JUC


Este año, mi sufrida esposa y yo nos habíamos hecho un planteamiento vacacional sencillo, nada complicado y, sobre todo, tranquilo… muy tranquilo. La idea era pasar unos días en nuestra particular casa rural, esto es, aquella casa que pudimos comprar a buen precio hace ya unos cuantos años en un pueblecito tranquilo y poco poblado que se ha convertido en mi “refugio del guerrero”. Luego, la idea era pasar una semanita o 10 días a orillas del mar en el apartamento que heredó en una tercera parte mi mujer, hace ahora ya menos años. Luego, la idea era volver al pueblo a pasar el resto de días y aprovechar que coinciden con la fiesta mayor.

El plan estaba perfectamente urdido y todo absolutamente controlado. Pues resulta que no. Sin ir más lejos, ayer tuve que invertir un montón de horas, prácticamente toda la mañana, para resolver un tema urgente que angustiaba y con razón a un cliente. Pero es que anteayer, nos llama mi cuñada y dice que están cerca del pueblo y que si queremos vayamos a comer con ellos. Y así lo hicimos, claro. Resulta que luego nos llaman unos amigos y nos dicen que para celebrar unas cosas que les han ido muy bien nos invitan un par de días a su casa de la playa, que por cierto es muy guapa. Los días coinciden con los que nosotros teníamos previsto estar, también en la playa, pero unos cuantos kilómetros más arriba.

Nos llama mi hija y nos dice que la semana que viene se va unos días de vacaciones y que si le hacemos el favor de hacernos cargo de cuidar sus gatos. Mi mujer que es una santa, le dice que vale, por lo que tenemos que volver a Barcelona por un par de días para dar de comer y beber a los felinos en cuestión. A todo esto, vamos cuadrando los nuevos eventos con los que nosotros ya teníamos programados: Varios pequeños conciertos a los que teníamos previsto acudir y con tanto cambio, estamos ya haciendo encaje de bolillos al respecto.
Total, que nuestro magnifico y tranquilo plan, pasa ahora por llevar un estricto control de agenda para que no nos hagamos un lio y vayamos a cuidar los gatos de los amigos en lugar de los de mi hija. La conclusión es evidente: Ni en vacaciones se libra uno del estrés. Vamos, que visto lo que me estoy encontrando este año, casi que prefiero el ajetreo de los señalamientos y los kilómetros de carretera entre un Juzgado y otro.

Paz y sosiego, pero del bueno, para tod@s.