Conferencia Internacional del Trabajo de la OIT 2026: nuevo Convenio internacional sobre el trabajo decente en la economía de plataformas
Por Félix Peinado Castillo. Director de la Oficina de la OIT en España.
La 114.ª Conferencia Internacional del Trabajo (CIT), celebrada en Ginebra entre los días 1 y el 12 de junio de 2026, pasará a la historia como una de las reuniones más relevantes de la OIT en los últimos. En un contexto marcado por el creciente cuestionamiento del multilateralismo, los mandantes de la OIT han acreditado la incuestionable utilidad de la organización de la mejor forma que pueden hacerlo: dando ejemplo, mediante el acuerdo, de que su trabajo es relevante y útil para la gobernanza del trabajo en el mundo.
Entre los grandes cambios en el trabajo, la expansión de la inteligencia artificial, la digitalización acelerada de la economía y la fragmentación de las relaciones laborales, se constituyen como parte significativa de los retos a afrontar. El llamado “parlamento mundial del trabajo” ha enviado un mensaje claro: la innovación tecnológica no puede desarrollarse al margen de los derechos laborales.
Para quienes observamos la evolución del Derecho del Trabajo desde España, la principal conclusión de esta CIT es que la regulación internacional vuelve a tomar la iniciativa frente a los cambios tecnológicos. Durante años, las plataformas digitales han crecido en muchos países más rápido que las normas. La CIT de 2026 ha comenzado a corregir ese desequilibrio.
El resultado más destacado de la Conferencia ha sido, sin duda, la adopción del nuevo Convenio sobre el trabajo decente en la economía de plataformas, el Convenio nº 193 de la OIT. Se trata de la primera norma global del trabajo específicamente dedicada a este fenómeno. La propia OIT ha calificado esta adopción como un avance histórico para responder a los desafíos de un mundo laboral en rápida transformación.
La importancia de este convenio trasciende ampliamente el ámbito más obvio de los repartidores o conductores de plataformas. La economía digital ya abarca actividades tan diversas como la programación, la traducción, el diseño, los cuidados, la gestión de datos o los servicios profesionales remotos, entre otros. Millones de personas trabajadoras desarrollan hoy su actividad bajo sistemas de gestión algorítmica que determinan horarios, ingresos, evaluaciones o incluso la continuidad de la relación de trabajo. Y es susceptible de ampliarse progresivamente a más categorías de trabajadores.
La nueva norma internacional reconoce que, junto a los claros avances que las plataformas representan, como el acceso a fuentes de ingresos adicionales o la flexibilidad de jornada, entre otros, estos fenómenos presentan desafíos que requieren de regulación específica.
Un convenio relevante
Desde una perspectiva española, la adopción de este convenio resulta especialmente relevante. España fue pionera con la denominada “Ley Rider”, que tuvo además la ventaja de ser objeto de acuerdo tripartito entre el Gobierno, las centrales sindicales y las organizaciones empresariales. A resultas de esa experiencia, España ha desempeñado un papel activo en los debates europeos sobre trabajo en plataformas. La CIT 2026 confirma que estas cuestiones, que España afrontó en 2021, se han convertido en preocupaciones globales.
Un segundo elemento fundamental ha sido la consolidación de la gestión algorítmica y de la inteligencia artificial como una cuestión central del diálogo social internacional. A lo largo de las discusiones de la Conferencia, sindicatos, gobiernos y organizaciones empresariales coincidieron en que el futuro del trabajo no estará determinado exclusivamente por la tecnología, sino por las reglas que la acompañen. La exigencia de transparencia en los sistemas algorítmicos y la necesidad de garantizar la participación de los trabajadores en las decisiones tecnológicas aparecieron reiteradamente en los debates.
La Conferencia también dedicó una atención prioritaria al fortalecimiento del diálogo social y del tripartismo. No es una cuestión menor. En una época caracterizada por la polarización política y la desintermediación institucional, la OIT sigue reivindicando un modelo de desarrollo basado en la negociación entre gobiernos, empleadores y trabajadores.
Para España, donde el diálogo social ha desempeñado un papel decisivo en la última reforma laboral o durante la pandemia por COVID-19, por citar algunos ejemplos, la experiencia de la CIT vuelve a demostrar que los acuerdos duraderos requieren instituciones sólidas y capacidad de negociación. La alternativa suele generar menos estabilidad y peores resultados.
España ha recogido, en materia de diálogo social, las recomendaciones que le ha brindado la Comisión de Aplicación de Normas de este año, que ha analizado la aplicación del Convenio nº 144 de la OIT, para garantizar que las consultas sobre las cuestiones contempladas en el Convenio sean oportunas, efectivas y significativas.
Mecanismos de supervisión internacional necesarios
La referida Comisión de Aplicación de Normas (CAN) volvió a desempeñar un papel esencial como mecanismo de supervisión internacional. Los informes presentados durante la Conferencia muestran avances en algunos países, pero también evidencian déficits persistentes en materias fundamentales como la libertad sindical, la negociación colectiva, el trabajo forzoso, el trabajo infantil y la igualdad de trato. La Comisión conmemoró este año el centenario de su creación y junto con la Comisión de Expertos en Aplicación de Convenios y Recomendaciones (CEACR), se ha convertido en herramienta clave para el control de la OIT durante todo un siglo.
Otro de los grandes ejes de la Conferencia ha sido la igualdad de género en el trabajo. La OIT incluyó entre las prioridades de esta edición un programa transformador para la igualdad de género en el trabajo. En sus conclusiones, la Conferencia ha reafirmado que no habrá trabajo decente ni crecimiento inclusivo mientras persistan las brechas de género en el empleo, los salarios, los cuidados, el acceso a la tecnología y la toma de decisiones económicas.
En materia de regulación del trabajo decente en la economía de plataformas no estamos ni mucho menos ante el final del camino. Como toda norma internacional, el verdadero éxito del nuevo convenio dependerá de su ratificación y aplicación por los Estados miembros. Pero el paso dado en Ginebra es significativo porque establece un marco común de referencia para los próximos años.
El director general de la OIT, Gilbert F. Houngbo, que destacó en su informe el papel de la Inteligencia Artificial y la importancia de situar a las personas en el centro de la revolución digital, reconoció el trabajo de los mandantes para alcanzar este acuerdo y significó la importancia de seguir estrechamente los cambios en esta materia, destacando el papel llamado a desempeñar por el Observatorio de la IA y el Trabajo en la Economía Digital de la OIT.
La delegación tripartita española, formada por el Gobierno, las organizaciones empresariales y sindicales más representativas, que se desplazó a Ginebra para participar en la Conferencia, incidió en la necesidad de avanzar en este camino y continuar fortaleciendo las normas, las políticas y las instituciones laborales.
La Conferencia Internacional del Trabajo nos ha mostrado una vez más cómo, a través del diálogo social, podemos afrontar los cambios y los importantes desafíos que enfrenta el mundo del trabajo.
