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En este análisis la experta en derecho de consumo Silvia Pardo analiza la medida del Ministerio de Consumo de bloquear dos plataformas predictivas (OCU)

Silvia Pardo Prado Abogada, Mediadora, Arbitro. Presidenta de la Sección de Derecho de Consumo de Icab y Profesora colaboradora UOC.

 

Las plataformas de mercados predictivos como Polymarket y Kalshi han irrumpido con fuerza en el panorama digital internacional, generando un intenso debate jurídico, económico y ético. Aunque sus promotores las presentan como herramientas de predicción colectiva y análisis de probabilidades, lo cierto es que su funcionamiento plantea importantes interrogantes relacionados con el juego de azar, la regulación financiera, la protección de los consumidores, la posible manipulación de la opinión pública y el eventual aprovechamiento de información privilegiada con fines lucrativos en relación con los resultados objeto de predicción.

   
  Silvia Pardo Prado  
     

La actualidad jurídica de estas plataformas ha adquirido además una especial relevancia en España tras la reciente actuación del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, que ha acordado el bloqueo de acceso a estas dos plataformas predictivas por presunta operativa sin licencia administrativa en materia de juego, siendo notificada dicha medida cautelar mediante el Boletín Oficial del Estado ante la falta de domicilio conocido.

 La medida evidencia el creciente interés de las autoridades por controlar este fenómeno digital híbrido, situado entre las apuestas online, los mercados financieros y las nuevas formas de participación tecnológica basadas en blockchain y criptomonedas.

Estas plataformas permiten a los usuarios comprar y vender posiciones sobre el resultado futuro de determinados acontecimientos, desde elecciones presidenciales hasta decisiones económicas, conflictos internacionales o eventos deportivos. A diferencia de las apuestas tradicionales, no funcionan exactamente contra una “casa de apuestas”, sino mediante un sistema de mercado en el que el precio fluctúa entre los usuarios según la oferta y la demanda. Sin embargo, pese a esta apariencia de sofisticación financiera e informativa, el componente especulativo y aleatorio sigue siendo evidente.

Mercados predictivos y diferencia con las apuestas tradicionales

La principal diferencia entre los mercados predictivos y las plataformas clásicas de apuestas online reside en su estructura operativa. En una casa de apuestas convencional, el operador fija las cuotas y obtiene beneficio estadístico del conjunto de apuestas realizadas por los usuarios. En cambio, plataformas como Kalshi o Polymarket funcionan de forma más parecida a un mercado financiero.

El funcionamiento de estas plataformas es relativamente sencillo y altamente accesible para cualquier usuario. La persona interesada se registra en la plataforma y, en muchos casos, no existe un control previo suficientemente riguroso que permita verificar de forma efectiva si quien accede es menor de edad o una persona judicialmente incapacitada o declarada pródiga, como obliga la normativa nacional en tema de juegos de azar.  Una vez creada la cuenta, el usuario puede añadir fondos mediante tarjeta bancaria, transferencia o criptomonedas, una novedad que vincula a estas plataformas al sistema Blockchain.

Una vez creada la cuenta con fondos, ya esta todo listo para que el usuario realice la pregunta de la apuesta o adquiera participaciones o “posiciones” vinculadas al resultado futuro de un determinado acontecimiento. Si el evento finalmente se produce, la posición incrementa su valor y genera un beneficio económico; si no sucede, pierde prácticamente todo. El precio de cada participación refleja la probabilidad que el propio mercado atribuye al resultado concreto, normalmente mediante valores próximos a 1 dólar que fluctúan constantemente en función de la oferta y la demanda.

Además, estas posiciones pueden comprarse y venderse libremente mientras la apuesta permanece viva y el mercado abierto, permitiendo operaciones especulativas continuas similares a las de determinados productos financieros. Una vez conocido el resultado definitivo, las ganancias se transfieren automáticamente a la “wallet” o cartera digital del usuario. En caso de pérdida de su clave, es casi imposible poder acceder al capital.

El uso intensivo de criptomonedas añade un elemento adicional de opacidad y complejidad jurídica. Al operar muchas de estas plataformas fuera del territorio español y en entornos descentralizados basados en tecnología blockchain, no siempre existe una obligación efectiva de trasladar información económica a la Agencia Tributaria española, lo que puede convertir estos sistemas en espacios especialmente sensibles para posibles operaciones de blanqueo de capitales, evasión fiscal o circulación de fondos de difícil trazabilidad.

A ello se suma la problemática relativa a la protección de datos personales. En numerosos casos, estas plataformas no garantizan de forma clara y transparente el cumplimiento de la normativa europea en materia de protección de datos, especialmente respecto del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) y los denominados derechos ARCO-POL (acceso, rectificación, supresión, limitación, oposición y portabilidad). La falta de información suficiente al consumidor sobre el tratamiento de sus datos, la opacidad en las políticas de privacidad y, especialmente, la práctica imposibilidad técnica de modificar o suprimir determinadas transacciones registradas en blockchain, generan importantes dudas jurídicas sobre la compatibilidad de estos sistemas con el derecho al olvido y con los principios de minimización, control y cancelación de datos personales reconocidos en la normativa europea.

Cabe hacer especial mención, al riesgo derivado del uso de información privilegiada o de la posible manipulación deliberada del mercado. Una persona física o jurídica con capacidad económica suficiente podría influir artificialmente en los precios de determinadas posiciones para alterar percepciones públicas, afectar inversiones, modificar estadísticas o incluso influir indirectamente sobre votantes y corrientes de opinión.

Todo ello resulta especialmente preocupante si se tiene en cuenta que estas plataformas suelen presentarse como simples “mercados de información” o herramientas predictivas, pese a que, en muchos casos, no existe un órgano supervisor específico, un control institucional claro ni mecanismos equivalentes a los existentes en los mercados financieros regulados o en el sector tradicional del juego. Por ejemplo, si una opción relativa a la victoria de un candidato político cotiza a 0,70 dólares, el mercado está indicando implícitamente una probabilidad aproximada del 70 % de que dicho resultado ocurra.

Este funcionamiento ha llevado a algunos autores a defender que los mercados predictivos son instrumentos útiles para agregar información colectiva y anticipar tendencias sociales o económicas. No obstante, otros consideran que la diferencia respecto del juego de azar es más formal que material, pues el usuario sigue arriesgando dinero sobre acontecimientos inciertos con ánimo de lucro.

Naturaleza jurídica: ¿mercado financiero o juego de azar?

Uno de los principales problemas jurídicos que plantean estas plataformas consiste en determinar su verdadera naturaleza jurídica. En Estados Unidos, Kalshi opera bajo la supervisión de la Commodity Futures Trading Commission (CFTC), organismo equivalente, salvando las distancias, a la Comisión Nacional del Mercado de Valores de España, lo que le permite presentarse como una plataforma regulada de contratos financieros basados en acontecimientos futuros. Polymarket, en cambio, utiliza tecnología blockchain y criptomonedas, situándose en un entorno normativo mucho más difuso y difícil de supervisar.

Desde una perspectiva europea y española, la cuestión resulta especialmente compleja. El ordenamiento jurídico español regula los juegos de azar mediante la Ley 13/2011, de regulación del juego, que considera actividad de juego aquella en la que se arriesgan cantidades económicas sobre resultados inciertos dependientes, en todo o en parte, del azar.

Aunque estas plataformas se presentan como simples “mercados de información” o herramientas predictivas, la realidad es que el usuario participa buscando un beneficio económico derivado de un acontecimiento futuro incierto. Por ello, existen argumentos jurídicos sólidos para sostener que, al menos desde un punto de vista material y funcional, presentan importantes similitudes con los juegos de azar y las apuestas online. No obstante, existe una diferencia relevante respecto de las casas de apuestas tradicionales.

 En las plataformas clásicas de apuestas, el usuario interactúa directamente con el operador o “casa”, que fija las cuotas y asume la posición contraria a la apuesta. En cambio, en plataformas predictivas como Polymarket o Kalshi, el sistema funciona como un mercado entre usuarios, donde las participaciones o “posiciones” se compran y venden libremente según la oferta y la demanda, permitiendo incluso la especulación y transmisión de posiciones mientras el evento continúa abierto. Esta dinámica aproxima parcialmente su funcionamiento al de determinados mercados financieros, aunque sin contar necesariamente con los mismos mecanismos de control, supervisión y protección regulatoria.

Riesgo de manipulación de precios e influencia sobre la opinión pública

Uno de los aspectos más controvertidos es la posible manipulación de los mercados predictivos. El precio de las posiciones refleja la percepción colectiva de probabilidad. Sin embargo, dicha percepción puede alterarse artificialmente si determinados actores realizan operaciones masivas destinadas no tanto a obtener beneficio económico directo, sino a influir sobre el propio mercado. Por ejemplo, un usuario con gran capacidad económica podría comprar grandes cantidades de participaciones provocando un aumento artificial de la cotización. El resto de usuarios podría interpretar erróneamente ese incremento como una señal objetiva de que existen más probabilidades reales de victoria.

Este fenómeno resulta especialmente preocupante en mercados con baja liquidez, escaso volumen de operaciones o fuerte polarización ideológica, donde pequeñas inversiones pueden alterar significativamente la percepción de probabilidad de un determinado resultado. En estos entornos, la manipulación del mercado puede realizarse con relativa facilidad mediante operaciones coordinadas o compras masivas destinadas no tanto a obtener beneficio económico directo, sino a influir artificialmente en las expectativas de otros usuarios y en la opinión pública. La situación recuerda, en cierta medida, a determinados supuestos de manipulación de mercado propios del ámbito financiero tradicional, donde la alteración artificial de precios constituye una conducta prohibida por afectar gravemente a la transparencia, integridad y confianza del sistema.

Más allá del impacto económico, estas plataformas pueden influir directamente sobre la opinión pública. Los mercados predictivos son percibidos por muchos usuarios como herramientas más fiables que las encuestas tradicionales, al considerar que quienes arriesgan dinero actúan con mayor racionalidad e información. Ello otorga a estas plataformas un importante poder simbólico y mediático, paralelo por ejemplo a la Agencia EFE a al Instituto Nacional de Estadística. El problema surge cuando los porcentajes del mercado dejan de reflejar simples expectativas y pasan a condicionar comportamientos sociales, pudiendo generar sensación de victoria inevitable de determinados candidatos, desmovilizar votantes, influir en inversores o reforzar campañas de desinformación. Por ello, estos mercados se sitúan en una zona especialmente sensible desde la perspectiva democrática y del derecho a recibir información veraz

Blockchain y la protección de consumidores y usuarios.

Estas plataformas incorporan un importante factor de opacidad al operar mediante blockchain y criptomonedas en entornos descentralizados difíciles de supervisar. La ausencia de controles efectivos sobre la identidad real de los usuarios, la limitada trazabilidad de determinadas operaciones y la dificultad para aplicar normativas nacionales favorecen riesgos potenciales de blanqueo de capitales, uso de cuentas opacas, evasión fiscal y manipulación coordinada de mercados. Todo ello sitúa a las autoridades regulatorias ante un desafío jurídico de enorme complejidad: controlar actividades digitales globales sin renunciar a la innovación tecnológica ni comprometer la seguridad jurídica y financiera.

Desde la perspectiva del derecho de consumo, estas plataformas también generan importantes riesgos para los usuarios. La complejidad técnica de los mercados predictivos, la volatilidad de las posiciones y el carácter altamente especulativo del sistema dificultan que muchos consumidores comprendan plenamente los riesgos económicos asumidos. Además, la gamificación y la apariencia de “mercado inteligente” pueden reducir la percepción de peligro y fomentar conductas impulsivas similares a las del juego online tradicional. A ello se suma la insuficiente protección de datos personales, las dificultades para ejercer derechos como la supresión o modificación de información registrada en blockchain y la ausencia de mecanismos eficaces de resolución extrajudicial de conflictos (ODR), lo que incrementa la situación de desprotección del consumidor digital.

En conclusión, plataformas como Polymarket o Kalshi parecen acercarnos cada vez más a escenarios de películas como The Wolf of Wall Street, donde la línea entre inversión, juego, manipulación y espectáculo prácticamente desaparece. Ya no se apuesta únicamente sobre fútbol, cine o política; se especula sobre emociones, percepciones colectivas y decisiones humanas.

La gran pregunta jurídica y ética quizá ya no sea únicamente si estamos ante un juego de azar o un producto financiero, sino si el futuro, la opinión pública o incluso el cambio de orientación de una sociedad puede estar en nuestra propia mano o acabar convirtiéndose en una simple apuesta digital al mejor postor.