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Torre Pacheco es una tranquila localidad de Murcia, en el sur de España, que vio su calma evaporarse de golpe tras una serie de disturbios y enfrentamientos de tinte xenofóbico que en los últimos días han llevado a esta comunidad, de apenas 41.000 habitantes, a pasar las noches encerrada y con temor generalizado.

Todo comenzó luego de que un vecino de 68 años fuera agredido el pasado 9 de julio. Por el hecho han sido detenidas tres personas, según le dijo un portavoz de la Guardia Civil a CNN. El hombre aseguró ante varios medios de comunicación que sus atacantes eran marroquíes, lo que desencadenó una oleada xenofóbica que ha sido azuzada desde entonces por la ultraderecha y mantiene a la región en vilo.

Llevamos una semana asistiendo a cómo la violencia ha escalado en un pueblo teóricamente tranquilo tras un ataque injustificado a un señor mayor del pueblo por parte de una persona de origen magrebí. Este acto violento ha generado una reiteración de la violencia por parte de grupos xenófobos que han empezado a relacionar inmigración y delincuencia y la consiguiente respuesta de grupos de personas inmigrantes que ven su integridad amenazada. Esto es un claro ejemplo de como la violencia solo engendra más violencia.

LA CONVIVENCIA BASE DE NUESTRAS RELACIONES

El ser humano, igual que la mayoría de los seres vivos, vive en comunidad. Desde que nacemos nos relacionamos con un grupo, la familia, el colegio, los amigos...Por eso, todos estamos interconectados y lo que hacemos afecta a los demás, igual que lo que los demás hacen, nos “toca” de forma directa o indirecta en nuestra vida. Las relaciones  es un elemento fundamental ya que todos nosotros estamos condicionados por estas relaciones, incluso antes de nuestro nacimiento. En la medida en que nuestros padres se han mantenido juntos o se han distanciado, han estado en contacto con otros miembros de la familia y otras variables, todo esto influye en lo que somos o podemos llegar a ser. La relación con los que nos quieren y /o deberían preocuparse por nosotros, también determina nuestro carácter.  Es más aunque pensamos que el castigo disuade de cometer delitos son las relaciones sanas las que verdaderamente disuaden de cometerlos. Esto implica que en la medida de que las personas se sientan integradas y conectadas con la comunidad es menos probable que quieran dañarla porque entienden que ellos y ellas son parte. La desconexión con el grupo es la que genera el aumento de la posibilidad de que se genere violencia y se cometan delitos.

Por tanto, es esencial generar convivencias sanas, pacíficas y responsables donde todos los miembros sientan que pertenecen a esta y que son bienvenidos.

En el caso que nos ocupa todo comenzó con un acto delictivo que quebró esta convivencia  y a partir de ahí el resto de la población se ha sentido amenazada.

Con esto no estoy queriendo justificar que las personas cometen delitos porque no se sienten integradas pero si estoy valorando la importancia de generar políticas de convivencia que puedan prevenir los delitos, repararlos en su caso  y empoderar a la población. Esto además sería mucho más sencillo en un pueblo pequeño .

La pregunta más importante para mi en estos momentos sería qué significa convivencia. La convivencia se refiere a la idea de  vivir en compañía de otros, ya sea en un hogar, una comunidad o cualquier otro espacio compartido. Implica coexistencia pacífica y armoniosa, donde se respetan las diferencias individuales . Según el diccionario se refiere a la acción de convivir y como sinónimas llama la atención que habla de tolerancia, coexistencia o relación. Por tanto, podemos destacar la idea de que para que sé de la convivencia deben existir entre los miembros de la comunidad valores como el respeto, la tolerancia y darse en ellos cualidades como la capacidad de resolver los conflictos en aras al bien común.

En una sociedad en la que cada vez somos más individualistas suena un poco utópico estas definiciones de convivencia y sin embargo, son la base de nuestra existencia y sin darnos cuenta en general, practicamos estas ideas.  Aunque como hemos visto en ocasiones se rompe como consecuencia de actos violentos que sirven de caldo de cultivo para más actos de la misma índole.

Otra pregunta sería qué hacer para no solo calmar a la población sino buscar un futuro mejor donde la convivencia no se vea desquebrajada cada vez que se comete un delito o un acto violento porque elementos disruptores de esta convivencia siempre van a existir. En mi opinión, más presencia policial solo disuade a las personas de la violencia, pero no elimina los deseos de venganza o el odio que ha podido generar la situación. Se corre el riesgo que cuando desaparezca el refuerzo de los cuerpos y fuerzas de seguridad vuelvan los actos de violencia porque no se ha acudido a los problemas que subyacen,  no se ha escuchado a todos los miembros afectados y no se ha dado voz a cómo ven el futuro de su pueblo. Por eso  no entiendo cómo nadie se ha planteado la posibilidad de aplicar en la práctica lo que muchos se cansan de vender de forma teórica o incluso lo plasman en leyes: la justicia restaurativa comunitaria.

JUSTICIA RESTAURATIVA COMO FORMA DE CONSTRUIR Y FORTALECER COMUNIDAD

La justicia restaurativa no es solo un mecanismo contemplado en las leyes penales para lograr que la victima obtenga una reparación, aunque existen personas que todavía la visibilizan de esta manera la justicia restaurativa es mucho más.

Tampoco debemos pensar que solo son unos talleres que se imparten dentro de prisión, la justicia restaurativa puede generar diferentes espacios restaurativos donde construir, fortalecer o reparar comunidad.  En mi próximo libro que estará disponible a finales de año, hablaré precisamente de cómo el futuro de la justicia restaurativa pasa por  recuperar su esencia, esto es volver a la comunidad.  Y es que en lugar de quedarnos en la idea de poner una “tirita” cuando se ha producido la herida vamos a intentar construir y fortalecer los lazos sociales que son un elemento fundamental para disuadir a las personas de cometer delitos y evitar la violencia.

Desde luego se pueden dar varias intervenciones en supuestos en los que ha habido un delito como el caso que nos ocupa.

Un primer espacio restaurativo podría haber sido el encaminado a reparar los daños causados por el delito cometido en este caso, la agresión de este señor. Aunque los agresores no estuvieran dispuestos a reparar el daño o no hayan asumido la responsabilidad, se pueden realizar intervenciones restaurativas encaminadas a escuchar las necesidades de la víctima pero también de la comunidad como víctima indirecta del delito. En general, en estos casos las personas reclaman seguridad, no convertirse en víctimas  y que estas cosas no vuelvan a suceder. Aunque no haya encuentro víctima con la persona agresora,  se pueden crear estos espacios restaurativos con las víctimas para escuchar sus necesidades y buscar formas en las que se pueda reparar o al menos aminorar el daño causado de acuerdo a sus expectativas. Silenciar las voces de las víctimas directas o indirectas genera deseos de venganza, de tomarse la justicia por la propia mano y conlleva muchas veces como el caso que nos ocupa más violencia. Y ¿la reparación de quién puede venir?, pues son las propias víctimas directas o indirectas las que van a organizarse para solicitar a las autoridades medidas encaminadas a atender sus necesidades o incluso ellas mismas puede comprometerse a buscar como mejorar su situación disminuyendo el dolor causado. Todas las intervenciones que den voz a las víctimas, generan una forma de empoderamiento y de construcción de resiliencia que favorece su recuperación o sanación tras la violencia.

Sin embargo, es muy necesario otros espacios restaurativos donde se reúna a la comunidad para hablar del presente y sobre todo del futuro. El acto violento ha desquebrajado los lazos del pueblo, y se necesitan espacios de este tipo para que todas las personas que lo deseen se sientan escuchadas, se genere empatía entre los diferentes miembros, se desafíe la invisibilización de las historias de cada miembro de la comunidad y sobre todo para evitar el peligro de la historia única.  

Estoy hablando de utilizar diferentes intervenciones para crear estos espacios y que unos miembros de la comunidad que se encuentran enfrentados a otros puedan escucharse mutuamente dentro de un lugar seguro y de confianza, puedan empatizar con sus historias de vida y sus necesidades y retos y a la vez entender el peligro de una única narrativa.

En este caso esta única narrativa sería : “todos los inmigrantes son delincuentes”  y es  difundida por muchas personas para generar odio, con esto  se corre el riesgo de que otras personas de la comunidad se lo crean si no buscamos estos  espacios donde se puedan escuchar , empatiza y conectar.

Los programas restaurativos en la comunidad precisamente buscan un empoderamiento de los miembros. Se trata de   que las personas entiendan a sus vecinos, se guíen por el respeto y a la vez puedan exponer sus miedos y necesidades no para justificar los actos sino para comprender a las personas que les rodean. Se intenta recuperar espacios de diálogo, respeto, escucha y cooperación para buscar el bien común de la comunidad. Y este bien común se basa en que como comunidad todos funcionamos mejor si los miembros se sienten parte de ella y no tienen la percepción de que son estigmatizados y separados de ella. Estos programas pueden aprovecharse para además enriquecer a los miembros de la comunidad con la diversidad cultural . Otro objetivo es  que las personas no solo sientan que son víctimas sino que también puedan percibirse como agentes responsables con posibilidad de hacer cosas para el bien de la comunidad  y para su fortalecimiento.  Pero además sería necesario políticas publicas encaminadas a fomentar esta reconexión ya que esto evitaría el desarraigo que pueden tener muchas personas nacidas en España pero cuyos padres son extranjeros. No hay mayor peligro para la convivencia como he dicho, que las personas no se sientan parte de la comunidad que les acoge y les ha visto nacer y crecer.

CONCLUSIÓN

La justicia restaurativa es la justicia de la comunidad aunque su aplicación parece que solo se conoce en el ámbito del sistema penal y penitenciario. Los diferentes espacios restaurativos en la comunidad pueden ser realmente útiles para prevenir la violencia y reparar los daños que se pueden haber producido. En lugar de tratar de silencia el malestar que puede tener la comunidad, se trataría de buscar intervenciones restaurativas que busquen el diálogo, la empatía y el respeto.  La represión, castigo  y el silencio no sana las heridas de la comunidad, al contrario, las magnifica y las deja latentes.  El poder tener espacios para contas sus miedos y sus historias puede sin embargo, marcar la diferencia  a la hora de buscar un futuro más pacífico haciendo a cada miembro de la comunidad, agente responsable en buscar con sus acciones una comunidad mejor.

Y por último, se necesitan políticas publicas que busquen la creación de comunidad, la convivencia y la verdadera integración de todas las personas. El futuro de las comunidades pasa por evitar que algunos de sus miembros no se sientan aceptados en ella.