Los 28 puntos de la amenazante oferta trumpista para la paz en Ucrania
El conflicto armado en Ucrania, iniciado en febrero de 2022, ha dejado un rastro de destrucción humana y ha tensado hasta el límite los cimientos del derecho internacional. En medio de esta crisis, surge la propuesta de 28 puntos de Donald Trump, presentada en noviembre de 2025 como un borrador elaborado en secreto por diplomáticos estadounidenses. Este plan, divulgado por fuentes como la AFP y CNN, pretende imponer un alto al fuego y una reconstrucción, pero a un precio exorbitante: cesiones territoriales masivas y restricciones a la soberanía ucraniana que bordean la humillación. Como expertos en derecho, debemos cuestionar con rigor este instrumento, que prioriza una estabilidad aparente sobre la verdadera justicia, ignorando las lecciones de tratados históricos como los de Westfalia o Dayton, donde las concesiones territoriales solo perpetuaron resentimientos y debilidades. Lo anterior sugiere que, en su forma actual, el plan no es más que una victoria política para Putin, pero cabe esperar que Ucrania, con apoyo internacional, logre relajar estas exigencias draconianas para evitar una paz que equivalga a rendición.
I. Fundamentos de soberanía y no agresión
El punto 1 reafirma la soberanía ucraniana, un gesto formal que choca con el resto del documento, anclado en principios como la integridad territorial de la Carta de las Naciones Unidas, pero socavado de inmediato. El punto 2 propone un pacto de no agresión entre Rusia, Ucrania y Europa, pretendiendo resolver "todas las ambigüedades de los últimos 30 años" con una vaguedad que ignora violaciones pasadas. Esta cláusula, que evoca una reinterpretación cínica del Memorando de Budapest de 1994 —donde Ucrania cedió armas nucleares por garantías incumplidas—, parece diseñada para blanquear la agresión rusa, lo que representa un retroceso en el pacta sunt servanda. Considero que aquí se evidencia un sesgo pro-ruso, pero si Ucrania negocia con firmeza, podría exigir precisiones que equilibren el acuerdo.
El punto 3 obliga a Rusia a abstenerse de invasiones vecinas a cambio de que la Organización del Tratado del Atlántico Norte frene su expansión, un intercambio desequilibrado que revive promesas informales de 1990 y condiciona la soberanía de terceros Estados. Desde el derecho de los tratados, esto viola la libertad de asociación, forzando una aceptación bajo presión similar a los fallidos Acuerdos de Minsk de 2014 y 2015. Tal disposición fortalece a Putin al limitar la OTAN, pero Ucrania podría relajar esta exigencia insistiendo en cláusulas recíprocas que garanticen su defensa real.
II. Diálogo y garantías de seguridad
El punto 4 establece un diálogo entre Rusia y la OTAN mediado por Estados Unidos, una asimetría que cuestiona la igualdad soberana y canaliza tensiones hacia intereses washingtonianos, como en la Sociedad de Naciones de los años veinte. El punto 5 ofrece "garantías de seguridad fiables" a Ucrania, un concepto impreciso que evade las ambigüedades del artículo 5 del Tratado de la OTAN y parece insuficiente ante amenazas reales. Esta vaguedad beneficia a Putin al diluir compromisos firmes.
Más problemático es el punto 6, que capea las fuerzas ucranianas en 600.000 efectivos, una injerencia que viola el principio de no intervención de la Carta de las Naciones Unidas y recuerda las cláusulas punitivas del Tratado de Versalles de 1919, que sembraron semillas de revanchismo. El punto 7 impone cambios constitucionales en Ucrania para renunciar a la OTAN, con una cláusula similar en la Alianza, alterando el equilibrio europeo y abriendo litigios en el Tribunal Constitucional ucraniano. Ello me obliga a deducir que se trata de una neutralidad impuesta que favorece a Rusia, aunque Ucrania podría negociar límites menos restrictivos para preservar su autonomía.
Los puntos 8 y 9 prohíben tropas de la OTAN en Ucrania y desplazan aviones a Polonia, reconfigurando la disuasión bajo el artículo 4 del Tratado de Washington en detrimento de Kiev. El punto 10 establece compensaciones por garantías estadounidenses, con sanciones asimétricas que penalizan más a Ucrania, un sesgo discriminatorio que evoca tratados desiguales del siglo XX y consolida una victoria para Putin. Sin embargo, una relajación de estas cláusulas por parte de Ucrania podría equilibrar el remedio internacional.
III. Reconstrucción y reintegración económica
El punto 12 promete un fondo para reconstruir Ucrania, rehabilitando infraestructuras y recursos con financiamiento del Banco Mundial, un enfoque positivo pero dependiente de mecanismos multilaterales frágiles, como los de Irak post-2003, donde la corrupción diluyó impactos. Esta oferta parece un señuelo para concesiones mayores.
El punto 13 reintegra a Rusia en la economía global, levantando sanciones y restaurando su lugar en el Grupo de los Ocho, revisando resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sin accountability por violaciones al ius ad bellum —un regalo político a Putin. El punto 14 invierte 100.000 millones de dólares de activos rusos congelados, con Estados Unidos reteniendo el 50% de beneficios y Europa aportando igual monto, una fórmula que roza la expropiación indirecta, similar a debates posnazis, y premia a Moscú. Ucrania debería presionar para relajar estos términos, priorizando reparaciones directas sin beneficios para agresores.
IV. Mecanismos de control y compromisos nucleares
El punto 15 crea un grupo ruso-estadounidense para seguridad, excluyendo a Ucrania y Europa, lo que viola la representación equitativa en desarme y centraliza poder en manos ajenas. El punto 16 exige legislación rusa de no agresión, dependiente de su Constitución, un compromiso débil que favorece a Putin al no alterar su supremacía interna.
Los puntos 17 y 18 extienden tratados como el START I y confirman a Ucrania como no nuclear bajo el Tratado de No Proliferación, alineando con desarme global pero ignorando coerción pasada de 1994. El punto 19 reactiva Zaporiyia bajo el Organismo Internacional de la Energía Atómica, distribuyendo electricidad equitativamente, un arreglo humanitario pero insuficiente ante riesgos, como en Dimona. Estas disposiciones parecen concesiones mínimas que enmascaran victorias rusas, pero una negociación ucraniana podría fortalecer supervisiones independientes.
V. Disposiciones territoriales y humanitarias
Los puntos 20 a 24 son el epicentro de la controversia. El 20 impulsa educación para tolerancia, una medida blanda sin coercitivos, similar a campañas balcánicas post-Yugoslavia. El 21 reconoce de facto Crimea, Lugansk y Donetsk como rusos —incluso por Estados Unidos—, congela Jersón y Zaporiyia, y crea una zona de amortiguamiento, validando anexiones ilegales bajo la Resolución 3314 de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Esto altera mapas por fuerza, como en Chipre de 1974, y entrega una victoria territorial a Putin. Ucrania debe relajar estas demandas insistiendo en referendos supervisados.
El 22 prohíbe cambios territoriales por fuerza, pero expone a Ucrania a revisionismos. El 23 protege el Dniéper y grano en el mar Negro, alineado con el Convenio de la ONU sobre el Derecho del Mar. El 24 establece un comité humanitario bajo el Protocolo Adicional I a las Convenciones de Ginebra, dependiente de buena fe. Estas cláusulas, aunque útiles, no compensan las pérdidas, y una flexibilización podría priorizar retornos territoriales graduales.
VI. Procesos políticos y cierre vinculante
El punto 25 exige elecciones ucranianas en 100 días, acelerando democratización en inestabilidad, como en Libia post-Gadafi. El 26 concede amnistía total, chocando con el Estatuto de Roma y justicia transicional ruandesa, perpetuando impunidad rusa.
El 27 hace el acuerdo vinculante bajo un Consejo de Paz estadounidense, una extralimitación internacional. El 28 activa el alto al fuego inmediato. Estas disposiciones centralizan control en Washington, beneficiando a Putin indirectamente.
VII. Conclusión
En síntesis, esta oferta trumpista, desequilibrada hacia concesiones que premian la agresión, representa una victoria política para Putin en su formato original. No obstante, cabe desear esperar que Ucrania relaje estas exigencias mediante negociación, restaurando un equilibrio donde la soberanía no sea moneda de cambio por una paz precaria, evitando así una dignidad perdida, como ha advertido Zelenski.
