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u hija tiene 13 años y un móvil. Cada noche, antes de dormir, alguien le escribe. Usted no lo sabe. Eso es exactamente lo que cuenta la mayoría de las familias cuando llegan a una consulta penal.

¿Qué está pasando realmente?

Imagine que su hija de 13 años lleva semanas hablando con un «amigo» en Instagram. Ese «amigo» le dice que le entiende mejor que nadie, que sus padres no le comprenden, y poco a poco le pide fotos. Al principio inocentes. Luego no tanto. Cuando los padres descubren los mensajes, ya han pasado tres meses y muchas veces no saben reaccionar.

Esto no es un caso excepcional. Es el patrón más habitual de lo que se llama child grooming: la seducción online de menores con fines sexuales. Y ocurre en todas las familias, en todos los barrios, con todo tipo de dispositivos. No hay distinción de estratos sociales.

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