JUC


Los que tenemos una cierta edad y deambulábamos por la antigua Magistratura del Trabajo de Barcelona, convertida años más tarde en Juzgados de lo Social y dentro de no mucho en Tribunales de no sé muy bien el qué, seguramente sabréis a qué quiero referirme cuando digo esto del espíritu de la Ronda Sant Pere. De hecho, este término lo acuñamos hace un par de días en un corrillo típico de espera otro veterano del oficio y yo mismo, aunque se ha ido gestando tras otros tantos corrillos con otros tantos veteranos que aún sobreviven.

En aquellos gloriosos tiempos, los que nos dedicábamos a esto del Laboral y Seguridad Social, nos conocíamos casi todos. Bastaba un simple apretón de manos o una palabra para cerrar tratos y pactos por importes astronómicos. Avisábamos al contrario cuando íbamos a alegarle caducidad, nos saludábamos antes de empezar el juicio y luego al terminar… y un larguísimo etcétera sustentado siempre en las buenas maneras, el respeto al contrario, la lealtad y confianza entre nosotros y también, que no es nada menor, manteniendo muy buenas relaciones con la judicatura, los funcionarios y cuantas personas andaban por allí. Eran otros tiempos. Cada día conseguíamos el milagro de salir de allí pudiendo volver al día siguiente e ir a tomarnos un café con aquel compañero que fue nuestro contrario el día anterior. Y si nos peleábamos era por discutir quien lo tenía que pagar.

Este discurso viene a cuento porque el otro día, tras el corrillo este en que decidimos llamar a esto el espíritu de la Ronda Sant Pere, celebré un juicio con un Magistrado recién incorporado. Al terminar, me sorprendió al decirme que era seguidor mío en Linkedin, haciendo también algunas referencias a su padre, malogradamente fallecido ya. El padre de SSª fue uno de los mejores embajadores del espíritu de la Ronda Sant Pere. Magnífico abogado laboralista y sobre todo, una gran persona y excelente compañero. Con toda seguridad, si SSª me había reconocido, era, como luego me confirmó, porque su padre le había hablado muy bien de mi. Por unos instantes, me sentí transportado a la Ronda Sant Pere. Me deshice en elogios hacia la figura de mi antiguo compañero, que los merecía sobradamente, y charlamos un rato de lo humano y lo divino. Fue un momento particularmente grato y constructivo.

Desde este modesto post, desear a SSª una buena andadura en su nuevo reto profesional. Si tiene incorporado en el ADN aquel espíritu de la Ronda Sant Pere, que todo apunta a que sí, será un excelente Juez y sin duda, un joven embajador de lo que siempre tuvo que ser la practica forense, esa que hoy empieza a hacer aguas por todas partes.