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Carmen Varela Alvarez, socia directora de Carmen Varela Abogados de Familia

El próximo 16 de octubre empieza la primera promoción del Método CVA, iniciativa que ya expliqué en esta entrevista.

Y cuando pensé cómo debía ser este primer módulo tuve bastante claro que no quería empezar hablando de demandas, de interrogatorios ni de técnicas procesales.

Quería empezar por lo que para mí es realmente el principio de cualquier asunto: aprender a leer un caso.

Después de tantos años ejerciendo Derecho de Familia he visto asuntos muy bien llevados jurídicamente que, sin embargo, partían de una estrategia equivocada. Y cuando eso ocurre, muchas veces ya llegamos tarde.

Porque un asunto no empieza cuando presentamos una demanda.

Empieza mucho antes.

Empieza cuando el cliente entra por primera vez en nuestro despacho y tenemos que ser capaces de entender qué está pasando, qué quiere conseguir, qué puede conseguir realmente y qué tenemos que hacer —o no hacer— para llegar hasta allí.

Eso es lo que vamos a trabajar en este primer módulo.

Lo primero: escuchar. Pero saber qué estamos escuchando

Los clientes de familia llegan con una historia. A veces con años de historia.

Nos cuentan qué ha sucedido, qué les ha dicho su pareja, qué ocurrió con sus hijos, qué mensajes tienen, qué les parece injusto y qué quieren hacer.

Y nosotros tenemos que hacer algo bastante más difícil que escuchar: tenemos que saber detectar qué es importante jurídicamente y qué no lo es.

Qué pregunta falta.

Qué documento necesitamos.

Qué hecho aparentemente secundario puede acabar siendo fundamental.

Qué afirmación del cliente tenemos que comprobar.

Y también cuándo tenemos que decirle algo que quizá no quiere escuchar.

Porque nuestra función no es darle la razón al cliente. Nuestra función es defenderlo bien.

Antes de decidir qué hacemos, tenemos que saber dónde estamos

En el Método CVA trabajaremos cómo hago yo el diagnóstico inicial de un asunto.

Qué miro primero. Qué preguntas hago. Qué documentación pido. Cómo ordeno la información. Cómo construyo una cronología y cómo empiezo a detectar fortalezas y debilidades.

Y, sobre todo, algo que considero fundamental: los riesgos.

Siempre digo que un abogado tiene que intentar ver el problema que todavía no ha ocurrido.

¿Qué puede hacer la otra parte?

¿Qué pasará si enviamos este correo?

¿Qué consecuencias puede tener presentar ahora esta demanda?

¿Tenemos realmente prueba de aquello que afirma nuestro cliente?

¿Estamos abriendo una puerta que después no podremos cerrar?

La estrategia empieza precisamente ahí.

No todo lo que podemos hacer debemos hacerlo

Esta es probablemente una de las cosas que más he aprendido con los años.

El Derecho nos ofrece muchas posibilidades procesales. Pero que podamos hacer algo no significa necesariamente que debamos hacerlo.

Hay que saber cuándo demandar, cuándo negociar, cuándo esperar, cuándo requerir, cuándo pedir una medida urgente y cuándo es mejor no mover ficha todavía.

Y eso no lo decide un formulario ni, por supuesto, la inteligencia artificial.

Lo decide el criterio profesional.

Ese criterio se adquiere con experiencia, pero también se puede enseñar a razonar. Y eso es precisamente lo que quiero transmitir en el Método CVA.

También vamos a hablar de negociación

Porque una parte enorme de nuestro trabajo sucede fuera del juzgado.

Pero negociar no consiste en mandar propuestas hasta que alguien dice que sí.

Antes de negociar tenemos que saber qué queremos conseguir, hasta dónde podemos llegar, qué podemos ceder y qué no, qué información tenemos y qué información tiene la otra parte.

Y también tenemos que saber cuándo una negociación ha dejado de ser útil y ha llegado el momento de litigar.

Un mal acuerdo puede ser tan perjudicial para un cliente como una mala sentencia.

Y hablaremos de clientes. Mucho.

Porque esta profesión no consiste únicamente en gestionar expedientes. Trabajamos con personas que muchas veces están atravesando uno de los momentos más difíciles de su vida.

Eso exige empatía, pero también límites.

Hablaremos de expectativas, de clientes difíciles, de cómo explicar que algo no es posible, de cómo evitar prometer resultados y también de algo que a mí me parece importantísimo y que pocas veces nos enseñan:

saber cuándo no debemos aceptar un asunto.

No todos los clientes son para todos los despachos y no todos los asuntos debemos asumirlos.

Aprender a decir que no también forma parte de ejercer bien.

Trabajaremos con casos reales

No quiero que el Método CVA sea una sucesión de diapositivas.

Quiero que trabajemos.

Vamos a coger casos, analizarlos y tomar decisiones.

¿Qué preguntarías?

¿Qué pedirías al cliente?

¿Qué te preocupa?

¿Qué prueba buscarías?

¿Negociarías o demandarías?

¿Qué harías primero?

¿Y qué crees que hará la otra parte cuando tú lo hagas?

Porque es ahí, cuando tenemos que decidir, cuando realmente aprendemos.

Después podremos hablar de prueba, interrogatorios, periciales, litigación, clientes, honorarios, organización del despacho, equipos, protocolos, rentabilidad e inteligencia artificial.

Pero antes de todo eso hay algo imprescindible:

tener método.

Eso es lo que quiero transmitir el próximo 16 de octubre.

No cómo ejerzo yo para que otros hagan exactamente lo mismo.

Sino todo aquello que he aprendido durante más de tres décadas ejerciendo Derecho de Familia —también de mis errores— para que cada abogado pueda construir su propia forma de ejercer con más criterio, más estrategia y más seguridad.

Porque esa es, precisamente, la idea con la que nace el Método CVA:

No enseñamos Derecho de Familia.
Enseñamos un método para ejercerlo.