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Eva Papadopoulos. Abogada. Miembro de la Junta Directiva de ALTODO

Un sistema que exige excelencia profesional a cambio de precariedad está abocado al colapso. La renuncia masiva al turno de oficio de la Audiencia Nacional es una alerta roja sobre la insostenible situación de la Justicia Gratuita en España.

Tras años de dedicación al turno especial de la Audiencia Nacional, he presentado mi baja voluntaria. No es una decisión fácil ni precipitada, es un acto de coherencia ante una realidad que ha convertido nuestra vocación en una condena.

Para entender la situación, imagine esta escena: un letrado o letrada con más de una década de experiencia y formación especializada recibe una designación de oficio para una macrocausa. Por delante le esperan años de trabajo, un sumario que puede estar entre 25.000 y 700.000 folios, decenas de investigados y una vista oral que se prolongará durante meses, exigiendo una dedicación exclusiva, con desplazamientos a la sede de San Fernando de Henares y los costes que ello implica.

La Radiografía de la Precariedad: Cifras que Hablan por Sí Solas

Cuando explicamos nuestra retribución, la incredulidad es la respuesta habitual. Pero las cifras son oficiales y desoladoras. A pesar de la reciente actualización de baremos del Ministerio de Justicia en marzo de 2025, que supuso una subida del 8%, la compensación sigue siendo insostenible, los datos en términos brutos son los siguientes:

  • Procedimiento penal general: 366,76 €.
  • Procedimiento de especial complejidad (Audiencia Nacional): 408,24 € brutos.
  • Por cada mil folios adicionales: 24,20 €, es decir, 2,42 céntimos de euro por cada folio (menos de lo que cuesta fotocopiarlo)
  • Por cada día de vista a partir del segundo: 73,87 €.

Si hacemos un cálculo rápido de una macrocausa con 500.000 folios y 30 días de vista, tras años de dedicación casi exclusiva, podría generar una compensación que apenas supera los 2.000 euros. Esta cantidad no cubre ni remotamente los costes, el tiempo invertido ni la responsabilidad asumida.

La Paradoja: Máxima Exigencia, Mínima Compensación

El acceso al turno especial de la Audiencia Nacional es altamente restrictivo. Se nos exige superar cursos de formación específicos y acreditar un mínimo de diez años de ejercicio profesional activo. Somos, por tanto, profesionales con una cualificación contrastada, preparados para afrontar defensas de una enorme complejidad técnica y estratégica.

Esta exigencia de excelencia choca frontalmente con la precariedad de una compensación que no puede calificarse de otra forma que no sea simbólica.

El Punto de Inflexión: "Hemos Llegado al Límite"

La situación ha llegado a un punto de no retorno. En este mes de diciembre, la Asociación de Letrados por un Turno de Oficio Digno (ALTODO), de cuya Junta Directiva formo parte, y el Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid (ICAM) anunciamos la renuncia masiva al turno especial.

Como bien señaló nuestro Decano, Eugenio Ribón: "El Turno de Oficio no es voluntariado jurídico; es un pilar del Estado de Derecho. Si queremos que la ciudadanía crea en la justicia gratuita, debemos garantizar que los profesionales que la sostienen puedan vivir de su trabajo en condiciones dignas".

Desde ALTODO, nuestra Presidenta, África Calleja ya manifestó que: "No se puede sostener un servicio público esencial sobre el sacrificio económico y personal de quienes lo prestan. Defender a quien no tiene recursos no puede significar trabajar gratis", pues muchas actuaciones como extradiciones u ordenes europeas de detención y entrega, quedan sin retribuir porque muchos expedientes de justicia gratuita terminan archivados por cuestiones administrativas ajenas al letrado, quien debe continuar con la defensa.

El derecho constitucional de defensa debe ser garantizado por el Estado, que debe asumir el coste y subrogarse en el crédito, abonando en todo caso al letrado su retribución y reclamando al justiciable lo que corresponda. El estado dispone de los medios para ejecutar el cobro; imponer al letrado la obligación de promover una jura de cuentas constituye una carga impropia que, en la mayoría de casos resulta ineficaz por la insolvencia del justiciable.

Como ya se recoge en el manifiesto de ALTODO, “el antiguo abogado de pobres se ha convertido en el pobre abogado de la actualidad”. Esta frase, tan contundente, como real, resume la paradoja que vivimos quienes garantizamos el derecho fundamental a la defensa para los más vulnerables, lo hacemos en contraprestación de una precaria retribución / indemnización. Un sistema que debería proteger la igualdad ante la ley no puede sostenerse sobre la desigualdad profesional de quienes lo hacen posible. Es inconcebible un turno altamente cualificado a cambio de una retribución simbólica.

Esta renuncia masiva es una alerta roja que compromete directamente el derecho fundamental a la defensa, la seguridad jurídica y la credibilidad misma del Estado de Derecho.

Un Adiós Coherente, una Lucha que Continúa

Mi baja voluntaria es el cierre de una etapa que ha marcado mi vida profesional. Cada guardia, cada macrocausa y cada defensa han estado guiadas por la convicción de que la justicia gratuita es la garantía última de igualdad ante la ley.

Pero hoy, esa misma vocación se ha vuelto insostenible. La excelencia profesional no puede pagarse con migajas. Defender derechos fundamentales no puede significar la condena personal, despojando de valor la esencia y dignidad de nuestra profesión.

Me despido con la esperanza de que este gesto, compartido por tantos compañeros y compañeras, sirva para abrir los ojos a quienes tienen la responsabilidad de garantizar un sistema justo. No abandono la profesión ni la pasión por el Derecho. Abandono un modelo que nos ha llevado al límite. Y lo hago con la misma firmeza con la que he defendido cada causa: por justicia, por dignidad y por el futuro.