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El uso de dispositivos cada vez es más común, ya que todas las personas buscan comunicarse entre sí, enviar información es algo inevitable sobre todo en aquellos casos en que las distancias son más largas. Cualquier tipo de información que se envié por medios electrónicos puede ser alcanzada por un ciberdelincuente, el cual no busca siempre un beneficio económico con su actividad delictiva, sino que en algunos casos solo busca poner a prueba su inteligencia.

A través de varios estudios, informes más y menos fiables, estimaciones de supuestas “cifras negras” todo ello intentando evaluar los ilícitos informáticos cometidos, puede concluirse que sólo se descubre el uno por ciento de los delitos informáticos (como decía Peterson en su obra “Computer crime: Insecuirity in numbers”, en Scrience News).

En mi opinión personal diría que a día de hoy se descubre un porcentaje inferior, y muchos de ellos debido a los “paraísos informáticos”, esos Estados donde la regulación en materia criminal informática todavía está muy “verde”. Por ejemplo, la falta de rigor y compromiso de muchos países con la colaboración y cooperación internacional en investigaciones es motivo de que muchos delitos colapsen y se queden sin avanzar por culpa de la pasividad del Estado al que se pide colaboración.

Del 1% anterior, se piensa que sólo el 14% de los delitos informáticos llegan a los tribunales y aún más, sólo el 3% de los delitos juzgados acaban con sentencias condenatorias de prisión. En resumen, sólo el 0,042% de los delitos informáticos cometidos llegan a ser condenados con penas de privación de libertad.

Nota: los datos anteriores siempre deben tenerse como orientativos y no exhaustivos, es más, son dichos para delitos informáticos de nivel avanzado como la intromisión en sistemas informáticos, no estamos hablando de amenazas o delitos sexuales a través de redes sociales donde el infractor es localizable y actúa sin tomar las suficientes medidas de seguridad.

En general se trata de un tipo de criminalidad que apenas deja rastro para poder ser investigado, y aunque se perfeccionan los mecanismos e instrumentos de control por las autoridades y medios de telecomunicación, resulta difícil descubrir e investigar estos delitos.

Luego hay que tener en cuenta que la mayoría de criminales informáticos son de muy corta edad, por lo que en el caso de ser localizados e investigados, en España se les aplicaría la Ley Orgánica Reguladora de la Responsabilidad Penal del Menor.

Según refiere Gabriel Tarde, “la fuerza innovadora nos está llevando a un panorama de “imitación” en los comportamientos criminales, de forma que tan pronto se desarrollan nuevas metodologías de atacar y manipular sistemas informáticos, estas son conocidas por los demás “ profesionales del crimen informático”, llegando a convertirse en una “moda”. En este campo el “aprendizaje imitativo” tiene una gran presencia, pues se trata de conductas intelectuales, y al igual que sucede en el mundo del arte, una tendencia acaba siendo imitada, reproducida a la perfección e incluso mejorada.” Lo mismo sucede en el mundo de la informática donde hasta el usuario más básico de un móvil u ordenador se da cuenta de que “casi todos los programas o aplicaciones se acaban pareciendo en cuanto a DISEÑO y funcionalidad, buscando la innovación a través de la imitación de lo que funciona a los demás” (mi opinión personal).

En algunos casos la imitación o repetición de los pasos y medios para llevar a cabo un delito informático ayudan a predecir nuevos ataques e incluso a interceptar a su autor. “El criminal no lo es por atacar una única vez.”




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