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Javier Casanoves es psicólogo general sanitario y ejerce la práctica clínica en su consulta online. Compagina su labor terapéutica con la divulgación, acercando la psicología y la salud mental al público desde una perspectiva rigurosa, clara y accesible

Recordar parece sencillo hasta que intentamos averiguar cómo funciona. Tendemos a imaginar la memoria como una grabación: algo ocurrió, quedó almacenado y, cuando necesitamos recuperarlo, reproducimos el archivo. El cerebro trabaja de una forma bastante más interesante y, en determinados contextos, también más problemática.

Cada recuerdo es una reconstrucción. Conservamos fragmentos de lo sucedido y, al evocarlos, intervienen conocimientos previos, expectativas, emociones y también información adquirida después. El resultado puede sentirse extraordinariamente real sin constituir una reproducción exacta de los hechos.

En un juzgado, esta diferencia importa. Una persona puede mirar al acusado, describirlo con detalle y afirmar con absoluta convicción que fue él. Esa seguridad resulta persuasiva porque solemos asociarla con precisión: quien recuerda con tanta claridad parece tener buenos motivos para estar seguro. Sin embargo, la investigación sobre memoria de testigos muestra una relación más compleja entre confianza y exactitud, especialmente cuando el recuerdo ha podido verse influido después del suceso.

Las preguntas también podrían introducir esas influencias. Preguntar "¿a qué velocidad iba el coche cuando se estrelló?" introduce un matiz distinto de una formulación más neutral. La manera de entrevistar puede orientar la atención, incorporar presuposiciones e incluso favorecer que determinados elementos terminen integrándose en el recuerdo. Algo parecido ocurre con la información posterior. Conversar con otros testigos, conocer detalles difundidos por los medios o responder repetidamente a preguntas sobre el mismo episodio puede modificar lo que posteriormente se recuerda. La persona puede relatar esa versión con plena sinceridad. Para que un testimonio sea inexacto hace falta un error de memoria, no una mentira.

Asimismo, el reconocimiento mediante fotografías merece especial cuidado. Si un testigo identifica a alguien y después recibe señales que confirman su elección, su confianza puede aumentar. Las condiciones en las que se realiza la identificación (las instrucciones recibidas, la composición de la rueda de reconocimiento o la conducta de quien la administra) resultan, por ello, relevantes.

También cuentan las condiciones originales del suceso. La distancia, la iluminación, el tiempo disponible para observar, el estrés o la presencia de elementos que captan intensamente la atención pueden afectar a la codificación del recuerdo desde el principio. La memoria reconstruye a partir del material que consiguió registrar.

Todo esto conduce a una distinción esencial en psicología del testimonio: sinceridad, seguridad y exactitud describen cosas diferentes. Alguien puede ser sincero y equivocarse. También puede sentirse completamente seguro de un recuerdo que ha ido cambiando. La investigación psicológica de la memoria aporta precisamente herramientas para reducir esos riesgos: entrevistas menos sugestivas, procedimientos de identificación cuidadosamente diseñados y registro temprano de la confianza expresada por el testigo, antes de que intervengan posibles influencias posteriores.

La memoria humana posee una enorme capacidad para dar continuidad y sentido a nuestra experiencia. Precisamente por ser reconstructiva, merece procedimientos capaces de protegerla de contaminaciones evitables. En justicia, escuchar al testigo resulta imprescindible. Comprender cómo recuerda también forma parte de escuchar bien.

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