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Imagina que la policía encuentra en la escena del crimen una muestra de ADN que pertenece al sospechoso. Es una prueba potencialmente decisiva. Pero cuando esa muestra llega al laboratorio, el analista descubre que el embalaje está abierto. No hay registro de quién la recogió exactamente ni cómo fue trasladada. No puede saberse si la muestra estuvo expuesta a contaminación o si fue manipulada en algún momento entre el hallazgo y el análisis. ¿Tiene valor probatorio esa muestra de ADN? La respuesta del derecho procesal penal moderno es: depende, y en muchos casos no.

La cadena de custodia es el conjunto de procedimientos que garantizan que una prueba es la misma que se recogió en el lugar de los hechos, que no ha sido alterada, contaminada, sustituida ni manipulada entre su obtención y su presentación en el juicio. Es, en esencia, la garantía de la integridad de la prueba física y digital a lo largo de todo el proceso penal.

En este artículo te explicamos qué es exactamente la cadena de custodia, por qué es tan importante, qué requisitos debe cumplir, cuáles son las consecuencias de su ruptura y cómo puede la defensa utilizarla como argumento para cuestionar la validez de las pruebas de cargo. Es un concepto que parece técnico pero que en la práctica puede cambiar el resultado de un proceso.

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