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  • La Policía despliega un fuerte operativo en la sede de la corte tras la suspensión de su cúpula por parte del sector afín al primer ministro Donald Tusk, un movimiento calificado de golpe de Estado institucional por la oposición.

Polonia vive este viernes una jornada de máxima tensión institucional y social. Un fuerte despliegue policial rodea desde primeras horas de la tarde el edificio del Tribunal Constitucional en Varsovia, tras registrarse graves incidentes y cargas en una concentración ciudadana contra la profunda crisis de autoridad que atraviesa el organismo. La gravedad de los disturbios ha obligado al presidente de la república, Karol Nawrocki, a interrumpir de manera fulminante su visita oficial a Senegal y ordenar su regreso inmediato a suelo polaco.

«En un momento así, el Presidente debe estar en Polonia», escribió Nawrocki a través de su cuenta en la plataforma X, evidenciando la profundidad de una crisis que amenaza con desestabilizar los cimientos del Estado.

Asalto a la cúpula judicial y choque de legitimidades

El origen de este estallido se remonta a la decisión adoptada por la jueza de mayor antigüedad del Tribunal Constitucional, Anna Korwin-Piotrowska —nombrada en la actual legislatura bajo el Ejecutivo de Donald Tusk—. Amparada por su posición, asumió la dirección provisional de la corte y decretó la suspensión por un plazo de un mes del presidente del tribunal, Bogdan Święczkowski, y de su vicepresidente, nombrados en 2024 y 2025 por el anterior Gobierno del partido Ley y Justicia (PiS).

La medida ha provocado un enfrentamiento frontal: mientras que el sector afín a Tusk valida la destitución, el propio Tribunal Constitucional insiste en que ambos altos cargos siguen en plenas funciones, dando lugar a un escenario de bando contra bando donde ambas facciones de magistrados se niegan recíprocamente la legitimidad.

La Comandancia de la Policía de Varsovia confirmó la detención de al menos tres personas tras saltar las vallas e intentar irrumpir en el recinto. Asimismo, aclaró que la intervención policial se activó a petición del Fiscal General y de la propia jueza Korwin-Piotrowska ante el riesgo inminente de agresiones al personal y alteración del orden público, negando que los agentes hayan tomado por la fuerza el interior de las instalaciones.

Donald Tusk defiende la medida frente a las acusaciones de quiebra democrática

Lejos de frenar la tensión, el primer ministro Donald Tusk ha salido en rotunda defensa de la intervención judicial. Tusk justificó la medida como un paso indispensable para «restaurar el Estado de derecho» en el país tras «años de ilegalidad» heredados de la etapa del PiS (2015-2023).

«No hay otro camino; aunque el proceso sea doloroso, exige una acción decidida», sentenció el jefe del Ejecutivo, responsabilizando directamente a la parálisis provocada por Święczkowski —al bloquear la Asamblea General y la incorporación de los nuevos magistrados elegidos por el Parlamento en marzo de 2026— del colapso absoluto de la corte.

Sin embargo, sectores críticos, juristas afines a la oposición y simpatizantes del PiS interpretan los acontecimientos como un auténtico golpe de Estado institucional y una injerencia del poder político en la independencia judicial, recordando que el choque actual hunde sus raíces en la disputa sobre la composición de los tribunales que polariza a Polonia desde hace una década.

Con el presidente Nawrocki volando ya de regreso a Varsovia y las calles de la capital en ebullición, el país europeo encara sus horas más críticas en el plano constitucional.