JUC


He visto que mi post de la semana pasada ha tenido bastante aceptación, lo que significa que parece que hay un cierto interés por la técnica del recurso de suplicación, así que si os parece, voy a dedicarme a explicar, con toda la modestia del mundo, lo que para mí, por lo menos, es lo que debería ser una buena praxis profesional a la hora de hacer un buen recurso de suplicación en la jurisdicción social. Seguro que habrá gente más cualificada que yo para explicar esto, por ello, cuanto explique a partir de ahora, es sólo mi visión personal desde la experiencia de llevar a cuestas unos cuantos centenares de recursos y muchas más impugnaciones de los mismos.

Y empezamos por el principio. Si tienes que hacer un recurso de suplicación es que has perdido en la instancia. Por tanto, no empezamos demasiado bien. Toca intentar levantar el asunto y, poca broma, hacerle la contra al Juez o Jueza redactor de la sentencia.

Aunque personalmente no me entusiasma, lo cierto es que la jurisdicción social funciona a instancia única. Formalmente, no hay una segunda instancia, lo que implica que el recurso de suplicación no sea una apelación. Lo repito: NO es una apelación. El recurso de suplicación es un recurso extraordinario y por ello de factura limitada y tasada por la ley. Para empezar, existen materias directamente excluidas de la posibilidad, siquiera, de articular el recurso: Vacaciones, impugnaciones de alta médica, modificación sustancial de condiciones de trabajo, conciliación de la vida familiar, etc…. También hay limitación de acceso al recurso según la cuantía del procedimiento.

Primera idea pues a grabar a fuego en nuestras perversas mentes: Ni se nos ocurra plantear una suplicación como una apelación civil. Sólo por esto, el fracaso del recurso estará ya asegurado.

El recurso de suplicación viene a ser una especie de casación menor y por ello, debe construirse con exquisito respeto a esa técnica que intento explicar. Voy a hacer una recomendación tonta y hasta elemental y básica si quereis, pero antes de empezar a redactar el recurso, es bueno volver a leerse la ley, una vez más. Que hay colegas que ni eso. Si no lo tienes por mano, léete la ley. Y si lo tienes, también. Una y otra vez. Hasta que lo entiendas y asimiles. Sólo este ejercicio te dará las pautas para hacer algo digno y por lo menos, no hacer el ridículo que ya sería un buen principio. He vivido ya varios casos de recursos que se han desestimado, solo por la deficiente técnica utilizada en su confección. Y en todos ellos, la Sala tenía toda la razón del mundo. Es más, en mi opinión, deberían desestimarse más, porque las reglas del juego deben respetarse y no hacerlo se rompe la igualdad de las partes en el procedimiento.

Por hoy lo dejo aquí que no tengo mucho más espacio y si os parece, la semana que viene (o antes, que nunca se sabe), nos vamos adentrando en los motivos de este apasionante recurso.