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Vivimos en una cultura de la inmediatez, donde los límites entre la vida profesional y personal se han difuminado peligrosamente. El “solo es un momento”, “mando este correo y me voy” o los mensajes fuera de hora en Teams o WhatsApp se han convertido en la norma silenciosa de muchas organizaciones. Pero el tiempo de descanso no es negociable: es un derecho. Y garantizarlo no es solo una cuestión de bienestar, sino de cumplimiento legal y estrategia empresarial.

Aunque se trate como si de una obligación nueva se tratare, hace ya años que el ordenamiento jurídico reconoce el derecho a la desconexión digital, pero su aplicación práctica sigue siendo una asignatura pendiente en muchas empresas. ¿Cómo se garantiza? ¿Qué riesgos existen si no se respeta? ¿Y qué beneficios tiene para la compañía implementarlo correctamente?

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