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Los sistemas de conducción autónoma han llegado para quedarse y, con ellos, una pregunta inquietante cuando ocurre una tragedia: si un coche “se conduce solo” y provoca un atropello mortal, ¿quién se sienta en el banquillo de los acusados en un procedimiento penal, el conductor humano o el fabricante del vehículo y su tecnología? Esta duda no es solo teórica: ya existen casos reales de vehículos con piloto automático implicados en muertes de peatones, y la respuesta que dé la justicia marcará el futuro de la responsabilidad penal en los accidentes de tráfico.

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