Por Celia Carbonell. Abogada. Premio Hay Derecho 2024
En el ecosistema judicial español pocos nombres resuenan con la autoridad moral de Carlos Castresana. El fiscal que impulsó la causa contra Augusto Pinochet, lideró la CICIG en Guatemala y destapó la corrupción de Marbella, cambia esta vez el estrado por la pluma para entregarnos una obra que no es solo un compendio de casos sino un acto de contrición institucional.
El pasado 9 de abril Carlos Castresana presentó su obra “Bajo las Togas: Errores judiciales y otras infamias” en la localidad alicantina de Elda. El turno de réplica fue, en palabras de los asistentes: "magistral, se nos ha quedado corto. Nos encantaría que volviese".
El público manifestó una insaciable curiosidad por los casos anónimos y las anécdotas veladas que salpican el libro. En el momento de las firmas estuvieron preguntando al autor por esas historias. Hubo un murmullo constante en los pasillos: "necesitamos una segunda parte, nos hemos quedado con ganas de mucho más".
La escena en el punto de venta fue frenética. En un hito poco visto en las presentaciones de ensayo jurídico, el inventario completo se agotó en cuestión de minutos.
Bajo las togas no es un ataque al estamento judicial, sino una disección quirúrgica de sus patologías. Castresana utiliza su experiencia de décadas para demostrar que la justicia, lejos de ser una maquinaria infalible de precisión matemática, es un producto humano susceptible de los más bajos sesgos, presiones políticas y, lo que es peor, la desidia burocrática. Siglo tras siglo seguimos cometiendo los mismos errores haciendo eco del refranero popular español, el hombre es el único animal que tropieza "infinitamente" con la misma piedra.
Celia Carbonell presento el libro del fiscal Carlos Castresana sobre errores judiciales en Elda (Alicante ) (Foto cedida por la abogada)
El libro se estructura sobre varios pilares que todo profesional del derecho, y ciudadano preocupado, debería analizar. La lectura de este conjunto es obligatoria para cualquier jurista o lector con inquietudes. No solo por el rigor con el que se relatan los hechos, sino por el recordatorio constante de que las garantías procesales no son meros formalismos sino la única barrera entre la justicia y la barbarie institucionalizada. Una obra que te pellizca el estómago y te muestra todo lo que queda por hacer.
El autor desmitifica la idea del "error aislado" planteando cómo la falta de humildad, en la judicatura, impide la rectificación de sentencias injustas.
Una muestra de cómo la presión popular y política puede nublar el juicio de un tribunal, llevando a una condena social que precede a la sentencia firme. Las "infamias" se desgranan a través de casos donde el aparato judicial es utilizado como herramienta de persecución o donde la ceguera voluntaria permite la impunidad de crímenes.
Si deciden adentrarse en esta lectura, deténganse, sin prisa, en "el crimen de todos". Una narrativa que disecciona el error judicial y la violencia institucional basada en hechos que marcaron la jurisprudencia y la conciencia social de España como es el conocido caso del crimen de Cuenca junto con la precuela de Torrelaguna. Una precuela desconocida para muchos de nosotros e incluso para el propio fiscal que nos confesó, durante la presentación, que no tenía conocimiento de las atrocidades hasta que inició su investigación para plasmarla sobre el papel.
No pasen de puntillas sobre “el rey se divierte”, un capítulo descriptivo de la ciudad de Granada en 1831 con Mariana Pineda, a punto de sufrir el garrote vil, montada sobre un burro. Les aseguro que podrán visualizar esa imagen con todos los acompañamientos. El camino hacia la ejecución donde Mariana se desprende de lo terrenal para fundirse con su ideal. El enfrentamiento directo con la autoridad y la tentación del perdón a cambio de la traición. Un canto a la dignidad humana frente a la tiranía del Estado
Mientras que “el crimen de todos” denuncia el error judicial técnico y la tortura física, “el rey se divierte” denuncia la persecución ideológica y la falta de garantías en un sistema donde la ley se usa como arma de venganza política.
Y mucho, mucho más que si son lectores inquietos tendrán que descubrir por ustedes mismos. Casos en los que al terminar se plantearán si realmente el protagonista era culpable o inocente.
Lo que hace que esta obra destaque es el equilibrio entre el rigor técnico y la narrativa humana. No estamos ante un farragoso manual de derecho procesal, sino ante una crónica vibrante, y a ratos desoladora, sobre la fragilidad de la libertad cuando depende de un mazo.
Una obra de cómo la "verdad procesal" a menudo se divorcia de la "verdad real" debido a defensas mediocres, pruebas mal custodiadas o prejuicios ideológicos.
Bajo las togas es una lectura obligatoria para entender que la independencia judicial no es un privilegio de quien viste la toga, sino una garantía para el justiciable. Castresana nos recuerda que una democracia se mide por su capacidad de reconocer sus errores y, sobre todo, por la valentía de sus fiscales y magistrados para decir "no" al poder.
Un texto imprescindible para quienes creen que la ley debe ser, ante todo, un instrumento de ética. Si Castresana nos acepta la invitación, procederemos a formalizar un nuevo encuentro; por cuanto debo reconocer que su intervención previa dejó una impronta de calado que invita a seguir profundizando sobre su obra.