JUC


Un sacerdote de Burgos ha ingresado en prisión por hacerse pasar por mujer para engañar a jóvenes y conseguir fotos o vídeos eróticos.  A raíz de esta noticia han salido otras como las siguientes: “la oficina para la recepción de denuncias y acompañamiento de las víctimas de abuso sexual de Burgos ha formado a 359 profesores, 144 catequistas, 133 sacerdotes y 38 monitores de campamentos sobre cursos de violencia sexual entre los años 2022 y 2025. El vicario general Carlos Izquierdo ha subrayado que Burgos es una de la diócesis  con mayor participación”

Últimamente todo parece que se soluciona con un curso de formación, tanto para reinsertar dentro de los centros penitenciarios como para prevenir la violencia y en este caso sexual. Parece ser que los talleres y los cursos son la panacea de todos los problemas. De hecho, si se quiere hacer justicia restaurativa en los centros de inserción o en centros penitenciarios desde Instituciones Penitenciarias lo único que te permiten es realizar un taller que no es más que un curso en el que se habla de justicia, perdón, la víctima…etc. ¿La pregunta sería son suficientes estos cursos para lograr reintegrar o en el caso de la noticia para prevenir y reparar la violencia sexual?

VIOLENCIA SEXUAL: PREVENCIÓN E INTERVENCIÓN

Por un lado, realizar talleres o cursos es siempre bueno porque ayuda a transmitir conocimientos, además provee de herramientas y habilidades a las personas para estar atentas a posibles casos o incluso para saber cómo actuar. Sin embargo, un curso de formación no es suficiente para abordar las consecuencias de la violencia sexual si se llega a dar, y aunque puede sensibilizar  la prevención requiere mucho más. Es importante más intervenciones encaminadas no solo a prevenir la violencia sexual sino también trabajar con las personas afectadas , incluso con la familia y la comunidad. Aunque la comunidad no haya sido directamente afectada por el daño también tiene una serie de necesidades y es importante abordarlas para fortalecer las relaciones entre sus miembros.

Se suele pensar que lo único que se necesita es terapia para las víctimas y por tanto, las únicas personas que pueden trabajar con las personas afectadas son los psicólogos, como mucho alguna otra persona para asesorarles jurídicamente si fuera necesario. Sin embargo, la realidad nos ha enseñado que todos los daños pueden generar trauma y que hay diferentes intervenciones que pueden ayudar a lidiar con este trauma permitiendo que las personas puedan sanar.

En Estados Unidos tras los atentados del 11 de septiembre entendieron que la gestión del trauma y la resiliencia no es algo exclusivo de los psicólogos y terapeutas y que otras personas pueden colaborar y cooperar para la reducción de este trauma y la generación de espacios de sanación .

Además una cosa es la terapia, por otra parte necesaria para poder abordar los primeros momentos del trauma o las necesidades más importantes de las personas y otra bien diferente sería una serie de actividades que la pueden complementar y ofrecer un plus de sanación.

Por eso, los cursos y los talleres pueden ser un primer paso, se trata de comenzar con cierta pedagogía y concienciación pero me temo que siempre nos quedamos cortos y el caso de Burgos y la Iglesia no es una excepción. Como he comentado, se hace necesario otra serie de programas que no talleres que favorezcan la reparación del daño , la responsabilización si fuera posible de la persona ofensora, la escucha a la comunidad también afectada y en todo caso es importante cualquier actividad encaminada a construir, fortalecer o reparar comunidad.

Por supuesto estoy hablando de una verdadera justicia restaurativa pero entendida de forma correcta,  es decir como diferentes intervenciones encaminadas a lograr este fortalecimiento o reparación.  En general, todos los delitos y más los de violencia sexual suponen una pérdida de confianza, esto implica que las víctimas pierden la seguridad en el mundo y en las personas.

Además se generan una serie de pérdidas y necesidades que necesitan hacerse frente, esto implica que la reparación se vuelve esencial en estos delitos y supone una recuperación paulatina de confianza para las víctimas.

La principal reparación es la material, que son las consecuencias físicas directas del daño, otra reparación es la relacional, la  persona  afectados por los daños pueden experimentar conmoción, malestar, trauma  u otras emociones relacionadas con las necesidades de cuidado, respeto, consideración, y similares. Por último, existe la reparación espiritual o simbólica que trata sobre cómo afrontar el trauma, recursos para reconstruir la confianza, acciones para recuperar el control.

Estas formas de reparación y que ayudan a las victimas a sanar pueden darse por supuesto, con terapia, de hecho la reparación material y parte de la relacional se trabaja a través del acompañamiento psicológico. Incluso la espiritual en muchas ocasiones. Sin embargo, los espacios restaurativos entendidos como verdaderas intervenciones encaminadas a sentir que se está haciendo justicia suponen un plus para la terapia y una forma muy poderosas para que las victimas puedan encontrar un sentido diferente a lo vivido. No todo es terapia, ni todo es justicia restaurativa, creo que se complementan de forma muy acertada. La reparación en justicia restaurativa implica crear espacios para dialogar sobre cómo abordar las necesidades, y buscar mejorar el mañana. En muchos de estos casos la reparación será simbólica, o creativa, devolviendo a las víctimas algo de luz por la oscuridad que supuso el delito.

Y desde el punto de vista de las personas ofensoras, el desafío es buscar una orientación de justicia restaurativa que equilibre apoyo y responsabilidad

• ¿Qué debe hacer una persona ofensora para asumir la responsabilidad?  (Rendición de cuentas)

• ¿Qué necesita una persona ofensora  para sanar? (Apoyo)

Como diría la ventana de la disciplina social: apoyo social alto y control social alto.  Y es que las personas ofensoras deben ser confrontadas ( así los ayudaremos a entender el impacto de sus actos siendo respetuosos pero sin minimizar sus actos) Y por supuesto algo que además no se explora en delitos de violencia sexual es el impacto que tienen en  la comunidad, cómo nos afecta conocer los casos, cómo daña nuestra confianza y sentimiento de seguridad y cómo quiebra nuestra forma de relacionarnos. No toda intervención debería quedar en la esfera de las víctimas y las personas ofensoras, en delitos que impactan gravemente en la sociedad, dar voz a la comunidad supone una forma de sanación colectiva y de responsabilización también de todos nosotros como agentes responsables en construir un mundo mejor.

Por eso,  los cursos de formación, los talleres y cualquier actividad que permita la difusión y sensibilización de estos delitos y su impacto son importantes pero es esencial diversificar las intervenciones para no solo reparar sino prevenir futuros posibles delitos.

El problema radica en entender como son las verdaderas intervenciones y espacios restaurativos y que se realicen de forma adecuada y con personas preparadas.

JUSTICIA RESTAURATIVA EN VIOLENCIA SEXUAL

Cuando se niega la posibilidad de hacer justicia restaurativa en estos delitos es generalmente por un total desconocimiento de lo que es esta justicia. En muchas ocasiones este desconocimiento es fruto de la publicidad y el marketing de voces no autorizadas para hablar de justicia restaurativa.

 Si el intrusismo profesional es algo común en algunas profesiones, en justicia restaurativa es una constante, porque para trabajar en justicia restaurativa y en concreto en delitos como la violencia sexual, requiere formación específica, y adaptada a estos delitos. Por eso cuando dicen somos mediadores inscritos en el registro del ministerio de justicia para avalar su formación, muchas otras personas nos quedamos sorprendidos porque ser mediador no te habilita para facilitar procesos de justicia restaurativa, más bien al contrario te puede suponer un problema a la hora de trabajar con personas impactadas por el trauma. Como he dicho en muchas ocasiones el lenguaje neutral del mediador, el entendimiento del equilibrio etc. no tiene que ver con justicia restaurativa y esto puede revictimizar más que ayudar. Esto lleva a errores como no entender cómo la comunidad participa en algunas intervenciones restaurativas, al limitar la justicia restaurativa a un encuentro víctima y agresor o como mucho con  persona subrogada, se está reduciendo las prácticas y las intervenciones a una sola, y con ello se estrecha las posibilidades de ayudar a las personas afectadas.

Por eso, es esencial que las intervenciones restaurativas se hagan por personas realmente preparadas, usar facilitadores voluntarios, especialmente si no tienen formación es un error gravísimo, porque no dinamizamos grupos, no son actividades deportivas, lúdicas, no es un curso…es una intervención que requiere conocer los procesos, las fases y las preguntas  adecuadas en cada momento. Las personas voluntarias deben estar acompañadas de verdaderos profesionales formados para no dañar la intervención

De esta manera, se puede realizar una metodología ideal buscando la preparación de la víctima y de la persona ofensora para luego valorar si se hará un encuentro conjunto. Esto podría realizarse bajo la forma de una reunión víctima persona ofensora, conferencias o círculos. El buen facilitador sabrá que las herramientas como las conferencias o círculos tienen unas características bien diferenciadas y se necesita conocer su estructura y funcionamiento. Por ejemplo, los círculos no son solo sentar a las personas en círculo y las conferencias implica que debemos tener un guion para facilitarlas. En una entrevista recientemente a una mediadora la preguntaban como podría participar la comunidad en la justicia restaurativa, y no supo dar la respuesta más evidente: siendo parte de procesos restaurativos más inclusivos como los círculos o conferencias o incluso en programas que trabajen solo con ella. Tan solo pudo hablar de que la comunidad puede transmitir beneficios de esta justicia, algo que es muy poco para el papel esencial que puede y debe desempeñar en delitos como la violencia sexual.  Además se  puede buscar de forma ocasional un encuentro con una víctima de un delito similar, pero hay que tener cuidado con esta práctica puesto que ya se han observado malas prácticas como querer reunir a victimas con infractores de delitos radicalmente diferentes o cosas raras como reunir infractores con menores de edad que han cometido delitos….

Y por supuesto se pueden hacer programas individuales que trabajen solo con un grupo de afectados por el delito, solo con víctimas, solo personas ofensoras o comunidad. En estos programas individuales, se busca bajo los principios de la justicia restaurativa dar respuesta a algunas de los objetivos de esta y sobre todo ayudar a reparar que como he dicho es esencial para sanar.

CONCLUSIONES

Si se entendiera la justicia restaurativa de forma correcta se podrían realizar múltiples intervenciones para atender diferentes necesidades que se generan en contextos de daños sean o no delitos. Asimismo se podría prevenir y fomentar el fortalecimiento de la comunidad ante la violencia y los daños. Sin embargo, todo se centra en formación y aunque es esencial nos olvidamos de las intervenciones restaurativas y su potencial para generar espacios seguros de sanación y responsabilización. Como he dicho, no todo es terapia, existen más recursos como la justicia restaurativa que pueden implicar un plus para que las víctimas puedan sentir que se está haciendo verdadera justicia  y para que las personas ofensoras más allá del reproche penal que deban recibir, puedan tener la oportunidad de entender el daño que han causado.

La justicia restaurativa busca esta responsabilización sin juzgar, ni justificar los delitos sino acompañando a la persona que dañó en el proceso de entendimiento del daño y  su voluntad de no querer repetirlo. Para que esto se pueda dar es necesario buscar personas con la formación adecuada que puedan diseñar y ofrecer estos espacios restaurativos de sanación. Y deberíamos buscarlos también para la comunidad. Buscar espacios colectivos de sanación y responsabilización pueden ser un comienzo para la prevención y  la creación de sociedades más maduras y responsables.