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  • La reducción de las plantillas, la redistribución de tareas y la dificultad para desconectar convierten el verano en un periodo especialmente sensible para la salud mental en el trabajo.
  • Mentelem advierte de que muchas organizaciones siguen sin contar con protocolos específicos para prevenir, detectar e intervenir ante situaciones de malestar psicológico durante la época estival.

El verano suele asociarse al descanso, pero para muchas personas también supone una de las épocas con mayor presión en el entorno laboral. Mientras una parte de la plantilla disfruta de sus vacaciones, quienes permanecen en sus puestos asumen nuevas responsabilidades, gestionan equipos reducidos y afrontan una mayor carga de trabajo. A ello se suma la necesidad de cerrar proyectos antes de las vacaciones o la dificultad para desconectar realmente durante los días de descanso.

Sin embargo, aunque las empresas suelen planificar sustituciones, reorganizar turnos o reforzar la prevención de riesgos derivados de fenómenos meteorológicos adversos durante el verano, la salud mental continúa siendo una asignatura pendiente. El malestar psicológico asociado a esta época rara vez cuenta con protocolos claros de prevención, detección e intervención, lo que dificulta actuar antes de que el problema se agrave.

"Las empresas han aprendido a anticiparse a muchos riesgos laborales, pero todavía existe una importante falta de planificación cuando hablamos de salud mental. El bienestar psicológico no puede depender del calendario ni abordarse únicamente cuando ya existe una baja laboral", explica Alejandro Pereira, psicólogo clínico, fundador de Mentelem y Premio Nacional de Psicología 2023.

Un periodo especialmente vulnerable para los equipos

Los meses de verano concentran diferentes factores que pueden incrementar el riesgo psicosocial dentro de las organizaciones. La reducción temporal de las plantillas provoca, en muchos casos, una redistribución de tareas que aumenta la carga de trabajo de quienes permanecen activos. 

Al mismo tiempo, algunas personas retrasan o renuncian a sus vacaciones por la presión de los proyectos, mientras que otras no consiguen desconectar completamente durante su descanso debido a la hiperconectividad o a la cultura de disponibilidad permanente.

Esta combinación favorece la aparición de situaciones de estrés, agotamiento, conflictos entre compañeros, desmotivación o dificultades para afrontar la reincorporación tras las vacaciones. Aunque estas señales suelen interpretarse como circunstancias propias del verano, desde Mentelem recuerdan que pueden convertirse en problemas más graves si no se detectan a tiempo.

Pasar de reaccionar a prevenir

Los expertos coinciden en que la gestión de la salud mental en las empresas sigue siendo, en muchos casos, reactiva. Aunque las organizaciones han avanzado en la prevención de otros riesgos laborales, los factores psicosociales continúan abordándose cuando el problema ya se ha manifestado, en lugar de anticiparse a las situaciones que pueden desencadenarlo.

Esto implica planificar con antelación la distribución de las cargas de trabajo, formar a managers y responsables de equipo para identificar señales tempranas de malestar, mantener canales de comunicación que faciliten la detección precoz de posibles dificultades y disponer de protocolos claros de actuación que permitan intervenir con rapidez y criterio clínico cuando sea necesario. Del mismo modo, acompañar la reincorporación tras las vacaciones puede contribuir a detectar situaciones de riesgo y favorecer una transición más saludable.

"Prevenir siempre será más eficaz que intervenir cuando el problema ya se ha cronificado. La salud mental necesita protocolos", añade Alejandro Pereira.

Una responsabilidad que va más allá del verano 

La creciente atención sobre los riesgos psicosociales se refleja en el ámbito normativo. El reciente anteproyecto de reforma de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales incorpora por primera vez una referencia expresa a la salud mental y establece que los riesgos psicosociales deberán integrarse en la evaluación y planificación de las medidas preventivas de las empresas. En este contexto, los expertos subrayan la importancia de avanzar hacia estrategias que permitan anticiparse a las situaciones de malestar.

En este contexto, desde Mentelem insisten en que el verano no debe entenderse como una excepción, sino como una oportunidad para reforzar una cultura preventiva. Solo mediante programas continuos, medibles y basados en evidencia clínica es posible detectar las primeras señales de malestar, intervenir de forma adecuada y generar un impacto real tanto en las personas como en las organizaciones