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Si hay una película que encapsula la esencia del sistema de justicia, la presunción de inocencia y el poder del debate, esa es sin duda «Doce hombres sin piedad» (12 Angry Men). Dirigida por Sidney Lumet en 1957, esta obra maestra del cine es un estudio psicológico y jurídico de la deliberación de un jurado, un recordatorio vital de por qué el proceso es tan importante como el veredicto.

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