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Por Patricia Frade Ortea.  Analista y desarrolladora de negocio TIC.  Vocal de Relaciones institucionales de la Comisión joven de ENATIC

 

Del uso de la inteligencia artificial en el despacho al rigor que exige presentar un escrito ante los Tribunales.

Antes de presentar un escrito elaborado con ayuda o soporte de inteligencia artificial, los abogados debemos poder responder a una pregunta: ¿hemos comprobado y podemos sostener lo que vamos a firmar?

Me preocupa que la facilidad para obtener un texto bien redactado con inteligencia artificial nos lleve a dar por terminado un trabajo que todavía necesita revisión. Esa supervisión alcanza a los hechos que exponemos, las resoluciones que citamos, los argumentos que defendemos y las peticiones que formulamos. Incorporar una respuesta de IA a una demanda, una contestación o un recurso exige comprobar su fundamento y su adecuación al asunto.

Esta cuestión ocupará un lugar central en la formación sobre AI Act y buenas prácticas que impartiré el próximo 29 de septiembre con Prudencia.ai. Quiero que los abogados encuentren criterios para decidir cómo utilizar estas herramientas y qué revisar antes de incorporar sus resultados al ejercicio profesional.

La elección de una herramienta, la confidencialidad y el tratamiento de la información son cuestiones esenciales dentro del despacho. Pero nuestro trabajo continúa hasta incluso su presentación ante los Tribunales. Es en ese paso donde considero que debemos detenernos más.

Un error que permanece en un borrador puede corregirse durante su preparación. Cuando llega a un procedimiento, puede comprometer un argumento de defensa, obligar a la parte contraria a rebatir una afirmación sin respaldo o dificultar el examen de lo que realmente se discute. El uso que hacemos de la IA tiene, por tanto, efectos tanto sobre el cliente como sobre el trabajo de quienes intervienen en la Administración de Justicia.

Por eso, al valorar el tiempo que ahorramos al redactar, debemos incluir el que necesitamos para verificar. La rapidez pierde valor si dejamos pasar errores que una revisión adecuada habría permitido detectar.

Al firmar, debemos estar en condiciones de explicar y defender el contenido del escrito.

Para mí, esa exigencia se traduce en comprobaciones concretas. Si citamos una resolución, necesitamos verificar que existe, que hemos recogido correctamente su contenido y que sirve para apoyar nuestro argumento. Comprobar su existencia es solo el primer paso: podemos haber interpretado mal una sentencia o estar utilizándola para un supuesto distinto del que tenemos encima de la mesa.

Con los hechos sucede algo parecido. Debemos volver a los documentos del expediente y comprobar si el texto introduce afirmaciones que no constan, altera algún

Datos de la formación de Prudencia.ai  Fecha: martes, 29 de septiembre de 2026.  Hora: 18:00h Formato: online
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