puerta de la pasarela? ¿O aguanto sin ingresos, esperando un reglamento que nadie sabe cuándo llegará ni qué dirá? Es una elección imposible. Es elegir entre la miseria segura y la incertidumbre.
Y quienes ya cobran esas pensiones de miseria, los más mayores, los que más años aportaron, ni siquiera tienen esa duda: la ley los ha dejado fuera. Para ellos no hay pasarela. Solo la orilla.

Sindicato Venia con Belén Garcia, autora de este articulo, ha estado presentes en muchas de la manifestaciones por unas pensiones dignas (Imagen VENIA)
La angustia tiene rostro
Detrás de cada expediente hay una persona. Compañeros que siguen ejerciendo a los 70 y a los 75 años porque no pueden permitirse dejarlo. Compañeras que, tras una enfermedad, descubren que su mutualidad no les cubre lo que la Seguridad Social cubriría a cualquiera. Viudas y viudos que dependen de sus hijos. Profesionales que han sostenido durante décadas el derecho de defensa y que hoy sienten vergüenza al tener que pedir ayuda.
Y hay algo más, algo de lo que nos cuesta hablar pero que no podemos callar: en nuestra profesión ha habido compañeros que no han podido más. Personas que, ante la imposibilidad de subsistir y la sensación de abandono, han perdido la esperanza. Cada una de esas pérdidas nos duele como propia y nos interpela a todos. No son cifras. Eran colegas, amigos, padres y madres. Su memoria nos obliga a no rendirnos y a no permitir que la indiferencia institucional siga cobrándose vidas.
No es un problema de los abogados: es un problema de la sociedad
Puede que alguien piense que esto es un asunto gremial, un problema «de abogados». No lo es. Es un problema de justicia social y de dignidad, y afecta a toda la ciudadanía.
Afecta a quien necesita un abogado del turno de oficio y lo encuentra agotado, envejecido y empobrecido. Afecta a un Estado que exigió a estos profesionales cotizar donde les dijo y que hoy mira hacia otro lado cuando el resultado es la pobreza. Y afecta a la idea misma de que en España nadie que haya trabajado toda su vida debe envejecer en la miseria.
Una sociedad se mide por cómo trata a sus mayores. Y una democracia, por cómo cumple sus propias leyes. La Ley 2/2026 está en vigor. El Gobierno tiene el deber de desarrollarla, y nada le impide hacerlo antes de las elecciones. Lo que falta no es tiempo. Lo que falta es voluntad.
Lo que pedimos
Desde VENIA, sindicato de abogados y procuradores, pedimos al Gobierno que apruebe el reglamento de la pasarela antes del 29 de noviembre, sin excusas electorales.
Pedimos un reglamento que no convierta la ley en papel mojado: que valore con justicia lo que cada mutualista aportó, que no castigue a quien tuvo que pedir su prestación por pura necesidad y que no deje fuera a quienes ya cobran pensiones indignas.
Pedimos a todos los partidos que concurren a las elecciones que se comprometan públicamente, con fechas, a cerrar esta herida si llegan al Gobierno. Y pedimos a la sociedad que no mire hacia otro lado. Que escuche a sus abogados y procuradores. Que entienda que, cuando quienes defienden los derechos de todos se quedan sin los suyos, todos perdemos un poco.
Seguiremos en la calle, en los tribunales y ante las instituciones europeas que velan por los derechos sociales, el tiempo que haga falta. Se lo debemos a los que siguen esperando. Y se lo debemos, sobre todo, a los que ya no están.
La pasarela ya está en la ley. Ahora tiene que estar en el BOE.
