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La distinción entre conflicto relacional y violencia constituye uno de los puntos más importantes (y al mismo tiempo más difíciles) dentro de la evaluación psicológica forense de relaciones interpersonales. En muchos procedimientos, especialmente aquellos relacionados con violencia de género o conflictos de pareja, existe el riesgo de interpretar dinámicas altamente conflictivas como equivalentes a dinámicas violentas sin delimitar adecuadamente ambos fenómenos.

Esta confusión suele aparecer porque ambos contextos pueden compartir ciertos elementos visibles: discusiones frecuentes, elevado malestar emocional, deterioro de la convivencia o reacciones intensas. Sin embargo, la presencia de estos factores no permite concluir automáticamente que exista una dinámica violenta estructurada.

Desde una perspectiva técnica, resulta fundamental diferenciar entre una relación caracterizada por conflicto y otra organizada alrededor de patrones de violencia o control persistente. La ausencia de esta diferenciación puede generar interpretaciones sobredimensionadas o simplificadas de la dinámica relacional.

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