JUC


Últimamente, parece que me ha dado por los gerundios. Tras la serie de posts bajo el título “suplicando”, llega ahora la de “notificando”… Pero que nadie se asuste, de momento notificando va a ser el título de este post y por ahora, de no más (espero).

A diferencia de lo de suplicar, tarea en la que somos sujetos activos siempre los abogados, en la de notificar, somos sujetos pasivos. Es el Juzgado quien nos notifica. Lo que comunicamos nosotros a los Juzgados no tiene este calificativo formal. Y es que eso de notificar es muy serio y debe ser que los abogados, no demasiado. Estamos, por tanto, ante un acto de la administración de justicia que, en ocasiones, puede tener efectos demoledores, como por ejemplo, cuando nos notifican una sentencia desfavorable.

Los abogados, a día de hoy, recibimos, obligatoriamente, las notificaciones por vía telemática. Es un momento íntimo. Solo, frente al ordenador, tengo que decidir si abro o no la notificación en aquel momento o lo dejo para más tarde. Intento adivinar de qué asunto puede tratarse y si la “noti” puede ser favorable o no. ¿La abro?, no, quizá mañana que aún tengo plazo… ¿Y si tengo que recurrir la diligencia?...¿Me viene bien ahora?... Igual en otro momento lo tengo peor…., ¿Cómo voy de plazos?.. Y el cliente, ¿tendrá tiempo de facilitarme las cantidades que debo consignar, si este es el caso?. Pues ahora no se qué hacer… Y esto o algo parecido con las ocho notificaciones que me han entrado esta mañana. Un horror. Cada día hábil del mundo… y los no hábiles también, no sea que el del Juzgado tal me haya mandado algo el domingo, que también ocurre.

Cuando, por fin decido abrir la notificación, un mundo se abre ante mí. Por fin descubro si había acertado con el procedimiento y con el contenido… Y a veces, más bien pocas, he dado en el clavo. Pero casi siempre, me sorprenden: Desde una cosilla de trámite que no tiene mayor trascendencia, hasta, como decía, una en la que me va la vida y la del cliente. La frialdad del fichero electrónico se transforma entonces en pura emoción vital, sea en sentido positivo o negativo. Sin términos medios. Puede provocarnos una euforia desatada, un disgusto de muerte o la indiferencia más absoluta. Y, cuando pintan bastos, somos nosotros los que damos la cara delante del cliente, nunca el Juzgado emisor de la notificación. Nos toca tragar sapos o saborear la buena noticia y luego llorar o reír con el cliente y así una y otra vez a lo largo de toda nuestra carrera profesional.

Esto… y si eso ya me perdonáis que me acaba de entrar una “noti” y quiero entretenerme un rato con ella.