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Los datos (estadísticas de Instituciones Penitenciarias), nos indican que en España los reclusos con tuberculosis representan un porcentaje muy alto. Además, los reclusos que tienen TB son generalmente usuarios o ex_usuarios de drogas por vía intravenosa y están infectados por VIH. Parece que los programas implantados en centros penitenciarios en España en los últimos años han logrado que los reclusos estén informados de los síntomas, prevención, tratamiento. Por poner un ejemplo de cuantificación, en 2008 se detectaron 134 casos de los que el 94% de casos de TB eran hombres siendo la tasa por cada 1000 internos de 2.2 (datos de “ Programa de prevención y control de la TB en el medio penitenciario “ 3ª edc 2011 ).

Fuentes

En el Manual para Directores de Programas de la OMS publicado denominado “El control de la tuberculosis en prisiones” nos da las claves sobre la dolencia: es una enfermedad infecciosa trasmisible por vía aérea, es más frecuente en prisión que en la población general, su propagación se ve favorecida por el retraso en el diagnóstico y tratamiento así como en las condiciones de vida de los centros penitenciarios, que la infección por VIH-1 incrementa la probabilidad de desarrollar tuberculosis activa, reducir las tasas de encarcelamiento mejora el control de la tuberculosis y la salud en general de las prisiones.
 
En España en el “Documento de Consenso para el Control de la TB en las prisiones españolas” editado por la Sociedad Española de Sanidad Penitenciaria nos indica que el tratamiento antituberculoso tiene como objetivo la curación completa así como la prevención del desarrollo de resistencias a los fármacos. Nos encontramos con el problema de la incorrecta cumplimentación del tratamiento que puede inducir al desarrollo de resistencia a los fármacos convirtiéndola así en una enfermedad incurable. En los centros penitenciarios el riesgo de trasmisión es muy alto por lo que el control de tratamiento, el uso correcto de los fármacos así como sus pautas debe ser extremo.
 
Asimismo nos encontramos con problemas cuando coexisten otras dolencias muy comunes en centros penitenciarios: VIH, los que están siendo ya tratados con metadona, los que tienen tuberculosis extrapulmonar, los que tienen hepatopatía… Otra de las cuestiones es el correcto desarrollo del programa DOTS (OMS) compuesto por las siguientes estrategias: soporte político del programa, diagnóstico microbiológico de todos los pacientes sintomáticos, tratamientos directamente observados al menos durante 6 meses, suministro de fármacos, protocolo de datos que incluya el tratamiento.
 
También están diseñadas una serie de acciones para prevenir la trasmisión: aislamiento respiratorio, protección del personal…Cuando se ingresa en el centro penitenciario las estrategias que se consideran son: cribado al ingreso en prisión (prueba de la tuberculina , sospecha en consulta a demanda, búsqueda activa entre la población interna. Se han elaborado una serie de recomendaciones para centros penitenciarios: motivar a los profesionales sanitarios para que instruyan a internos con TB ( trasmisión, síntomas, prevención, tratamiento ), tener en todo centro penitenciario estrategias de promoción de la salud, fomentar la creación de espacios saludables ( mejorar condiciones higiénicas, sanitarias y entorno social ) , la mediación de salud…

Panorama actual

El problema más importante con el que nos encontramos es cuando los reclusos quedan en libertad dado que se pierde muchas veces el seguimiento en relación a la TB. Al salir dejan de ingerir el tratamiento, así como de continuar los controles necesarios. Cierto que, cuando salen en libertad, se les dispensa las dosis suficientes de tratamiento para que sigan medicándose hasta que les asistan en la sanidad externa. Pero esto no es suficiente dado que los datos arrojan porcentajes de abandono del tratamiento en situación de libertad.
 
Otra cuestión a resolver, son los continuos cambios de centros penitenciarios a los que se somete a los reclusos, que hace que pierdan interés en los tratamientos al cambiar el equipo de profesionales que les atienden, así como el sistema derivado de la pertenencia a una Comunidad Autónoma o a otra.
 
Asimismo, existe un problema de derechos fundamentales como el derecho a la intimidad de la persona. Estos infectados, en un medio tan pequeño como es un centro penitenciario, son personas que se sienten discriminadas por estar afectados, por esta enfermedad además de por otras como VIH, Hepatitis C, etc. Esto les hace vulnerables, perder poder entre el grupo que cohabita, que les aísla porque pueden ser contagiosos, pierden contacto con el resto de reclusos y ese miedo y soledad les hace padecer enfermedades mentales como la depresión. Habría que modificar los sistemas de dispensación de fármacos en común o los controles de TB para evitar que se vulnere su intimidad y sufran el rechazo del resto de compañeros al sentir que pueden ser contagiados una vez conocen que está infectado.
 
Nos encontramos también con un embrollo judicial y burocrático importante cuando se les concede la libertad condicional, suponiendo su salida de prisión un riesgo para la salud, tanto para el recluso, como para la salud pública en general. En estos casos debe acudirse al JVP o al Juzgado de Guardia si es un caso urgente, en el caso concreto de que esa persona no dé el consentimiento para ser ingresado en un hospital  resolver una medida de ingreso involuntario) . Si la excarcelación es definitiva, se sigue el mismo procedimiento, dando además, cuenta de su situación de riesgo para la salud a las autoridades sanitarias de la Comunidad Autónoma.
 
Por último, para cerrar este breve elenco de problemas con los infectados por TB que están o salen de prisión, comentar que la financiación para la prevención y tratamiento para este colectivo no es suficiente y debieran aportarse mayores cantidades a estas partidas dado que estamos hablando de un problema de salud pública dado el alto grado de contagio de la dolencia.



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