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Eduardo Simó, al frente de SIMÓ Abogados Penalistas, suele insistir en una idea muy clara: los primeros movimientos en un procedimiento penal pueden condicionar todo lo que venga después. Un mensaje mal enviado, una conversación borrada o una declaración precipitada pueden debilitar una defensa que quizá tenía margen real.

En delitos sexuales, la defensa no puede plantearse desde la reacción emocional. Debe analizar el consentimiento, el contexto, las comunicaciones previas y posteriores, la existencia de testigos, las posibles contradicciones y cualquier elemento objetivo que ayude a reconstruir lo ocurrido. Y sin duda alguna, hay que evitar errores comunes.

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