Una expedición científica española se prepara para atravesar uno de los territorios más inhóspitos del planeta utilizando un vehículo que no necesita combustible para desplazarse. Se trata del Trineo de Viento, una innovación desarrollada durante más de 25 años por el explorador Ramón Larramendi que combina conocimientos tradicionales, ingeniería y energía eólica. El proyecto también constituye un ejemplo de cómo proteger jurídicamente una invención para facilitar su evolución y aplicación práctica. Así lo explican Elisa Prieto y Pedro Saturio, de ELZABURU en el blog del despacho, donde repasan la historia de este desarrollo tecnológico y su próxima aventura antártica.
Una expedición científica de 3.400 kilómetros sin combustibles fósiles
La expedición Trineo de Viento Antártida 2026-2027 pretende recorrer aproximadamente 3.400 kilómetros por el interior del continente helado durante unos 80 días. Coordinada por el Comité Polar Español, dependiente del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, la iniciativa busca estudiar aspectos relacionados con el cambio climático y la contaminación en regiones de difícil acceso.
Durante el recorrido se recogerán muestras de hielo y se investigará la presencia de microplásticos y otros contaminantes. El proyecto incluye 16 investigaciones científicas en las que participan instituciones como el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), el CIEMAT, la NASA y distintas universidades.
El vehículo será, además de un medio de transporte, un laboratorio científico móvil. Para alimentar los equipos de investigación se utilizará energía solar, mientras que el desplazamiento dependerá exclusivamente de la fuerza del viento.
Cómo funciona el Trineo de Viento
El modelo preparado para esta expedición mide aproximadamente 15 metros de longitud y está formado por cuatro módulos articulados. Puede transportar hasta 2.100 kilogramos de carga, incluyendo el material científico y los elementos necesarios para la vida de los integrantes del equipo.
Su estructura utiliza patines de madera laminada unidos mediante travesaños y sistemas de cuerdas. Esta configuración proporciona flexibilidad para adaptarse a las irregularidades del terreno y facilita las reparaciones durante las expediciones, cuando sustituir una pieza puede resultar mucho más sencillo que reparar un mecanismo complejo.
Una de las dificultades de la superficie antártica son las sastrugis, formaciones de nieve endurecida por el viento que generan crestas y desniveles. La estructura articulada permite afrontar estas irregularidades distribuyendo mejor los esfuerzos.
La propulsión se consigue mediante grandes cometas que funcionan de manera similar a las velas de un barco. El equipo puede modificar su posición y altura para aprovechar las corrientes de aire y adaptar el impulso a las condiciones meteorológicas. Para el viaje se han preparado 20 cometas de diferentes tamaños, desde cinco hasta 150 metros cuadrados.
Más de 25 años de evolución tecnológica
La idea de Larramendi comenzó a desarrollarse entre 1999 y 2000, inspirada en los tradicionales trineos utilizados por los pueblos inuit durante sus desplazamientos por el Ártico. A partir de ese concepto, el explorador fue incorporando soluciones técnicas para conseguir un vehículo capaz de transportar grandes cargas y recorrer largas distancias impulsado por el viento.
Desde las primeras pruebas en los Pirineos hasta las expediciones en Canadá y Groenlandia, el proyecto ha pasado por diez prototipos. Cada viaje ha permitido introducir mejoras y comprobar su funcionamiento en condiciones extremas.
Según explican Elisa Prieto y Pedro Saturio, «el décimo prototipo se considera el modelo definitivo del Trineo de Viento», especialmente por su versatilidad y capacidad para adaptarse a las necesidades de cada expedición.
La importancia de proteger una invención
La historia del vehículo también está vinculada a la propiedad industrial. ELZABURU participó en la protección de la tecnología mediante la presentación de una solicitud de modelo de utilidad en España. Pedro Saturio Carrasco se encargó de redactar la solicitud y definir la estrategia de protección.
El modelo de utilidad permite proteger determinadas soluciones técnicas que aportan una ventaja práctica a un producto mediante su configuración o estructura. Es una herramienta especialmente interesante para desarrollos mecánicos y mejoras funcionales.
Los autores destacan que «proteger esas soluciones forma parte del camino» que permite que una idea continúe evolucionando y llegue a nuevas aplicaciones.
La próxima expedición antártica representa un nuevo desafío para una tecnología que lleva más de dos décadas perfeccionándose. El Trineo de Viento demuestra que innovar no siempre significa crear algo completamente nuevo: también puede consistir en transformar una idea existente mediante investigación, experiencia y mejoras continuas para resolver problemas de una manera diferente.
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