Virginia Domingo de la Fuente
“El delegado de medio ambiente convoca a los medios de comunicación para mostrar cómo trabajan seis jóvenes a los que han pillado haciendo pintadas. La cuadrilla se baja de una furgoneta blanca en la Plaza Juan Muñoz. Sus uniformes recuerdan a los EPI que se vieron durante la pandemia”.
Esta es una de las muchas noticias que se han visto en prensa sobre cómo el Ayuntamiento de Madrid permite a los grafiteros cambiar multas limpiando paredes. He llegado a visionar videos donde se exponen a estas personas y se les presenta en público antes de iniciar su tarea. Casi como una operación de marketing, el delegado de medio ambiente habla de las bondades de este sistema.
Si uno lee entre líneas puede pensar que es una medida alternativa, educativa y pedagógica. Incluso yendo un poco más allá a primera vista podríamos pensar en una forma de reparar el daño y de generar espacios restaurativos de responsabilización. Sin embargo no es oro todo lo que reluce y algo que podría ser realmente interesante para abordar estos daños que se causan de forma general en todas las ciudades, se ha quedado a medio camino entre un castigo muy visual o una especie de escarnio público.
EL CASO DEL QUE HABLAMOS NI ES RESTAURATIVO NI EDUCATIVO O CONSTRUCTIVO
Me gustaría reflexionar sobre cómo estas acciones aunque puedan resultar muy impactantes no tienen un enfoque restaurativo ni pueden considerarse una forma de reparar el daño. En primer lugar no deja de ser una medida no voluntaria porque la opción es pagar altas multas o ayudar a limpiar grafitis. Muchas personas pensarán pero pueden elegir, si es cierto, pero la elección en este caso se ve forzada ante la otra alternativa que es mucho más gravosa para ellos. Por otro lado, no entiendo que excluyan a reincidentes, puesto que si se considera una medida educativa y pedagógica incluirles podría marcar la diferencia a la hora de reducir el número de grafitis.
Además la forma de hacerlo público deja mucho que desear ya que si fuera una medida tomada de forma voluntaria por los grafiteros no debería mostrarse a estos chicos como un trofeo por parte del político de turno. Una vez más está primando el marketing que el verdadero objetivo que no es otro que las personas ofensoras entiendan el daño causado y se comprometan a mitigarlo, en este caso limpiando otros grafitis.
La publicidad, lo solemne del evento, convocando a la prensa y eligiendo a 6 chicos para mostrarlos públicamente parece una forma de castigo público y una llamada de atención a otros posibles grafiteros. No creo que fuera necesario mostrar públicamente a las personas que se han comprometido a limpiar las paredes al menos no en un acto con periodistas, tan poco creo que sea algo educativo ya que se les está avergonzando públicamente, más bien como leí el otro día en un blog de criminólogos esto parece un escarnio público.
Precisamente la justicia restaurativa lo que haces es gestionar la vergüenza estigmatizante que se suele producir cuando la persona ofensora causa un daño y la transforma en vergüenza reintegrativa. Es decir, partimos de que las personas no somos perfectos y podemos cometer errores. Tan solo nuestra obligación es responsabilizarnos y crear planes para aminorar el daño causado. En este caso, lo que se está mostrando al publico son personas castigadas por causar daños en lugares públicos y se está “vendiendo” a la prensa como un éxito de las políticas públicas. Todo esto se podría haber hecho sin esta parafernalia, sin la necesidad de que un político aparezca vendiendo el logro que supone este trabajo en beneficio de la comunidad y sobre todo sin exponer a las personas ofensoras a los ojos de la sociedad en general. Es cierto que pueden haber prestado su consentimiento, pero me pregunto hasta que punto este posible consentimiento no está viciado por el objetivo de librarse de la multa. Los trabajos en beneficio de la comunidad son una medida de sanción alternativa a la privativa de libertad u otras sanciones , es decir tiene el enfoque punitivo, y aunque es teóricamente voluntario, sí es cierto que se plantea como alternativa por tanto muchas personas ofensoras decidirán realizar estos trabajos de una forma cuasi obligatoria al tener la otra opción mucho más gravosa para ellos. Muchos acuerdos tras un proceso restaurativo conllevan una prestación del victimario para con la comunidad (si no hay víctima concreta o si la víctima no quiere nada para sí) que son verdaderos trabajos en beneficio de la comunidad. La diferencia es que, a través de un proceso restaurativo, estos trabajos se realizan de forma totalmente voluntaria por el infractor, como parte de un acuerdo para compensar el daño ocasionado, mientras que estos trabajos de la justicia tradicional son una opción que da el tribunal para cumplir con el reproche penal que lleva aparejada la acción realizada
Además de ser un cauce para cumplir el acuerdo alcanzado en un proceso restaurativo la actividad en beneficio de la comunidad pueden ser ordenada por una autoridad y tener un enfoque restaurativo, es más pueden suponer una forma de que las personas ofensoras reparen el daño causado y de esta manera puedan mostrar una actitud activa y constructiva. Sin embargo, para muchas personas implica un castigo similar a cualquier otra pena incluso la pena privativa de libertad. ¿Por qué para muchas personas es un castigo? Porque no deja de ser una prestación cuya voluntariedad deja mucho que desear para compensar un supuesto daño causado. A la persona ofensora no se le prepara, no se le hace reflexionar sobre por qué realizar esta actividad , en el caso con el que hemos comenzado simplemente se les dice o esto o una multa cuya cuantía es muy alta. Pero además se cita a la prensa y se les exhibe como un trofeo o un logro del sistema, en estas condiciones lo lógico y lo más normal es que se sientan castigados y estigmatizados.
ENFOQUE RESTAURATIVO PARA LOS TRABAJOS EN BENEFICIO DE LA COMUNIDAD
Uno de los objetivos de la justicia restaurativa es proporcionar espacios para que las personas entiendan el impacto de sus acciones, reflexionen sobre los daños y decidan mitigar o compensarlo. En todos los casos se escucha a las víctimas, cuáles son sus necesidades para sentirse reparadas o compensadas. Si el delito no tuviera una víctima determinada sino que fuera la comunidad en su conjunto o si la víctima entiende que no quiere nada para sentirse reparada, estos actos de responsabilización y reparación se pueden dar a la sociedad. Se trataría de devolver algo bueno por lo malo que se hizo. Aquí es donde entraría la posibilidad de configurar como he dicho el enfoque restaurativo de los trabajos en beneficio de la comunidad. Sin embargo para que sean restaurativos tienen que tener relación con el daño causado, que en este caso así es, tienen que ser voluntarios (aunque pueda parecerlo esta voluntariedad esta bastante limitada) y tiene que configurarse como una prestación socialmente constructiva. Es decir la persona ofensora tiene que poder reflexionar sobre el daño causado y entender que no debe volver a repetirlo. Si se les muestra en público de esta manera, como un éxito del sistema, se monta un espectáculo con eso lo que se va a conseguir es que las personas se sientan avergonzadas y estigmatizas y sobre todo no van a poder reflexionar sobre el daño. Más bien el contrario estaremos generando en ellos causas de justificación es común que piensen por ejemplo, que los daños no eran para tanto, que los que están vendiendo este espectáculo seguro hicieron cosas peores en su día… es decir, si no tienen un enfoque claro de justicia restaurativa estamos generando personas que realizan la actividad pero sin proceso de reflexión o cuestionamiento de lo realizado, y sin sentir culpa más bien pensando que la próxima vez no le van a “pillar”.
Hubiera sido tan sencillo como ofrecerlos realizar este trabajo, sin prensa y luego si el político de turno quiere darse publicidad pues que se la de el sin mostrar como trofeos a los jóvenes. Y si alguno hubiera querido participar pues sería su voluntad pero lejos de las miradas de los focos y lejos de los disfraces con los que estaban limpiando los grafitis.
Es más este trabajo puede ser parte una intervención restaurativa más amplia en la que se escuche a estos chicos, su historia, se trabaje su responsabilización pero también se busque como reparar el daño de otra manera. Otra forma de reparar el daño es buscar como pueden aportar a la comunidad para que funcione mejor. Si las relaciones fuertes son las que verdaderamente disuaden de cometer delitos, más que castigo deberíamos pensar cómo fomentar la conexión de las personas que dañan con la comunidad, para ello dejamos de centrarnos en lo malo que hicieron y buscamos qué pueden aportar a la comunidad, qué cosas buenas pueden hacer. Y un ejemplo sería buscar que con su talento puedan decorar lugares específicos de la ciudad, ellos podrían expresarse y la comunidad se ve favorecida por una actividad positiva, constructiva y que demuestra que quieren ser parte de ella. Las reparaciones creativas deberían primar en algunos casos de justicia restaurativa.
Es cierto que en esta noticia no se ha hablado de justicia restaurativa ni mucho menos pero en un mundo en el que está de moda esta justicia, se está perdiendo todos los días oportunidades para trabajar no solo prácticas restaurativas concretas sino realizar políticas públicas restaurativas que favorezcan no solo la reparación sino el fortalecimiento y la construcción de comunidad
CONCLUSIONES
La noticia no habla de justicia restaurativa lo cual es perfecto porque como he comentado los trabajos en beneficio de la comunidad per se no son restaurativos. Pero es cierto que si no hablamos de justicia restaurativa, si estamos buscando una actividad pedagógica que genere en las personas un sentimiento de hacer lo correcto. Sin embargo, la forma en que se ha dado publicidad a lo que están haciendo, el espectáculo mediático en torno al hecho de que grafiteros estén limpiando grafitis no favorece el aspecto educativo y preventivo. Cuando se lee las noticias de algunos periódicos y los comentarios de estos chicos más bien parece un acto público de avergonzamiento, un castigo puro y duro como si quisieran decir a posibles grafiteros vuestras opciones son escarnio público o multa. Sin duda, bajo la apariencia de una actividad constructiva están castigando a las personas y están dando un mensaje a otras personas, el que la hace la paga de una u otra manera. Entiendo el afán de los gobernantes de vender sus políticas pero realmente no es algo que pueda realmente marcar la diferencia para los que causan daño.
Por otro lado, se ha perdido la oportunidad de buscar el enfoque restaurativo de esta medida porque algunos aspectos ya lo tenían, qué diferente sería si las políticas de este tipo estuvieran enfocadas en la justicia restaurativa pero no solo como prácticas concretas, talleres o procesos. Se trataría de políticas publicas que tengan los principios y valores restaurativos como eje y busquen diferentes intervenciones para reparar pero también prevenir los daños a la vez que fortalecemos a la comunidad. Porque con estas premisas el sentimiento de pertenecer a la comunidad podrá favorecer que los ofensores decidan no volver a dañar a la sociedad de la que se sienten parte.