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Introducción: Cuando la tragedia lleva nombre y apellidos

Es uno de los peores momentos que puede vivir una familia. Tras la muerte de un hijo, un hermano o una pareja, aparece algo que agrava aún más el dolor: la sospecha de que alguien, con sus palabras o sus actos, empujó a esa persona a quitarse la vida. 

Imagina el caso de Laura, 17 años. Durante meses recibió mensajes en redes sociales de su expareja: «Nadie te quiere», «serías mejor muerta», «hazlo de una vez». Un día, Laura se quitó la vida. Sus padres conservaron los mensajes. ¿Existe algún delito? ¿Puede ese chico ser condenado? La respuesta es sí, y se llama inducción al suicidio.

En mis años de ejercicio como penalista he acompañado a familias devastadas que no sabían que la ley les ofrecía una respuesta. Este artículo es para ellas.

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