JUC


Conste que fui uno de los primeros en alzar la voz, cuando la Sala de lo Social del Tribunal Supremo nos limitó los recursos de casación a una extensión de 25 Folios. Aun así, admito que solo en una ocasión llegué a emplear los 25 folios y, curiosamente, nunca he pasado de allí, con o sin prohibiciones y/o limitaciones. Pues resulta que ayer me tocó impugnar un recurso de suplicación de nada menos que 62 páginas. Creo que en lo que a mi experiencia práctica respecta, tiene el dudoso honor de ser el record mundial en extensión, aunque dudo si en otro caso épico se llegó a superar. Pero es que en aquél asunto la sentencia tenía 43 páginas… y en éste sólo 6. Juraría que no hay color.

La materia, tampoco era nada del otro jueves: Una determinación de contingencia corriente y moliente. Pues nada, a impugnar como un campeón, que no va a ser nada. Para que os hagáis una idea de como terminé, os transcribo el último párrafo de mi escrito de impugnación: “…Por último y ya por haber conseguido el contrario, el agotamiento del letrado firmante, omitimos formular alegación alguna respecto de la infracción del principio de proporcionalidad y gradualidad en la valoración de la prueba gratuitamente denunciado, así como respecto de unas conclusiones que solo cabe calificar de reiteración cansina de cuanto ya se había planteado con anterioridad. Parece pues evidente que el recurso y a pesar de su desmesurada extensión, deberá ser íntegramente desestimado…”. Confieso que he despachado la impugnación en solo 6 páginas y que, salvo en las cuestiones mencionadas en el último párrafo, he podido contestar y argumentar sobre todo lo demás: Tres revisiones de hechos probados de los seis que tenía la sentencia, ocho propuestas de adición de nuevos hechos y denuncia de infracción a otros seis preceptos legales de la Ley General de la Seguridad Social, de la Reguladora de la Jurisdicción Social, de la Ley de Enjuiciamiento Civil y por supuesto, de la Constitución... y porque no se le han ocurrido más. Imposible contar las citas jurisprudenciales y, ojo que nada de copia – pega, aunque si me ha dado la impresión que el contrario ha “tirado” de la IA. Tanta cita jurisprudencial no cabe en la mente de un ser humano normal.

No sé…, creo que pasarse de frenada de este modo, desacredita a quien lo hace. Por esto, mi último párrafo, veladamente – o no tanto – intenta buscar la solidaridad de la Sala del Tribunal Superior, que tanto o más que yo va a acabar – es fácil deducirlo - hasta salva sea la parte del recurso y del pelmazo colega.