Milans del Bosch Abogados
Santiago Milans del Bosch
Santiago Milans del Bosch es Abogado, codirector del despacho MILANS DEL BOSCH & ITL Magistrado y Fiscal, en excedencia.
Existe una forma silenciosa, pero extraordinariamente eficaz, de aproximarse al funcionamiento de la justicia: el cine. Para una gran parte de la sociedad, la primera —y en muchos casos única— imagen que se tiene de los tribunales, de los jueces o de los fiscales no procede de la experiencia directa, sino de la pantalla. Esta circunstancia no es menor. Supone que el cine no solo refleja el Derecho ante los tribunales y acaba influyendo de manera decisiva en la percepción social del ejercicio profesional ante la Administración de Justicia.
Una reciente tertulia organizada por la Asociación de Letrados de Tribunal Supremo celebrada el pasado jueves 9 de abril en CaixaForum Madrid sobre “Justicia en pantalla” puso precisamente de relieve esta idea. En ella, la referencia a la serie “Marbella”, con la presencia de su director y de la actriz que interpreta a una fiscal antidroga en ese entorno, permitió entender comoí se traslada al espectador un fenómeno tan complejo como la lucha contra el crimen organizado en la Costa del Sol. La serie no se limita a mostrar el momento del juicio, sino que pone el acento en la preparación, en la investigación y en la coordinación entre quienes intervienen.
El cine no es un espejo neutro. Todo lo que aparece en pantalla ha sido previamente seleccionado. El director decide qué se muestra y qué se omite, qué ritmo se imprime al relato y qué emociones se buscan provocar.
Un proceso judicial real suele ser largo, técnico y, en ocasiones, poco atractivo para quien no está familiarizado con él. El cine, sin embargo, condensa y selecciona: convierte semanas o meses de trabajo en escenas comprensibles y emocionalmente intensas. Esa selección configura el mensaje.
No es lo mismo un juicio presentado como enfrentamiento dramático entre partes que como un proceso racional de análisis de pruebas. Tampoco es igual mostrar a los profesionales como figuras heroicas o como operadores sometidos a reglas y límites. Una de las mayores virtudes del cine es su capacidad para explicar lo complejo sin recurrir a un lenguaje técnico.
En este contexto, resulta especialmente interesante el recurso narrativo conocido como romper la “cuarta pared”: técnica mediante la cual un personaje se dirige directamente al espectador, como si fuera consciente de estar dentro de una ficción. Con ello se rompe la barrera invisible que separa la historia del público, se evidencia el carácter narrativo de lo que se está viendo y, al mismo tiempo, se establece una conexión directa que facilita la comprensión. En el ámbito jurídico, este recurso permite explicar procedimientos, decisiones o situaciones complejas de forma clara y accesible.
Películas como 12 Angry Men permiten comprender el valor de la deliberación y la importancia de analizar las pruebas con calma. A Few Good Men muestra cómo se construye un relato dentro del juicio y cómo se desvelan contradicciones. Philadelphia acerca al espectador a la defensa de derechos en contextos de discriminación, mientras que Erin Brockovich enseña el trabajo previo de investigación, la recopilación de datos y la preparación de un caso sólido.
Estas películas, en su mayoría estadounidenses, responden a un modelo donde el juicio oral tiene un gran protagonismo. Ello contrasta con el sistema español, donde la fase previa de investigación es más extensa y menos visible, lo que explica la diferencia entre lo que el espectador espera y lo que realmente sucede.
El cine también permite comprender conflictos fuera del ámbito penal. The Social Network muestra disputas empresariales sobre ideas y proyectos. The Informant! introduce al espectador en prácticas empresariales ilícitas y en la dificultad de investigarlas. Wall Street refleja el uso de información privilegiada, mientras que A Civil Action ilustra la complejidad de los litigios frente a grandes empresas.
Estas historias amplían la comprensión del Derecho, mostrando su papel en la regulación económica y en la resolución de conflictos empresariales.
El cine español también ha ofrecido en los últimos años una mirada especialmente interesante sobre la justicia y los procesos vinculados a la corrupción y al poder.
Películas como El reino abordan con intensidad el fenómeno de la corrupción política, mostrando no solo sus consecuencias, sino también los mecanismos internos que la sostienen y las dificultades para combatirla desde el ámbito jurídico. La caja 507, por su parte, combina el thriller con la investigación de tramas corruptas, permitiendo al espectador comprender cómo se entrelazan intereses económicos, información y responsabilidad.
Asimismo, El desconocido introduce una dimensión distinta, más centrada en la tensión individual y en la toma de decisiones bajo presión, pero igualmente reveladora sobre las consecuencias de determinadas conductas y su encaje en el ámbito jurídico.
Estas producciones comparten un rasgo común: un enfoque más realista, menos centrado en el espectáculo del juicio y más en el contexto, en la investigación y en las estructuras de poder. De este modo, contribuyen a una comprensión más cercana al modelo español, en el que la preparación del caso y la fase previa tienen un peso determinante.
El cine trabaja con la ficción, incluso cuando se inspira en hechos reales. Pero esa libertad no es absoluta. La representación puede influir en la reputación de personas, en la imagen de instituciones y en la comprensión de la realidad.
Por ello, junto a la libertad creativa, debe existir una cierta responsabilidad. El cine no solo entretiene: también forma criterio.
El cine contribuye a crear una cultura jurídica accesible. Permite que la sociedad entienda, aunque sea de forma aproximada, cómo funcionan los procesos, quiénes intervienen y qué está en juego.
No sustituye al conocimiento técnico, pero lo acerca. Y en ese acercamiento reside su valor.