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Jesús Lizcano Álvarez

Catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Madrid. Académico de la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras. Cofundador y Expresidente de Transparencia Internacional España. Director de la revista Encuentros Multidisciplinares

El desarrollo científico constituye uno de los pilares fundamentales para el progreso económico, social y tecnológico de un país. En el caso de España, la consolidación de un ecosistema científico sólido exige una combinación de medidas legales e institucionales que actúen de manera coherente y sostenida en el tiempo. Lejos de depender de una única política transformadora, la experiencia internacional demuestra que los países más avanzados en ciencia e innovación han construido entornos complejos donde múltiples instrumentos interactúan de forma sinérgica.

Incentivos fiscales y financieros

Uno de los ejes centrales de este sistema lo constituyen las políticas fiscales orientadas a incentivar la inversión privada en investigación, desarrollo e innovación. España dispone ya de mecanismos relevantes, como las deducciones fiscales por actividades de I+D+i, que permiten a las empresas reducir significativamente su carga tributaria en función de su esfuerzo innovador. Sin embargo, la complejidad administrativa y la inseguridad jurídica limitan su uso efectivo, especialmente entre pequeñas y medianas empresas. En este sentido, una simplificación normativa, acompañada de sistemas de validación previa o automática -similares a los existentes en otros países europeos- podría aumentar considerablemente su impacto.

Junto a las medidas fiscales, la financiación pública desempeña un papel decisivo. Los países líderes en ciencia mantienen niveles de inversión en I+D cercanos o superiores al 3% de su Producto interior bruto, un objetivo que también ha sido fijado en el marco europeo. España, aunque ha experimentado avances en los últimos años, continúa por debajo de esta referencia. Más allá del volumen de recursos, resulta crucial garantizar la estabilidad presupuestaria mediante planes plurianuales que eviten la discontinuidad de los proyectos científicos. La creación o fortalecimiento de agencias independientes de financiación, dotadas de autonomía técnica, puede contribuir a una asignación más eficiente de los recursos, siguiendo modelos consolidados en otros países. Asimismo, la utilización estratégica de la compra pública innovadora permite al Estado actuar como motor de demanda para tecnologías emergentes, acelerando su desarrollo y adopción.

Universidades y transferencia de conocimiento

Las Universidades y los centros de investigación ocupan una posición central en este entramado. Su fortalecimiento pasa por avanzar hacia modelos de financiación que combinen una base estable con incentivos ligados a resultados, tales como la producción científica, la captación de recursos competitivos o la transferencia de conocimiento. Al mismo tiempo, una mayor autonomía en la gestión permitiría a estas instituciones adaptarse con mayor agilidad a los cambios del entorno científico y tecnológico. Un aspecto especialmente relevante es la necesaria mejora de la carrera investigadora, caracterizada en España por elevados niveles de precariedad en sus etapas iniciales. La estabilización del talento, junto con políticas activas de atracción de investigadores internacionales, resulta esencial para elevar la competitividad del sistema.

Otro de los desafíos más persistentes es la insuficiente transferencia de conocimiento entre el ámbito académico y el tejido productivo. Para abordarlo, es necesario reforzar las estructuras intermedias, como las oficinas de transferencia de resultados de investigación, y establecer incentivos claros para que los investigadores participen en actividades de innovación aplicada. La promoción de doctorados industriales, la creación de ecosistemas regionales de innovación y el desarrollo de marcos jurídicos que faciliten la creación de empresas derivadas (spin-offs) son instrumentos eficaces en este ámbito. La colaboración universidad-empresa no solo mejora la competitividad empresarial, sino que también orienta la investigación hacia problemas reales, generando un círculo virtuoso de innovación.

Educación y formación científica

El desarrollo científico no puede entenderse sin una base sólida de capital humano técnico. En este sentido, la formación profesional desempeña un papel estratégico, especialmente en su modalidad dual, que combina aprendizaje en centros educativos y experiencia en empresas. La especialización en áreas tecnológicas emergentes -como la inteligencia artificial, la biotecnología o las energías renovables- permitirá responder a las demandas de un mercado laboral en transformación. Además, el aprendizaje a lo largo de la vida se configura como un elemento imprescindible en un contexto de cambio tecnológico acelerado.

La educación científica en las etapas tempranas constituye otro de los pilares fundamentales. Fomentar el pensamiento crítico, la curiosidad y las competencias científicas desde la educación primaria y secundaria es clave para generar vocaciones y para formar ciudadanos capaces de desenvolverse en una sociedad cada vez más compleja desde el punto de vista tecnológico. Esto requiere no solo una revisión de los contenidos curriculares, sino también la adopción de metodologías activas basadas en la experimentación y la resolución de problemas. La formación continua del profesorado y el impulso de programas de divulgación científica contribuyen a reforzar este proceso.

Simplificación, innovación y cultura

Desde el punto de vista jurídico, la simplificación administrativa emerge como una necesidad transversal. La burocracia excesiva en la gestión de proyectos, la rigidez en la contratación de personal investigador y las dificultades en la ejecución de fondos constituyen obstáculos recurrentes. La adopción de marcos regulatorios más flexibles, adaptados a las especificidades de la actividad científica, permitiría mejorar la eficiencia del sistema. Asimismo, el impulso de la ciencia abierta y el acceso a datos favorece la colaboración y la transparencia, elementos clave en la investigación contemporánea.

El ecosistema de innovación empresarial también requiere una atención específica. El apoyo a empresas emergentes de base tecnológica, especialmente en sectores de alta intensidad científica, pasa por facilitar el acceso a financiación, reducir barreras regulatorias y fomentar la inversión en capital riesgo. Los fondos públicos de coinversión y los programas de internacionalización pueden desempeñar un papel relevante en el impulso de estas iniciativas.

Por otra parte, no debe subestimarse la dimensión cultural del desarrollo científico. La promoción de la cultura científica en la sociedad, la lucha contra la desinformación y el fomento de la participación ciudadana en proyectos de investigación contribuyen a crear un entorno favorable a la ciencia. En este sentido, la divulgación científica desempeña un papel fundamental como puente entre la comunidad investigadora y la sociedad.

Comparación internacional y futuro

La comparación internacional ofrece lecciones valiosas. Países como Alemania destacan por la estabilidad de sus instituciones científicas y su estrecha conexión con la industria; Francia ha apostado por potentes incentivos fiscales; los países nórdicos sobresalen en educación científica; y Estados Unidos lidera en la creación de ecosistemas de innovación altamente dinámicos. En el ámbito de la UE, los Programas Marco europeos de investigación y las estrategias coordinadas refuerzan la cooperación entre países.

Mirando hacia el futuro, las medidas que proponemos pueden estructurarse en diferentes horizontes temporales: A corto plazo, resulta prioritario simplificar los incentivos fiscales, aumentar la financiación y reducir las cargas administrativas. A medio plazo, las reformas deben centrarse en la transformación de las universidades, la consolidación de la transferencia de conocimiento y el fortalecimiento de la formación técnica. Y a largo plazo, el reto principal es la transformación del sistema educativo y la consolidación de una cultura científica arraigada.

Conclusión

En resumen, el impulso del desarrollo científico en España exige una visión estratégica integral, basada en la estabilidad, la inversión sostenida y la coherencia de las políticas públicas. Solo mediante la articulación de medidas que aborden simultáneamente los aspectos legales, fiscales, financieros, educativos y culturales será posible consolidar un sistema científico capaz de competir a nivel internacional y de contribuir de manera decisiva al bienestar de nuestra sociedad.