JUC


Mónica Estévez García

Abogada & Responsable del Departamento Jurídico de Sincro.

 

La vorágine de normativa laboral de los últimos años, más la que está encima de la mesa que podría llegar, unido a importantes cambios de doctrina del Tribunal Supremo en cuestiones especialmente sensibles como los despidos provoca, sin duda, un aumento de los conflictos laborales que se acaban, en muchos casos, judicializando como vemos diariamente en los despachos.

En los últimos tiempos los conflictos laborales entre empresa y personas trabajadoras han aumentado exponencialmente, generando relaciones laborales cada vez más complicadas, forjadas en una base de desconfianza.

  • Causas del aumento de la conflictividad

Las causas que motivan estos conflictos derivan de la inseguridad jurídica en la que nos movemos y la publicación continuada de normas y criterios contradictorios y/o sentencias dispares (por ejemplo en los despidos estando de baja por enfermedad y si deben o no ser declarados nulos y en qué casos tras la Ley 15/2022) que no hacen sino generar mayor irritabilidad, además de  proteger a la persona trabajadora, en ciertos casos, de manera inverosímil, privando a la entidad a actuar bajo el derecho y libertad de la gestión empresarial.

Ha habido un cambio de interpretación de las relaciones laborales y si bien, es coherente y justificado que la persona trabajadora tenga un velo de para intentare a la empresa en ciertos supuestos delicados y que deben ser protegidos, lo cierto es que la normativa actual y su interpretación excede en la protección e insta a las personas trabajadoras a pleitear no solo por la vulneración de sus derechos real, objetiva y acreditada, sino en supuestos donde, no habiendo realmente base o siendo dicha base discutible, se intenta conseguir ese “algo más” y se acaba presionando por como medio para  intentar evitar judicializar el conflicto.

Nos encontramos con múltiples pronunciamientos judiciales que abren la puerta a la persona trabajadora a reclamar no solo la vulneración de sus derechos, supuestos coherentes y que no deben ser escondidos, si no también una ampliación no debida de los mismos, mediante intentos de mayores indemnizaciones sobre la establecida en la legislación vigente y supuestos incoherentes e injustificados de indemnización, lo que deriva en una crispación continua por la amenaza latente de la persona trabajadora ante las decisiones de la empresa y, consecuente, cautela de las entidades en la toma de  decisiones, lo que está impidiendo no solo el flujo normal de la actividad si no el desarrollo en la libertad empresarial.

Lejos quedaron las posibles soluciones pacíficas a conflictos en el seno de la empresa, acudiendo cada vez más y con mayor afluencia a la vía administrativa y judicial y optando la empresa en muchas ocasiones, pese a no estar justificado, a abonar mayores indemnizaciones para evitar pronunciamiento judicial que pudiera ser, llegado el caso, más gravoso como consecuencia de esta sobreprotección, lo que supone, a su vez, un colapso claro de las instituciones que deben de mediar con cientos de demandas y papeletas de conciliación mensuales y que están provocando que los señalamientos de juicio se dilaten en más de 12 meses, en el mejor de los casos, en Sincro, por ejemplo, tenemos procedimiento judiciales instados por despidos de febrero de 2025 señalados para febrero de 2027 y suspensiones de juicio por razones de enfermedad de una de las partes, inicialmente citados en septiembre de 2025 y  postpuestas para julio de 2026.

Debemos abogar, en todo caso, por proteger los derechos sociales y laborales de las personas trabajadoras, pero sin que ello suponga que la empresa pierda su libertad de gestión y decisión para el desarrollo de la actividad, debiendo ponderar los intereses de las dos partes, sin olvidar que la relación laboral necesita de ambos sujetos para su funcionamiento y que un blindaje excesivo y, especialmente, poco claro en determinadas situaciones frente al despido no solo afecta a la estructura actual de la plantilla, sino que hace aumentar el miedo a futuras contrataciones.