JUC


Son las ocho de la mañana. Carlos va con prisa al trabajo, distraído, cuando de repente nota un golpe. Un peatón ha cruzado entre dos coches aparcados y ha caído al suelo. Carlos se asusta, mira por el retrovisor, ve que el hombre se mueve, y sigue conduciendo. «Estaba bien», se dice. «No ha sido para tanto».

Tres horas después, la Guardia Civil llama a su puerta.

Esta escena, o versiones muy parecidas, ocurre con más frecuencia de la que imaginamos. Y casi siempre va acompañada de la misma pregunta: «¿qué he hecho exactamente, y en qué problema me he metido?».

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