JUC


Habéis concluido vuestros estudios aquí, en Salamanca. Volvéis a vuestras tierras de origen; a Valencia, a Oviedo. Cuatro años, cuatro. Ayer, mozos; hoy, hombre y mujer hechos y derechos. Dejáis atrás vuestra particular “Montaña mágica”, y como Hans Castorp ya en el llano entrareis de lleno en la guerra que es la vida.

“Y de este modo, bajo la lluvia, en el crepúsculo, le perdemos de vista.

¡Adiós, Hans Castorp, hijo mimado de la vida! Tu historia ha terminado. Hemos acabado de contarla. No ha sido ni breve ni larga; es una historia hermética. La hemos narrado por ella misma, no por amor a ti, pues tú eras sencillo. Pero, en suma, es tu historia. Puesto que la has vivido, debes sin duda tener la materia necesaria, y no renegamos de la simpatía de pedagogo que durante esta historia hemos sentido hacia ti y que podía llevarnos a tocar delicadamente, con la punta del dedo, un ángulo de nuestros ojos, al pensamiento de que ya jamás te volveremos a oír ni a ver.

¡Adiós! ¡Vas a vivir ahora o a caer! Tienes pocas probabilidades; esa danza …” (últimos párrafos de “La montaña mágica”, traducción de Mario Verdaguer, Editorial Plaza y Janés).

Thomás Mann dejó a su personaje en medio de la guerra, ¡Adiós! ¡Vas a vivir ahora o a caer! lo dejo yendo, en el crepúsculo, en el barro.

¡Vais a vivir!, no caeréis. Un presagio. Al coger de la estantería el ejemplar del libro, comprado y leído por primera vez en mi época universitaria, no sólo me he reencontrado con mis anotaciones juveniles, entre sus páginas, también, una tarjeta de mi despacho, el número del teléfono sólo tenía seis cifras, con un nombre que no es el mío. Como vosotros, un día llegó y, juntos, hicimos sus primeras armas profesionales. Como vosotros, un día marchó. Triunfó. ¡Os toca vivir!

Y cuando lleguen momentos malos, si la vida es suficientemente larga, llegarán, también los buenos; cuando todo en vuestro entorno sea tormenta, quizá naufragio, recordad, la base del Derecho, sea cual sea la disciplina jurídica, es el hombre, y con el hombre, con la persona, la familia y el patrimonio.

Cuando dudéis, releed el Titulo preliminar del Código Civil, sus dieciséis artículos os reconfortarán, os darán tranquilidad, son, han sido para todos nosotros, un bálsamo, casi como el “bálsamo de fierabrás” de Alonso Quijano, Don Quijote.

Sé que poco os he podido transmitir, poco tengo, pero es lo que tengo. Poco Derecho habréis aprendido, pero sin duda, lo habéis vivido conmigo pues, clientes, abogados, notarios, jueces, unos y otros os han dedicado, habéis compartido, sus tiempos, habéis vivido conmigo el día a día de un pequeño despacho; habéis visto como alegrías y penas, propias y ajenas, se suceden; habéis calculado el coste de un despacho y los ingresos necesarios para mantenerlo, y los ingresos necesarios para vivir, y los impuestos a pagar a un Estado que nos sangra. 

No olvidéis, del iceberg que es la realidad, cada cliente, cada caso, sólo vemos la pequeña parte que sobresale de la superficie; comprender esa realidad, a ese cliente o ese caso, conlleva una atención a lo en principio oculto. Si os fijáis bien, todos vamos cantando lo que somos, y las agendas ocultas de cada cual, ahí están, como la Puerta de Alcalá, repitiéndose en el tiempo.

Recordad las cuatro patas del banco, a otros les han sido útiles. Si os abofetean, poned la otra mejilla; nos lo dijo Cristo, Mateo 5, 39, nada dijo de las rodillas. Si os rodean, si estáis en inferioridad de condiciones, si os adulan y veis como poco a poco van sacando la cimitarra para cortaros el cuello, Indiana Jones en la película “En busca del arca perdida” nos dio la solución, sin explicaciones, sin contemplaciones, tiro entre ceja y ceja. Si os aportan papeles, si os dicen, a todo lo que tengáis delante de vosotros, no sólo leáis la letra pequeña, miradlo por delante y por detrás pues nos dice el dicho “al papel y a la mujer hasta el culo le has de ver”, y os ahorrareis muchos disgustos. Tened dos bibliotecas; una, la vuestra, jurídica y no jurídica, con buenos libros, mejorad siempre vuestra capacidad lectora, vuestra capacidad para extraer contenidos de los textos escritos; la otra, vuestros mentores, hombres y mujeres capaces y bien intencionados que encontrareis en vuestro camino y os ayudarán en el caminar.

Que Europa sea para vosotros lo que España ha sido para mí. He trabajado en el Norte, en el Sur, y en el Este, vivo y trabajo en el Oeste. Que Estrasburgo, que Luxemburgo, ambas ciudades con sus Tribunales Europeos, sean para vosotros no un destino turístico sino, lugares de trabajo. No olvidéis la base del Derecho: la persona, la familia y el patrimonio. Persona, familia y patrimonio y sus regulaciones en el Convenio Europeo de Derechos Humanos. La estrategia jurídica del conflicto: trazad el camino desde vuestro despacho a Estrasburgo (Tribunal Europeo de Derechos Humanos), pasando cuando proceda por Luxemburgo (Tribunal de Justicia de la Unión Europea) antes de llegar a Madrid (Tribunal Supremo, Tribunal Constitucional).

Cuando dudéis, releed el Convenio Europeo de Derechos Humanos, la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos, la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, nuestra Constitución y el Título preliminar del Código Civil, os darán tranquilidad, os sacarán de vuestra cotidianeidad y os pondrán frente al mundo, y siendo este tan grande, no dudéis, tenéis un lugar en él. Abrir la mente al mundo es la mejor terapia que hay. Más allá de nuestros horizontes, ¡a hombros de gigantes!

Concluye Elías Canetti su obra “Masa y poder” con el siguiente párrafo (traducción de Juan José del Solar, Círculo de Lectores): “El sistema de la orden es universalmente reconocido. Es sin duda en los ejércitos donde mejor se ha consolidado. Pero también muchos otros ámbitos de la vida civilizada están dominados y marcados por la orden. La muerte como amenaza es la moneda del poder. En este caso es fácil colocar una moneda sobre otra y acumular enormes capitales. Quien quiera ejercer algún control sobre el poder, deberá mirar de hito en hito la orden, y encontrar los medios para despojarla de su aguijón.” Mirad de hito en hito las cosas de la vida y encontrad vuestro camino. Y si un día alguien llama a vuestras puertas, recordad, si podéis, dar gratis lo que recibisteis gratis.

¡Adiós muchacho!, ¡adiós moza! Sed un hombre y una mujer cabales. Sed abogados, no leguleyos. Comienza vuestro momento.