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La inteligencia artificial se ha convertido en una herramienta habitual para redactar informes, revisar contratos, analizar datos o desarrollar código. Sin embargo, introducir información interna en estas plataformas sin comprobar sus condiciones de uso puede exponer datos estratégicos y comprometer la ventaja competitiva de una compañía. Así lo analiza el despacho CECA MAGÁN Abogados en su blog, donde advierte de los riesgos que plantea la inteligencia artificial generativa para la protección de los secretos empresariales y propone medidas para evitar fugas de información.

Qué información se considera un secreto empresarial

La Ley 1/2019, de 20 de febrero, de Secretos Empresariales, establece los requisitos para que determinada información empresarial pueda recibir protección jurídica. Debe ser secreta, tener valor comercial precisamente por su carácter confidencial y estar protegida mediante medidas razonables adoptadas por su titular.

Como explica CECA MAGÁN Abogados, la información debe poseer «valor empresarial precisamente por su carácter secreto». Esto significa que no solo están protegidas las fórmulas industriales o los conocimientos técnicos: también pueden serlo las bases de datos de clientes, las estrategias comerciales, los planes de expansión, las condiciones negociadas con proveedores, el código fuente y la información financiera.

El despacho destaca una cuestión fundamental: «la protección no nace de un registro». A diferencia de otros derechos de propiedad intelectual e industrial, la protección del secreto empresarial depende, entre otros requisitos, de que se mantenga realmente la confidencialidad. Si la compañía no adopta medidas adecuadas para preservar la información, puede debilitar su capacidad de defenderla legalmente.

El riesgo de introducir documentos internos en plataformas externas

Las herramientas de inteligencia artificial necesitan información para ofrecer resultados útiles. Por eso, los empleados pueden recurrir a ellas para resumir reuniones, corregir código, preparar propuestas comerciales o analizar expedientes, incorporando documentos internos, datos de clientes o información financiera.

El problema aparece cuando esos contenidos se envían a servicios externos sin evaluar previamente sus condiciones. Según la configuración y las políticas de cada proveedor, la información podría almacenarse, procesarse o utilizarse para mejorar los modelos. Las condiciones varían entre herramientas y modalidades de servicio, por lo que es imprescindible comprobarlas antes de introducir información sensible.

Esta exposición puede resultar especialmente perjudicial si afecta a conocimientos técnicos, negociaciones todavía abiertas o estrategias que permiten a una empresa diferenciarse de sus competidores. Además, recuperar el control sobre la información una vez compartida con terceros puede resultar complicado.

El caso de Samsung como advertencia

Uno de los ejemplos más conocidos se produjo en 2023, cuando trascendió que empleados de Samsung habían introducido información interna en ChatGPT. Entre los usos detectados figuraban la revisión de código fuente, la optimización de programas y la elaboración de resúmenes de reuniones.

El caso puso de manifiesto que incluso las compañías tecnológicas pueden enfrentarse a riesgos derivados del uso cotidiano de herramientas de IA. Una acción aparentemente inofensiva, como pedir ayuda para corregir un error informático, puede implicar compartir información que la empresa necesita mantener bajo control.

Para CECA MAGÁN Abogados, este tipo de situaciones evidencia la importancia de establecer límites claros. No basta con disponer de sistemas de ciberseguridad si los propios trabajadores pueden trasladar información estratégica a plataformas no autorizadas.

Cómo proteger los secretos empresariales frente a la IA

La solución no consiste necesariamente en prohibir toda herramienta de inteligencia artificial, sino en establecer un marco de uso seguro. El despacho recomienda integrar estos sistemas en las políticas de protección de secretos empresariales y seguridad de la información.

Entre las medidas más relevantes destacan:

  • Definir herramientas autorizadas, distinguiendo cuáles pueden utilizarse para tareas profesionales y bajo qué condiciones.

  • Prohibir la introducción de información confidencial en plataformas que no hayan sido aprobadas por la empresa.

  • Revisar contratos y acuerdos de confidencialidad, incorporando obligaciones específicas sobre el uso de inteligencia artificial.

  • Formar a los empleados para que identifiquen los datos que no deben compartir y conozcan las consecuencias de hacerlo.

  • Establecer controles y supervisión, con medidas técnicas y organizativas que permitan prevenir y detectar usos inadecuados.

Estas actuaciones también ayudan a demostrar que la compañía ha adoptado las «medidas razonables» que exige la normativa para preservar el secreto empresarial.

Innovación sin perder el control de la información

La inteligencia artificial ofrece oportunidades para mejorar la productividad, reducir tareas repetitivas y acelerar procesos, pero su utilización debe acompañarse de una gestión responsable de los riesgos.

La conclusión de CECA MAGÁN Abogados es que la confidencialidad empresarial ya no depende únicamente de controlar quién accede a los documentos, sino también de vigilar cómo se utilizan y con qué plataformas se comparten. Una política interna clara, la formación del personal y la selección de herramientas adecuadas permiten aprovechar las ventajas de la IA sin comprometer los activos estratégicos de la organización.

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