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Al adquirir una propiedad, es común centrarse en aspectos visibles como la ubicación, el precio o el estado estético del inmueble. Sin embargo, existe un factor menos evidente que puede impactar seriamente la inversión: los vicios ocultos. Estos defectos estructurales o técnicos no son apreciables a simple vista en el momento de la compra, pero pueden generar graves inconvenientes con el paso del tiempo.

En términos legales, los vicios ocultos son fallos o desperfectos que afectan a la habitabilidad, seguridad o funcionalidad de la vivienda, y que no han sido comunicados previamente por el vendedor. Para ser considerados como tal, deben cumplir ciertos requisitos: deben existir antes de la compraventa, no ser fácilmente detectables por un comprador medio y tener una entidad suficiente como para que, de haber sido conocidos, el contrato no se habría celebrado o se habría hecho en condiciones diferentes.

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