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  • La mayoría de las operaciones de compraventa de pymes que se tuercen no lo hacen por el precio. Lo hacen por cuestiones jurídicas que nadie revisó a tiempo y que el comprador descubre en plena negociación.

Cuando un empresario decide vender su compañía, piensa casi siempre en el precio. Es lógico: es la cifra que resume años de trabajo. Pero la experiencia de quienes acompañan estas operaciones es otra. Lo que suele frenar, rebajar o romper una venta no es el número, sino lo que aparece cuando el comprador empieza a revisar la empresa por dentro.

El primer frente es la propia estructura de la operación. No es lo mismo vender las participaciones de la sociedad que vender sus activos o una rama de actividad. Cada opción tiene consecuencias fiscales distintas para el vendedor y reparte de forma diferente los riesgos entre las partes. Decidirlo tarde, con el comprador ya sentado a la mesa, resta margen de maniobra.

El segundo son los contratos. Muchos acuerdos con clientes, proveedores, franquiciadores o arrendadores incluyen cláusulas de cambio de control que permiten resolverlos si la empresa cambia de manos. Si el contrato con el cliente principal o el alquiler del local tienen una cláusula así y nadie la ha detectado, el comprador lo hará en la due diligence y lo trasladará al precio.

El tercero son las licencias, permisos y concesiones, y el cuarto, las contingencias laborales y fiscales que la empresa arrastra sin que figuren en el balance. El quinto, y el que más se subestima, es la confidencialidad: compartir información sensible con un interesado sin un acuerdo de confidencialidad firmado y sin un filtro previo de su solvencia es una de las formas más rápidas de perder valor.

Por eso, quien se plantea vender una empresa en Madrid suele apoyarse en asesores especializados que coordinan la parte financiera, la jurídica y la búsqueda de comprador como un solo proceso. Inverpoint, con más de 500 operaciones cerradas en veinte años y una cartera de más de 3.500 compradores activos y cerca de 90 fondos, prepara la empresa antes de presentarla y solo comparte la información detallada con compradores que han demostrado solvencia y han firmado un acuerdo de confidencialidad.

Ordenar estos frentes antes de salir al mercado tiene una ventaja que va más allá de evitar sorpresas: permite negociar desde una posición de fuerza. Un vendedor que conoce los puntos débiles de su empresa puede explicarlos, acotarlos en las garantías del contrato y defender el precio. Uno que los descubre a la vez que el comprador solo puede ceder.

En Madrid, donde la demanda de empresas en funcionamiento es alta y los compradores son cada vez más profesionales, esa preparación marca la diferencia entre una operación que se cierra en meses y otra que se alarga hasta romperse. El precio importa. Pero se defiende con papeles en orden.