El arte de reconstruir: La justicia que nace del ciudadano
Por Adriana Soria. Especialista en MARCs, Investigadora, Doctoranda en Humanidades con orientación en Derecho- Facultad de Filosofía y Letras- UNT
El año 2026 nos ha puesto frente a un espejo incómodo. Mientras el orden internacional que creíamos inamovible muestra sus remiendos y las convenciones que nos protegían parecen diluirse en la incertidumbre, una palabra empieza a colonizar el discurso público: miedo.
Sin embargo, el miedo tiene un antídoto que no se encuentra en los grandes despachos globales, sino en la capacidad humana de volver a mirarse a los ojos. En tiempos de crisis sistémica, la verdadera revolución no es el castigo, sino la restauración de los vínculos.
Recuperar el poder de decidir
Durante décadas, hemos delegado nuestra capacidad de resolver conflictos en terceros. Hemos creído que la justicia es un edificio al que se va a buscar una solución y recibimos una sentencia, cuando en realidad, la justicia debería ser un proceso que nos devuelva la paz.
Hoy, más que nunca, es imperativo empoderar al ciudadano. No somos sujetos pasivos de un expediente; somos arquitectos/ diseñadores de nuestras propias soluciones. Gestionar una crisis no es esperar a que un juez decida quién gana y quién pierde, sino recuperar la confianza en nuestras propias alternativas. El acuerdo no es una renuncia; es un acto de soberanía personal.
El Estado como puente, no como muro
En este nuevo paradigma, el rol del Estado debe transformarse. La justicia judicial debe ser la última ratio, el último refugio cuando todo lo demás ha fallado. Antes de eso, el Estado tiene el deber de proponer un diálogo, un espacio administrativo diseñado para la escucha, no para el litigio.
Transitar del "Derecho de confrontación" al "Derecho colaborativo", implica entender que el conflicto es una oportunidad de aprendizaje social. Cuando las partes se sientan a dialogar bajo metodologías de gestión estratégica, no solo están resolviendo un problema puntual; están reparando el tejido social que la incertidumbre global intenta desgarrar.
De la sentencia a la solución
La justicia con rigor científico y perspectiva de género nos enseña que las heridas no se cierran con un sello oficial, sino con la reparación del daño y la validación del otro. En plena era digital, donde la violencia puede ser invisible pero devastadora, la respuesta ágil y humana es la única forma de tutela judicial efectiva.
Si el orden mundial se desmorona, que nos encuentre construyendo islas de certidumbre. Que la respuesta al miedo sea la creación de consensos. Porque cuando el ciudadano confía en su capacidad de acordar, deja de ser una víctima de las circunstancias para convertirse en el protagonista de su propia paz.
