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Ser parado en un control de tráfico y enfrentarse a un test de alcohol o drogas suele generar nervios y muchas dudas. Una de las preguntas más habituales es si compensa negarse a soplar para evitar un posible positivo. La respuesta jurídica es clara: la negativa a realizar la prueba no solo no “salva” la situación, sino que constituye un delito específico con penas propias, habitualmente más graves que las del propio positivo en alcoholemia.

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