En el I Foro Tecnológico ICAM-Tirant, celebrado este jueves, en la sede colegio, los expertos convocados advirtieron que la tecnología puede agravar las diferencias entre despachos y rechaza que la IA deje sin espacio a los abogados junior: la ventaja dependerá más de la “aptitud y la actitud” que de la edad. La tecnología puede multiplicar las capacidades de los profesionales, pero no sustituir aquello que constituye el núcleo de su responsabilidad
La inteligencia artificial ya está modificando el trabajo jurídico, automatizando tareas, ampliando la capacidad de análisis y transformando la forma en que los abogados producen y prestan sus servicios. Ante una evolución que ha dejado de pertenecer al terreno de las hipótesis, el Foro Tecnológico ICAM-Tirant abrió el debate este pasado en el siguiente nivel: cómo aprovechar estas capacidades sin diluir el criterio profesional, las garantías propias del ejercicio ni generar nuevas desigualdades dentro de la profesión.
El encuentro planteó una cuestión central: cómo evolucionará el ejercicio de la abogacía ante una tecnología que cada vez puede asumir un mayor número de tareas y que, al mismo tiempo, plantea nuevos retos en materia de fiabilidad, supervisión, confidencialidad y criterio profesional.
Durante el foro, los expertos abordaron estas cuestiones desde diferentes perspectivas, poniendo el foco no solo en las capacidades actuales de la IA, sino también en cómo está cambiando el propio modelo de trabajo jurídico.
“El debate, por tanto, ya no es si la inteligencia artificial llegará a la abogacía. Ya ha llegado. La cuestión es qué vamos a hacer nosotros con ella”, ha afirmado en su intervención el decano del ICAM, Eugenio Ribón, durante la inauguración del I Foro Tecnológico del Colegio, celebrado bajo el lema El futuro de la abogacía empieza aquí y que congregó a muchos expertos en derecho digital, algunos de los cuales seguimos el debate también online por streaming.
Para Ribón, la tecnología puede multiplicar las capacidades de los profesionales, pero no sustituir aquello que constituye el núcleo de su responsabilidad. “Hay algo que no puede asumir por nosotros: el criterio profesional”, ha señalado, junto a elementos como la estrategia, la responsabilidad, la relación de confianza con el cliente, la independencia, el secreto profesional o la defensa.
La transformación, por tanto, no exige elegir entre innovación y principios profesionales, sino hacer compatibles ambos planos. “Crecer no significa renunciar a aquello que somos. Significa incorporar nuevas capacidades sin perder nuestros principios”, ha resumido el decano.
El riesgo de una nueva brecha tecnológica
Junto a la preservación de ese espacio propiamente profesional, Ribón ha situado otro desafío en el centro del debate: quién podrá beneficiarse de la transformación tecnológica y en qué condiciones.
“No podemos construir un futuro en el que solo los grandes despachos tengan acceso a las mejores herramientas, a la formación o al conocimiento necesario para utilizarlas”, ha advertido. “El abogado que ejerce individualmente y el pequeño y mediano despacho tienen que poder beneficiarse también de esta transformación”.
Precisamente sobre ese riesgo profundizó Alejandro Touriño, quien sostuvo que, lejos de reducir necesariamente las diferencias existentes, “la tecnología agrava la diferencia”.
“A mi juicio sí existe una brecha, porque creo que el que tiene capacidad económica y organizacional para poner en marcha y jugar con las herramientas, con las mejores herramientas de mercado, tiene una ventaja competitiva enorme frente al que no”, explicó.
Para Touriño, la brecha no depende únicamente de poder asumir el precio de una licencia. El verdadero salto reside también en la capacidad de transformar la organización, integrar las herramientas en los procesos de trabajo y disponer de información y conocimiento acumulado que no está igualmente al alcance de todos.
Uno de los debates centrales del foro fue la diferencia entre las herramientas de inteligencia artificial generalistas y las soluciones especializadas en el ámbito jurídico.
Junto a Touriño, el debate reunió también a Moisés Barrio, letrado del Consejo de Estado y profesor de Derecho Digital en la Universidad Carlos III de Madrid; David Hurtado, Innovation Lead en Microsoft España; Eladio Alcázar, Head of Justicia en NTT DATA IBBIOL; y Laura Barrios, subdirectora del Grupo Tirant Lo Blanch, en una mesa moderada por la periodista Verónica Sanz.
En sus intervenciones abordaron, entre otras cuestiones, el impacto de la inteligencia artificial sobre los flujos de trabajo de los despachos, la evolución de los modelos de prestación y facturación de servicios jurídicos, el valor del conocimiento y del criterio profesional frente a la automatización, los riesgos asociados a una producción documental masiva y las nuevas necesidades de formación que plantea la rápida incorporación de estas herramientas.
Moisés Barrio puso el foco en que no se puede valorar de la misma manera una herramienta generalista que una diseñada específicamente para el trabajo jurídico:
“Sí, es que hay un matiz. No tiene que ver nada la calidad de una IA generalista con una IA especializada. La diferencia es exponencial.”
La incorporación de la IA obligará también a reconsiderar la estructura tradicional de los despachos y, en particular, el papel de quienes se encuentran al comienzo de su carrera profesional. Touriño rechazó que la automatización de muchas de las tareas tradicionalmente atribuidas a estos perfiles signifique que vaya a desaparecer el espacio para los abogados junior.
En su opinión, la capacidad para beneficiarse de estas herramientas dependerá menos de la edad que de la “aptitud y de la actitud” de cada profesional ante el momento tecnológico. La combinación de tecnología y talento, defendió, permitirá ampliar las capacidades de quienes sepan incorporarla eficazmente a su trabajo.
Por su parte, Laura Barrios incidió en esta diferenciación entre la inteligencia artificial generalista y las soluciones jurídicas especializadas para señalar que la percepción de los propios profesionales comienza a reflejar una mayor valoración de las soluciones especializadas. En este punto, aportó los resultados de una encuesta realizada por Tirant junto a una consultoría especializada externa:
“No todas las IA son lo mismo. En las especializadas jamás en la vida se nos ha planteado siquiera proponer algo que no puedas validar con las citas jurisprudenciales, pero las generalistas, ¿sí? Además tenemos una encuesta que realizó Tirant junto a una consultora externa, que dice que los abogados le dan dos puntos menos de valor en los criterios jurídicos, es decir, citas, jurisprudencia, privacidad, etc. a las IAS generalistas versus las IAS especializadas. O sea, ya no es que lo digamos nosotros, es que ya lo percibe el propio abogado.”
Una tecnología para humanizar la profesión
Frente a una transformación que suele medirse en términos de productividad, automatización o eficiencia, Mabel Klimt, diputada de la Junta de Gobierno del ICAM responsable de Tecnología, puso el acento en otra de sus posibilidades: utilizar la tecnología para hacer más humano y flexible el ejercicio profesional. “Este futuro ya está aquí y efectivamente debe ser herramienta para humanizar más, si se puede, la profesión”, afirmó en el cierre de la jornada.
La tecnología, defendió, debe permitir que la tradicional exigencia de disponibilidad asociada al ejercicio de la abogacía pueda compatibilizarse mejor con otras necesidades personales y familiares. “Podría ser perfectamente un hijo enfermo o un padre mayor que necesita que le acompañe a una consulta médica”, ejemplificó antes de reivindicar que estas herramientas sirvan para “humanizar la profesión, hacerla más flexible”.
Ese proceso, añadió, tampoco dependerá exclusivamente de las empresas tecnológicas o de las instituciones. La transformación se irá construyendo a partir de las decisiones que adopten los propios profesionales sobre su forma de organizarse y ejercer, pero también sobre cómo preservar elementos esenciales como la confidencialidad de la información de sus clientes y la transparencia en el uso de las nuevas herramientas.
Klimt vinculó esa dimensión humana de la tecnología con el papel que deben desempeñar los Colegios de la Abogacía, llamados también a facilitar que estas herramientas y sus ventajas estén al alcance del conjunto de la profesión.
Esa responsabilidad institucional viene marcando la estrategia tecnológica del ICAM durante los últimos años. Desde la presentación, en 2023, de su primera hoja de ruta en materia de inteligencia artificial, el Colegio ha ido ampliando su actuación con iniciativas de formación y digitalización de despachos, una Guía de Buenas Prácticas para el Uso de la Inteligencia Artificial en la Abogacía, un Decálogo de Derechos de la Abogacía ante la Justicia Digital y el primer estudio sobre Justicia digital y abogacía.tareas repetitivas.
El cierre del foro volvió a situar la conversación en el presente. La cuestión ya no es cuándo llegará la transformación tecnológica a la profesión, sino cómo se afrontará.
En las palabras finales del encuentro se destacó que las herramientas de inteligencia artificial ya tienen una presencia significativa en las organizaciones jurídicas y que la profesión está experimentando sus efectos.
El I Foro Tecnológico ICAM – Tirant dejó así abierto un debate que afecta a la productividad, al conocimiento jurídico, a la organización de los despachos y al propio funcionamiento de la Justicia. La inteligencia artificial seguirá evolucionando, pero también lo hará la forma en la que los profesionales del Derecho decidan incorporarla a su trabajo.