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Angel Cabezos, como psicólogo forense, cuida con detalle cuando expone su informe pericial en sala

  • Este experto advierte de la falta de un protocolo suficientemente uniforme para el trabajo de los profesionales en determinados asuntos relacionados con agresiones sexuales.

Los abogados que trabajan con Ángel Cabezos, psicólogo forense, valoran especialmente su forma metódica de trabajar en cada asunto que se le encarga, así como su intervención en sala cuando tiene que defender uno de sus informes. Detrás de cada uno de ellos hay mucho estudio y, sobre todo, datos. «Intentamos reducir al máximo la opinión subjetiva. Las conclusiones deben estar sostenidas por datos verificables, permitir seguir el razonamiento empleado y contrastar las diferentes hipótesis que se han valorado».

Este profesional ha hecho de la formación continuada una de las bases de su trayectoria. «Empecé a estudiar Criminología, muy ligado al trabajo policial cuando entré en la Guardia Civil. Para ampliar esos conocimientos seguí estudiando Psicología. Después entendí que había aspectos procesales que podían influir en la manera de analizar un delito y ahí empecé a estudiar Derecho».

«No ha sido estudiar diferentes disciplinas por inquietud. Partí de la Criminología y fui complementando la formación para intentar disponer de una visión lo más completa posible de aquello sobre lo que trabajo. Hay muchas preguntas a las que otras disciplinas, como la criminalística o el Derecho, pueden responder: qué ocurrió, cómo, cuándo, dónde, con quién o para qué».

A su juicio, «el porqué exige entrar específicamente en el estudio del comportamiento. Ahí tienen un papel propio la Criminología y la Psicología criminal, jurídica y forense. Son las disciplinas que permiten analizar los mecanismos y las variables que pueden ayudar a explicar por qué una persona desarrolla una determinada conducta».

En este contexto, Ángel Cabezos trabaja habitualmente en asuntos relacionados con agresiones sexuales, homicidios, asesinatos o conflictos familiares. «Yo soy analista. He trabajado como analista desde que entré en la Guardia Civil y me especialicé en distintas ramas de análisis. La formación académica me ha ido aportando perspectivas diferentes para aplicarlas después a una circunstancia concreta».

«El trabajo consiste en coger datos, explotarlos, contrastarlos e intentar desarrollar conclusiones e hipótesis diferenciales. Una parte importante consiste además en hacer comprensible el razonamiento. Intentamos explicar con claridad qué datos hemos valorado, cómo los hemos relacionado y qué camino nos ha llevado hasta una conclusión».

A su juicio, «buscamos que el operador jurídico pueda seguir ese mismo recorrido y entender por sus propios medios cómo hemos llegado hasta allí. No basta con ofrecer una conclusión: hay que proporcionar la base necesaria para que el tribunal pueda valorar el razonamiento y llegar, si considera que está suficientemente sustentado, a esa misma idea. Ese es uno de los aspectos en los que intentamos diferenciarnos».

Agresiones sexuales

   
  Este experto constata que se presentan demandas instrumentales para lograr objetivos concretos  
     

Uno de los asuntos para los que este profesional es requerido habitualmente son las agresiones sexuales. «Es un ámbito controvertido porque las conductas han existido siempre, pero ha cambiado su conceptualización jurídico-penal. Conductas que anteriormente podían diferenciarse entre abuso y agresión sexual aparecen ahora integradas bajo una misma categoría penal. Ese cambio se ha producido dentro de una evolución jurídica, social y política».

En su opinión, esa unificación jurídica no elimina las diferencias que pueden existir desde un punto de vista psicológico y criminológico.

«Dentro de una misma categoría penal pueden coexistir conductas muy diferentes. El mecanismo que puede encontrarse detrás de una penetración ejercida mediante violencia contra la voluntad de una persona puede ser muy distinto del que encontramos en un tocamiento no consentido, en un intento de beso o en una interacción en la que inicialmente existe consentimiento y posteriormente se retira».

«Son conductas que pueden presentar dinámicas, motivaciones, grados de planificación, coerción, persistencia y riesgo diferentes. Jurídicamente pueden compartir una categoría, pero desde la Psicología Forense necesitamos estudiar esas diferencias. Tratar todas esas situaciones como si respondieran al mismo mecanismo psicológico puede generar errores tanto al evaluar a la persona que denuncia como al investigado».

Cabezos señala que los asuntos en los que intervienen menores requieren un análisis especialmente técnico. «Hay muchos indicadores que analizar y herramientas que permiten hacerlo. Además, en este ámbito aparece con frecuencia el debate sobre las denominadas denuncias falsas, y creo que es necesario utilizar los conceptos con precisión».

Denuncia falsa y denuncia instrumental

«Hay que diferenciar el concepto jurídico de denuncia falsa del uso coloquial que hacemos de la expresión “falsa denuncia”. La denuncia falsa es una figura jurídica concreta, con unos requisitos determinados y con datos estadísticos propios».

Cabezos considera que, cuando se pretende estudiar el posible empleo del procedimiento judicial como medio para conseguir una determinada consecuencia, resulta más preciso hablar de denuncia instrumental.

«Con denuncia instrumental me refiero a aquellos casos en los que puede plantearse que la presentación de una denuncia persigue obtener un beneficio propio, ocasionar un perjuicio ajeno o producir determinadas consecuencias dentro de otro conflicto. Podemos encontrar cuestiones relacionadas con custodias, suspensiones de visitas, medidas económicas, procedimientos paralelos o mecanismos de presión entre las partes».

El psicólogo forense introduce, sin embargo, una cautela: «Un sobreseimiento o una absolución no permiten afirmar por sí mismos que una denuncia sea falsa o instrumental. Los datos relativos a sobreseimientos provisionales, sobreseimientos libres o resoluciones confirmadas en segunda instancia sí pueden servir para estudiar cuál es el recorrido procesal de estas denuncias. La eventual instrumentalidad de un caso concreto exige analizar además su contexto, cronología, finalidad y función dentro del conflicto».

Angel Cabezos es un estudioso del Derecho, es criminólogo, psicólogo forense y estudio Derecho. Cada asunto que le llega lo analiza con bastante minuciosidad para darle una respuesta legal adecuada.

Evaluación del testimonio

Algunos de los informes periciales que realiza este experto analizan también la forma en la que se ha obtenido y evaluado una declaración.

«Es un ámbito extremadamente técnico. Podemos detectar deficiencias en la obtención del testimonio, procesos de contaminación, sugestión, inconsistencias, problemas metodológicos o hipótesis alternativas que no hayan sido suficientemente exploradas. También podemos encontrar que los datos disponibles no permiten alcanzar determinadas conclusiones».

Cabezos insiste en que la función del perito debe estar bien delimitada. «El psicólogo no determina si el hecho ocurrió o no ocurrió. Lo que hace es analizar técnicamente aquellos aspectos que entran dentro de su competencia y señalar qué conclusiones permite alcanzar el material disponible y cuáles excederían los datos».

Para este profesional, uno de los problemas se encuentra en la cualificación específica necesaria para trabajar en casos de agresión sexual, especialmente cuando intervienen menores.

«La experiencia profesional es importante, pero en estos asuntos debe acompañarse de formación especializada y actualización continua. En ocasiones se presume determinada cualificación por los años de ejercicio profesional, aunque esa persona no haya desarrollado una formación específica suficiente en entrevista forense, memoria, sugestibilidad o análisis del testimonio».

«Hay mucha información disponible para mantenerse actualizado. La práctica debería tender cada vez más hacia el tecnicismo: protocolos, procedimientos verificables, criterios replicables y formación continuada. No podemos fundamentar decisiones que después van a incorporarse a un informe únicamente en nuestra experiencia o en nuestro leal saber y entender».

Cabezos y su equipo llevan meses revisando los principales protocolos españoles y aquellos protocolos internacionales que pueden resultar de utilidad para la práctica forense.

«Lo que encontramos es que falta un estándar suficientemente homogéneo y operativo que reduzca la variabilidad entre evaluadores. Si cada profesional aplica criterios diferentes en función de su experiencia, podemos obtener resultados distintos ante situaciones similares».

«Eso tiene consecuencias en ambas direcciones. Podemos encontrarnos con menores que hayan sufrido una agresión y cuya declaración no sea adecuadamente valorada, y también con situaciones en las que se otorgue a una declaración un alcance que metodológicamente no puede sostenerse. Por eso resulta importante que los profesionales trabajemos con unos criterios técnicos comunes y podamos explicar qué hemos hecho, cómo lo hemos hecho y por qué».

El uso de la tecnología

   
 

Uno de los proyectos en los que ya trabaja este jurista es la creación de VINCRIVAL, Instituto de Evaluaciones Psicosociales y Forenses, como una entidad con personalidad jurídica propia para formar a futuros psicólogos forenses FOTOS ANGEL CABEZOS

 
     

En su trabajo diario, Ángel Cabezos reconoce que la tecnología ocupa un espacio creciente.

«Si tengo que interpretar una prueba psicométrica, puedo programar reglas de análisis a partir del manual de la propia prueba, de la literatura científica y de las relaciones entre sus diferentes escalas. Eso permite sistematizar comprobaciones y cruzar información que manualmente exige mucho tiempo. Después todo ese resultado vuelve al profesional, que es quien debe interpretarlo dentro del conjunto de la evaluación».

Este experto utiliza también herramientas tecnológicas durante las entrevistas.

«Durante una entrevista estás manejando mucha información a la vez. Puedes dejar algún aspecto sin preguntar, explorar insuficientemente una cuestión o estar condicionado por una hipótesis inicial. La tecnología puede ayudarte en tiempo real a comprobar qué cuestiones has explorado y cuáles permanecen abiertas, o advertirte de aspectos que quizá requieren una pregunta adicional».

A su juicio, una de las utilidades de estas herramientas es precisamente someter a revisión el propio razonamiento profesional. «Pueden ayudarte a detectar cuestiones que estás pasando por alto y a revisar tus propios sesgos. La interpretación y la responsabilidad sobre las decisiones siguen siendo del profesional».

Cabezos utiliza un procedimiento similar durante la elaboración de sus informes. «Puedo pedirle a una herramienta de inteligencia artificial que adopte una posición crítica frente a mi propio informe y busque contradicciones, saltos inferenciales, afirmaciones insuficientemente sostenidas o hipótesis alternativas que no haya tenido en cuenta».

«Después reviso esas objeciones y reformulo lo que sea necesario. Es una manera de encontrar errores en nuestros propios planteamientos. El objetivo es que el informe final describa exactamente aquello que los datos permiten afirmar y evitar que una inferencia termine redactada como si fuera un hecho».

Antes, explica, ese trabajo implicaba dejar reposar el informe y volver a leerlo días después o pedir a otro compañero que realizara una segunda lectura. «Ahora disponemos de herramientas adicionales para someter nuestro trabajo a ese tipo de revisión crítica».

Homicidios y Tribunal del Jurado

Otro de los ámbitos en los que trabaja Ángel Cabezos son los homicidios y asesinatos, además de determinados asuntos relacionados con terrorismo.

«En estos casos podemos intentar reconstruir retrospectivamente cómo se encontraba una persona en el momento de los hechos. Analizamos sus capacidades cognitivas y volitivas, posible psicopatología, consumo de sustancias, antecedentes, situación interpersonal, evolución previa y aquellas variables que puedan haber influido en su comportamiento».

Sobre las causas que pueden encontrarse detrás de un homicidio, Cabezos precisa que habla de los asuntos que llegan a su despacho.

«En bastantes de los casos que hemos analizado existe una historia previa. Podemos encontrar conflictos que escalan, episodios anteriores, amenazas, cambios de comportamiento o circunstancias que se van acumulando. Al reconstruir retrospectivamente algunos de esos casos aparecen momentos anteriores en los que una intervención diferente podría haber modificado esa evolución».

«Eso no significa que todos los homicidios sean previsibles o evitables. En determinados asuntos que hemos estudiado sí aparecen antecedentes y puntos de intervención previos que permiten plantearse qué habría ocurrido si se hubiera actuado en otro momento».

Nuestro interlocutor reconoce que se encuentra cómodo trabajando en procedimientos ante el Tribunal del Jurado. «Aquí tienes que explicar cuestiones técnicas a personas que no tienen por qué conocer terminología psicológica, criminológica o médico-forense».

«Una hipótesis tiene que poder explicarse de manera que cualquier persona entienda de qué datos parte, cuál es el razonamiento que se ha seguido y cuáles son sus límites. La dificultad consiste en traducir conceptos técnicos sin perder rigor. El jurado tiene que poder seguir el razonamiento y formarse su propio criterio».

Planes futuros

Hablamos con Ángel Cabezos sobre el futuro de su actividad profesional y sobre la evolución de su metodología.

«Con las resoluciones que vamos recibiendo podemos analizar también cómo está funcionando nuestra forma de trabajar. Cuando un juzgador menciona expresamente un informe, utiliza alguno de sus razonamientos o hace referencia durante su resolución a cuestiones desarrolladas en la ratificación, entendemos que hemos conseguido que la metodología resulte comprensible y útil para su toma de decisiones».

Cabezos precisa que este análisis no depende de que la resolución sea favorable a la parte que encargó el informe. «Lo que nos interesa comprobar es si el tribunal ha entendido el razonamiento y ha considerado alguno de sus elementos al formar su decisión».

Uno de sus proyectos es la creación de VINCRIVAL, Instituto de Evaluaciones Psicosociales y Forenses, como una entidad con personalidad jurídica propia.

«Queremos crear una estructura que integre profesionales formados bajo una metodología común y que pueda ofrecer servicios concretos a ciudadanos, profesionales y también, cuando sea posible, a la Administración».

Uno de los ámbitos en los que pretende trabajar son las evaluaciones externalizadas. «Actualmente existen procedimientos en los que determinadas evaluaciones pueden sufrir demoras importantes. Si somos capaces de desarrollar una metodología, formar profesionales y ofrecer suficientes garantías técnicas, podemos plantear fórmulas de colaboración que permitan asumir determinadas evaluaciones y contribuir a reducir esos tiempos».

«La actividad privada y el apoyo pericial a la abogacía seguirán siendo parte de nuestro trabajo. El Instituto pretende disponer además de una estructura propia para prestar determinados servicios y poder concurrir, cuando proceda, a fórmulas de contratación o colaboración con la Administración».

Cabezos resume esa evolución profesional como una continuidad de su forma de trabajar. «Al final seguimos haciendo lo mismo: analizar mejor, reducir el margen de error y explicar con claridad cómo llegamos a una conclusión. El crecimiento del despacho y la creación de VINCRIVAL buscan trasladar esa metodología a una estructura más amplia, con profesionales formados bajo criterios comunes y con capacidad para trabajar tanto en el ámbito privado como, cuando sea posible, en colaboración con la Administración».