Manuel Hernández Director y socio del Bufete Vilches Abogados
Que dos hermanos reciban exactamente lo mismo al fallecer uno de sus padres no es una obligación en todos los casos. El Derecho permite que un padre o una madre favorezca a uno de sus hijos en el testamento, pero esta libertad tiene unos límites.
La clave está en la llamada legítima: la parte de la herencia que la ley reserva a determinados familiares, entre ellos los hijos. Por eso, no basta con querer dejar más bienes a un hijo; hay que hacerlo respetando los derechos que corresponden al resto.
Además, no es lo mismo dejar más a un hijo mediante testamento que haberle hecho una donación importante durante la vida.
¿Los hijos tienen que recibir la misma parte de la herencia?
No necesariamente.
Cuando se aplica el Código Civil, los hijos son herederos forzosos y tienen derecho a una parte mínima de la herencia, aunque el testador quiera beneficiar especialmente a uno de ellos.
Para entender qué puede hacer un padre, hay que dividir la herencia en tres partes.
La primera es el tercio de legítima estricta. La parte que debe repartirse entre los hijos, por regla general, a partes iguales.
La segunda es el tercio de mejora. También está reservado a los hijos o descendientes, pero el padre puede utilizarlo para beneficiar a uno de ellos, a varios o repartirlo como considere oportuno entre sus descendientes.
La tercera es el tercio de libre disposición. El testador puede dejarlo a quien quiera, ya sea uno de sus hijos, otro familiar, su pareja o incluso una persona ajena a la familia.
Por tanto, sí, puede ocurrir que un hijo reciba bastante más que otro sin que exista ninguna irregularidad.
¿Cómo puede dejar más herencia a uno de sus hijos?
Una de las formas más habituales es utilizar el tercio de mejora. Por ejemplo, imaginemos que un padre tiene dos hijos y deja una herencia de 300.000 euros:
El tercio de legítima estricta sería de 100.000 euros, que tendría que repartirse entre los dos hijos: 50.000 euros para cada uno.
Otro tercio, otros 100.000 euros, podría utilizarlo para mejorar a uno de ellos. Y los últimos 100.000 euros serían de libre disposición.
Si el padre quisiera beneficiar al hijo A, podría dejarle esos 100.000 euros de mejora y, además, el tercio de libre disposición.
En ese caso, el hijo A podría recibir 250.000 euros y el hijo B 50.000 euros.
Esto es solo un ejemplo para entender el funcionamiento de los tres tercios. La distribución concreta dependerá de los bienes que formen la herencia, de las disposiciones del testamento y de las circunstancias familiares. Lo importante es que el padre no puede utilizar esta libertad para eliminar la legítima que corresponde al otro hijo.
¿Puede dejarle todo a un hijo y nada al otro?
Como regla general, no.
El hecho de que un padre tenga una relación mucho mejor con uno de sus hijos, que uno le haya cuidado durante años o que considere que uno necesita más ayuda económica no permite simplemente ignorar los derechos sucesorios del otro.
Un hijo que tenga derecho a su legítima no puede ser privado de ella por la simple voluntad del testador.
Otra cuestión diferente es la desheredación. El Código Civil permite desheredar a determinados herederos forzosos, pero únicamente cuando existe una causa prevista legalmente y se cumplen los requisitos correspondientes. Por tanto, decir en un testamento que “dejo a mi hijo X sin nada porque no quiero darle mi dinero” no es suficiente.
Además, si el hijo desheredado niega que la causa sea cierta, serán los demás herederos quienes tendrán que probarla.
¿Qué ocurre si un padre deja más a un hijo utilizando el tercio de mejora?
En principio, es perfectamente posible.
Precisamente para eso existe el tercio de mejora. El Código Civil permite al padre o a la madre disponer de esta parte a favor de uno o varios de sus hijos o descendientes.
Por ejemplo, un padre puede establecer en su testamento que el tercio de mejora corresponde íntegramente a uno de sus hijos. No necesita repartirlo entre todos.
Esta posibilidad puede utilizarse para reconocer situaciones familiares diferentes: un hijo que ha participado en el negocio familiar, otro que tiene una situación económica más complicada o simplemente la voluntad del padre de favorecer a uno de ellos.
Eso sí, la mejora debe estar correctamente configurada en el testamento y no puede utilizarse para perjudicar la legítima de los demás hijos.
¿Y qué pasa con el tercio de libre disposición?
Aquí existe todavía mayor libertad porque no está reservado a los hijos. El testador puede decidir quién lo recibe. Por eso, si quiere beneficiar a uno de sus hijos, puede utilizar no solo el tercio de mejora, sino también el tercio de libre disposición.
De esta forma, un hijo puede acabar recibiendo una parte considerablemente mayor que sus hermanos.
La diferencia es importante: mientras el tercio de mejora debe beneficiar a hijos o descendientes, el tercio de libre disposición puede atribuirse a cualquier persona.
¿Qué ocurre si el testamento no respeta la legítima de uno de los hijos?
El hecho de que exista un testamento no significa que todo lo que aparece en él sea necesariamente válido. Si un hijo recibe menos de lo que legalmente le corresponde como legítima, puede reclamar que se respete su derecho.
Esto puede ocurrir, por ejemplo, cuando el testador atribuye a otro hijo bienes por un valor tan elevado que termina perjudicando la parte mínima que corresponde al primero.
En estos casos hay que calcular correctamente el valor de la herencia, las deudas, las donaciones que deban tenerse en cuenta y las disposiciones realizadas en el testamento.
Solo después podrá determinarse si realmente existe un perjuicio para la legítima. Ante una herencia de este tipo, no es recomendable aceptar sin más el reparto propuesto por otro heredero. Conviene revisar primero cómo se ha calculado y qué bienes y operaciones se han tenido en cuenta.
¿Puede un hijo reclamar si considera que ha recibido menos de lo que le corresponde?
Sí.
Si considera que se ha perjudicado su legítima, puede reclamar que se respete la parte que le corresponde.
El procedimiento concreto dependerá de cómo se haya producido el problema. Puede ser necesario revisar el testamento, valorar los bienes, analizar las donaciones realizadas en vida y determinar si las disposiciones son compatibles con la legítima.
También puede ocurrir que el conflicto aparezca durante la propia partición de la herencia, cuando los hermanos no están de acuerdo sobre el valor de una vivienda, una empresa, unas donaciones anteriores o la forma de repartir determinados bienes.
Cuanto más complejo sea el patrimonio, más importante resulta hacer estos cálculos antes de firmar una partición o aceptar un reparto que después resulte difícil de modificar.
Cuando existen diferencias entre lo que reciben los hijos, especialmente si hay inmuebles, empresas, donaciones anteriores o desacuerdo entre los herederos, revisar la herencia antes de firmar el reparto puede evitar conflictos posteriores.