JUC


Hacía algún tiempo que no iba por allí. Nos habían convocado a una vista de ejecución en uno de los Juzgados especiales de ejecuciones (sigo resistiéndome a llamarles de otro modo) que tenemos en Barcelona. Tales Juzgados no están en el edificio de los Juzgados de lo Social, quizá porque sería demasiado fácil encontrarlos. Los ubicaron ya de inicio en el edificio de Penal, quizá porque es una pena que le ejecuten a uno…, aunque la real causa apunta y ha apuntado siempre a una peculiar maniobra urbanística, por llamarle de algún modo.

Asciendo al cielo, ubicado, en este caso, en la planta 10 del imponente edificio Penal, transportado por un ascensor supersónico que hace el trayecto en pocos segundos. Me acerco al organismo en cuestión y me encuentro con un panorama desolador: Mesas y mesas que en otro tiempo estaban ocupadas por laboriosos funcionarios, están ahora vacías. No hay casi nadie. Ni el más leve atisbo de que allí se realice algún trabajo medianamente productivo. Me acerco al mostrador y solo puedo ver ya en la lejanía del horizonte a dos funcionarias que están ejerciendo sus funciones, es decir, dos funcionarias que funcionan. Están demasiado lejos para que puedan darse cuenta de que estoy allí.

Espero tanto que empiezo a desesperar, porque nadie, absolutamente nadie me hace el más pastelero caso. Entretengo la interminable espera, deambulando por el pasillo y finalmente, en una de estas idas y venidas, al pasar por otro mostrador cercano, vislumbro a un funcionario de los antiguos que es viejo conocido. El corazón me da un vuelco: por fin alguien con quien cruzar unas palabras. El funcionario me reconoce y no oculta su alegría. Acude raudo al mostrador. Le cuento el motivo de mi visita y él aprovecha para soltarse: Se han llevado a un montón de funcionarios a otras dependencias. Han quedado cuatro gatos allí y además, les están pasando ejecuciones del orden contencioso-administrativo, jurisdicción que desconocen por completo por lo que no saben cómo gestionarlas, sin una formación que nadie les ha dado. Y mientras, los asuntos van acumulándose…. Vamos, que están que se salen… de agobiados.

El funcionario, me dirige al auxilio judicial que se ocupa el día en cuestión de las vistas, resultando que es otro antiguo conocido que corrobora cuanto me ha contado su compañero y me dice que entraremos en breve. Celebramos la vista sin togas, ni corbatas y … para variar, se suspende…

Con la misma velocidad que subí, desciendo ahora, pero no hasta la calle. Voy directo a los infiernos de la eficiencia procesal. Cada vez está más claro que toda esta movida no va a resolver nada. Nada de nada.