JUC


No sé cómo lo veréis los compañeros de profesión, ni tampoco los que no lo son, pero siempre he pensado que el buen profesional debe tener asumido que los asuntos se pueden perder y a veces de forma totalmente rocambolesca, abusiva, injusta, ilegal y todo lo que queráis al respecto. Pero en el fondo, esto forma parte del juego y, como digo, toca asumirlo y, nos toca también, en estos casos, dejarnos la piel para utilizar todos los recursos a nuestro alcance, para hacer la mejor defensa de los intereses de nuestro cliente.

Lo que resulta desesperante y particularmente frustrante, es cuando por toda respuesta, recibimos un “carpetazo”, que es algo así como que paso olímpicamente del asunto y ni tan siquiera voy a considerar que existe. En estos casos, solemos estar ante la más absoluta insensibilidad del único órgano que puede y debe dar una respuesta a cuanto se le plantea por la o las partes. Esta insensibilidad, generalmente obedece a causas de mayor o menor calado, aunque generalmente son o pueden ser desde la simple pereza u odiosa desidia, hasta aquello que conocemos popularmente como “pasapalabra”. Es decir, no quiero asumir la responsabilidad de pronunciarme, bien porque tendría que hacerlo en contra de lo que me apetece, bien porque no quiero asumir la responsabilidad de ser yo quien se moje o bien, vaya Vd. a saber por qué.

Cuando este tipo de respuestas se obtienen del órgano que forzosa y necesariamente debe mojarse y pronunciarse al respecto, el justiciable y por supuesto, su abogado, reciben la peor de las bofetadas, simplemente, porque ya no les queda donde acudir y quedan – quedamos – sumidos en el absoluto desamparo.

La conclusión es obvia: Preferimos – prefiero - mil veces una resolución desfavorable por disparatada que sea, a un vil carpetazo. En la resolución desfavorable hay un pronunciamiento que nos gustará o no. En el carpetazo, no hay nada. Mejor dicho, si hay algo: El fracaso absoluto del sistema.