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Hoy  31 de octubre se celebra el Día de la Abogacía Joven, una fecha que nos invita a mirar con orgullo el camino recorrido y a proyectar, con esperanza, el futuro de una profesión que sigue siendo esencial para la justicia y la convivencia.

Ser abogado o abogada joven hoy significa mucho más que ejercer el Derecho: es comprometerse con las personas, con los valores democráticos y con la defensa activa de un Estado de Derecho vivo, justo y accesible para todos.

Una generación diversa y con propósito

   
 

Pol Fontquerni Ayensa

Presidente de la Abogacía Joven de Barcelona (GAJ)

 
     

La abogacía joven es, ante todo, una generación plural. En nuestras filas conviven abogados que litigan ante los tribunales y otros que se dedican al asesoramiento corporativo. Otros trabajan en la administración pública; así como en la empresa privada o en el ámbito del tercer sector. Más allá de diferencias de entorno o especialización, todos somos compañeros y compartimos una misma vocación: ejercer el Derecho con rigor, compromiso y responsabilidad, contribuyendo desde cada ámbito a fortalecer la justicia y la confianza en nuestra profesión.

Desde el Grupo de la Abogacía Joven de Barcelona (GAJ), que representa a más de 10.800 jóvenes colegiados dentro del ICAB, trabajamos cada día para fortalecer ese espíritu colectivo y acompañar a quienes dan sus primeros pasos en la profesión. La abogacía joven de hoy se caracteriza por su compromiso social, su adaptabilidad tecnológica, su visión internacional y su capacidad de innovación. Somos la primera generación verdaderamente global del Derecho: pensamos en red, colaboramos más allá de fronteras y entendemos que la justicia ya no se limita a los tribunales, sino que se extiende también al ámbito digital, ambiental y social.

Retos reales, soluciones posibles

No podemos negar que los inicios profesionales siguen siendo exigentes. Las condiciones laborales y la estabilidad económica continúan siendo uno de los principales desafíos para muchos jóvenes abogados. Pero lo afrontamos desde una mirada constructiva: conscientes de que el cambio está en marcha y de que la abogacía joven no se resigna, sino que propone, se forma y se organiza.

Cada vez más, vemos cómo surgen proyectos de jóvenes que emprenden su propio camino, despachos colaborativos, plataformas jurídicas digitales y nuevas formas de ejercer que buscan equilibrio entre la excelencia profesional y el bienestar personal.
El reto no es solo acceder a la profesión, sino redefinirla, haciéndola más sostenible, más humana y más cercana a las necesidades reales de la ciudadanía.

Formación y mentoría: un aprendizaje compartido

Si algo distingue a esta generación es su actitud proactiva hacia el aprendizaje. La formación continua, la especialización y la curiosidad son parte del ADN de la abogacía joven. Cada día aprendemos de los colegas con más experiencia, pero también aportamos una mirada nueva: más digital, más interdisciplinar y más conectada con la realidad social.

Desde el GAJ y el ICAB promovemos espacios donde ese intercambio es posible: formaciones prácticas, encuentros con expertos, programas de mentoring y actividades que ayudan a consolidar el crecimiento profesional en comunidad. Porque la abogacía no se aprende solo en los libros, sino también en la conversación, en la colaboración y en la escucha.

Salud mental y conciliación: una nueva cultura profesional

Otro de los grandes temas de nuestra generación es el bienestar. La abogacía es una profesión exigente y, durante años, hablar de salud mental y conciliación parecía un tabú. Hoy, por suerte, eso está cambiando.
La abogacía joven impulsa un nuevo enfoque: entendemos que cuidar de uno mismo es también una forma de cuidar del cliente y del sistema de justicia. Queremos una profesión sostenible, que permita combinar la dedicación con la vida personal, y que reconozca la importancia del descanso, el equilibrio y la motivación.

Por eso defendemos la creación de programas de apoyo psicológico, talleres sobre gestión emocional y medidas que promuevan entornos laborales más humanos. Es una tarea conjunta: de los colegios profesionales, de las instituciones públicas y de todos los que formamos parte de esta profesión.

La abogacía como servicio esencial

El acceso a la justicia es un derecho fundamental. Sin embargo, no siempre se reconoce de forma suficiente el valor social que tiene la labor del abogado. En este sentido, también debemos reflexionar sobre aspectos estructurales como la fiscalidad de los servicios jurídicos: una persona que se ve obligada a contratar a un abogado paga un IVA del 21%, el mismo que si comprara un artículo de lujo.

En el modelo de país que queremos construir, quizá debamos preguntarnos si el ejercicio de un derecho básico debería tener la misma carga impositiva que un bien de consumo.
Revisar esta realidad no solo es una cuestión económica, sino también de justicia social y de reconocimiento de la función pública que cumple la abogacía.

Mirar al futuro con orgullo y esperanza

La abogacía joven no es (solo) el futuro: es también el presente. Somos quienes hoy defendemos, negociamos, asesoramos y construimos confianza día a día. Somos quienes introducen la sostenibilidad en los contratos, la ética en la inteligencia artificial y la empatía en el trato con los clientes. Hemos tenido buenos maestros.

Cada generación deja su huella, y la nuestra quiere dejar una profesión más abierta, más inclusiva y más consciente del impacto que puede tener en la sociedad.

Este 31 de octubre, celebremos con orgullo ser parte de esta comunidad. Sigamos ejerciendo con pasión, con rigor y con alegría. Porque ser abogado o abogada joven hoy significa, más que nunca, creer en la justicia, en las personas y en el poder del Derecho para mejorar el mundo.