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Cuando se habla del incremento de la presión fiscal sobre las empresas, hay un aspecto clave que suele pasar desapercibido, y es la muy elevada carga de obligaciones formales que, a fecha de hoy, asumen las empresas, y, en lo que aquí respecta, la empresa familiar. Desde hace años, la Administración ha descargado en los contribuyentes una parte significativa de las actividades de gestión y recaudación, lo que implica la necesidad de asumir un coste de personal (y de asesoramiento externo) que es lícito calificar de desmesurado.  

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