- La clasificación automática de documentos, la extracción de datos en textos jurídicos, la transcripción de audios y la resumización con anonimización son hoy las tareas en las que más se está utilizando la IA.
La aplicación de la IA en el ecosistema legal español ha dejado de ser un futurible para convertirse en una realidad, sin embargo, su despliegue es claramente asimétrico, condicionado por la capacidad de inversión, la estructura de datos y la urgencia por optimizar la cuenta de resultados. Así se desprende del Legal AI View 2026, realizado por los expertos de la consultora española Foqum Analytics especializada en inteligencia artificial y machine learning.
Según el análisis, basado en el trabajo realizado por Foqum con empresas y organizaciones del sector, las editoriales jurídicas presentan el mayor nivel de madurez, con una puntuación de 7 en una escala de 1 a 10, gracias a la disponibilidad de datos estructurados que han permitido integrar motores de búsqueda semántica, clasificación automatizada y sistemas avanzados de análisis jurisprudencial.
Los departamentos jurídicos corporativos y las grandes firmas de abogados alcanzan solo 4 puntos en su grado de implantación, impulsados por la presión por la eficiencia operativa y la necesidad de optimizar procesos como la revisión de los contratos, anonimización, la búsqueda y clasificación jurisprudencial avanzada y la automatización de trabajos repetitivos. La cifra se reduce notablemente en el caso de los despachos menores, en los que la adopción efectiva no llega a un punto.
La Administración Pública, por su parte, también presentan una implantación estimada de un punto. El avance es más lento debido a la exigencia de garantías extremas en protección de datos, trazabilidad y gobernanza, así como a la complejidad de los sistemas heredados, con un ritmo más lento y regulado que el sector privado.
El análisis identifica que los usos más maduros y con mayor impacto económico se concentran en la gestión y análisis automatizado de información jurídica. La clasificación documental, la extracción de cláusulas, la detección de riesgos en contratos y la revisión masiva en procesos de due diligence se consolidan como los usos más comunes.
También destacan la búsqueda semántica avanzada, que supera la lógica tradicional por palabras clave; la transcripción de audios judiciales y diarización de perfiles jurídicos; la elaboración de resúmenes de sentencias complejas y la anonimización y pseudonimización de datos sensibles para garantizar el cumplimiento normativo.
Más allá del potencial técnico, el análisis señala que los principales frenos para la adopción son estructurales, culturales y organizativos. “La abogacía es un sector tradicionalmente conservador y altamente orientado a la gestión del riesgo, lo que genera reticencias ante tecnologías percibidas como disruptivas”, explica Jacobo Pablos, CEO de Foqum.
En términos presupuestarios, la experiencia de Foqum constata que los despachos y departamentos jurídicos destinan actualmente entre un 2% y un 5% de su presupuesto tecnológico a proyectos de IA, porcentaje que se eleva al 6-8% en editoriales jurídicas y grandes corporaciones. Sin embargo, “la clave no está tanto en el volumen de inversión inicial sino en establecer unas métricas claras, medibles y en constante mejora”, revela Pablos.
La implantación es desigual
Por su parte, Mabel Klimt, socia directora de Elzaburu, diputada de la Junta de gobierno del ICAM responsable del área de innovación y coordinadora del nuevo Boletín iCAM dedicado a los retos de la IA, fruto de la alianza de esta entidad con la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España, indica que la implementación de la IA en los despachos es ya una realidad, “pero todavía muy desigual. Hay firmas que están apostando claramente por estas tecnologías y avanzando con decisión, mientras que otras siguen viéndolo como algo lejano o que no va con ellos. En ese sentido, coincido bastante con lo que apunta el informe: el sector está pasando de la fase de pruebas a una adopción más real, pero todavía lejos de ser homogénea”.
“Que esa implementación sea escasa, cree que es por varios motivos, “el primero es que, sin formación previa, no siempre es fácil entender qué es realmente la IA ni cómo aplicarla en un entorno jurídico concreto. Hay mucho tecnicismo, y eso, en ocasiones, puede generar cierta distancia con los profesionales. Además, la oferta de herramientas es enorme, lo que complica tomar decisiones sobre cuál es la mejor opción”, revela.
Al mismo tiempo cree que se suma “ que los resultados en los procesos de transformación tecnológica no siempre son inmediatos. Es verdad que hay mejoras rápidas en algunas tareas, pero cuando hablamos de cambios más estructurales, hace falta tiempo, pruebas y ajustes hasta sacarle todo el partido, con lo que la curva de mejora y del retorno de la inversión es a medio plazo. También hay una cuestión de mayores costes operativos, considerando que estas necesidades hasta hace poco no formaban parte de la estructura habitual”.
De cara al futuro cree que ese uso de la IA se va a generalizar en la abogacia de los negocios “ sobre todo normalizar. . Dejaremos de hablar de “incorporar IA” como algo excepcional. Los procesos de mejora e innovación van a ser cada vez más habituales. No será una adopción puntual, sino un proceso continuo de evolución, en el que las herramientas se irán ajustando progresivamente a las necesidades reales del despacho”.
En su opinión, si lo miramos “con algo de perspectiva, en su momento era impensable trabajar sin máquina de escribir, después lo fue el ordenador, y hoy nadie concibe trabajar sin herramientas digitales. En el futuro será difícil imaginar el ejercicio de la abogacía sin asistentes tecnológicos y soluciones de inteligencia artificial que permitan optimizar el trabajo y maximizar las capacidades de los profesionales”
Aun es incipiente
Por su parte, Santiago Mediano, presidente de Santiago Mediano Abogados y de la Sección de Robótica, Inteligencia Artificial, Realidad Virtual y Aumentada del Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid, considere que la implementación de la inteligencia artificial en los despachos de abogados se encuentra en una fase todavía incipiente, pero extraordinariamente dinámica. Hoy prácticamente cualquier abogado ha tenido algún contacto con herramientas de IA generativa, ya sea a través de asistentes generalistas o soluciones más específicas, lo que refleja un cambio cultural evidente.
“Sin embargo, ese uso es en muchos casos exploratorio, casi experimental, y todavía son pocos los despachos que han dado el salto hacia una adopción verdaderamente estratégica, con planes estructurados, inversión en tecnología legal especializada y modelos de gobernanza definidos. Esta realidad encaja con lo que muestran los estudios recientes: aunque más del 90 % de los profesionales jurídicos utiliza ya alguna herramienta de IA, la implantación real sigue siendo desigual y limitada por barreras organizativas, culturales y de inversión.”, comenta
A su juicio, “en España, además, seguimos observando ese patrón clásico en innovación: miramos a mercados más maduros como Estados Unidos o Reino Unido, donde la adopción está mucho más consolidada, y comenzamos a replicar esas tendencias con cierto desfase, aunque cada vez más corto”.
En cuanto a su evolución,” soy claramente optimista. La implementación de la IA en los despachos no solo va a crecer, sino que va a hacerlo de forma acelerada y, sobre todo, más estructurada. Estamos empezando a ver señales muy claras: la llegada de herramientas internacionales especializadas al mercado español, el desarrollo de soluciones propias en nuestro país y un creciente interés inversor en el Legaltech, indica
“A esto se suma una presión competitiva evidente: la IA ya está demostrando impactos medibles en eficiencia y rentabilidad, con ahorros de tiempo de hasta un 20 % y mejoras similares en ingresos. Esto va a generar un efecto arrastre difícil de ignorar. Lo que hoy es una ventaja competitiva pronto será un estándar mínimo”, resalta
Para este jurista “ Además, la propia naturaleza del trabajo jurídico, intensivo en información, documentación y análisis, hace que la IA encaje de forma natural como herramienta de apoyo. Por tanto, pasaremos de un uso curioso o puntual a una integración profunda en los procesos del despacho, desde la gestión del conocimiento hasta la relación con el cliente. Eso sí, esta evolución no será homogénea: veremos despachos que lideran claramente este cambio y otros que corren el riesgo de quedarse atrás”.
Sobre cómo implementarla Ia IA en las firmas jurídicas, Mediano resalta que “el principal consejo para una buena implementación es claro: no se trata de adoptar tecnología, sino de hacerlo con criterio. La IA no puede incorporarse de manera improvisada o desordenada. Es imprescindible definir un plan estratégico, identificar casos de uso concretos y seleccionar herramientas adecuadas, preferiblemente especializadas en el ámbito jurídico.”
“Pero igual de importante es construir un modelo de gobernanza sólido: establecer políticas internas, códigos de uso y mecanismos de supervisión. La formación juega aquí un papel absolutamente crítico. Los profesionales deben entender cómo funciona la IA, cuáles son sus limitaciones, incluyendo fenómenos como las alucinaciones, y cómo integrarla de forma responsable en su práctica diaria.”
En su opinión,” sin esa capacitación, el riesgo de mal uso es real, como ya hemos visto en numerosos casos en otros mercados más avanzados. En definitiva, la clave está en adoptar la IA sin miedo, pero también sin ingenuidad: con ambición, sí, pero siempre desde el conocimiento, la responsabilidad y el control humano”.